miércoles, 30 de octubre de 2013
Entrevista en Que sea lo que el rock quiera (FM 89.1)
Entrevista en Que sea lo que el rock quiera (FM 89.1), a propósito del Buenos Aires Rojo Sangre.
jueves, 24 de octubre de 2013
Kick-Ass 2
Nota sobre Kick-Ass 2 en el Suple NO, de Página/12. Acá, la versión online.
Por Hernán Panessi
Algo está pasando. Pese a que Argentina
es una plaza importante para la nerdencia global, alguien puso el freno de mano
y Kick-Ass 2 estuvo a punto de abortar misión en las salas locales.
Inicialmente distribuida por UIP, la secuela de Kick-Ass iba a tener su
arribo en el mes de septiembre pero, en medio del raid promocional –si hasta
fue tapa de la Revista La Cosa-, la distribuidora suspendió su estreno.
Y desde la web, un convoy de cinéfilos se movió como una tromba e hizo sentir
su presencia. El anhelo era uno: que se estrene Kick-Ass 2 en nuestro
país. Village Cines escuchó el reclamo y compró los derechos de exhibición. Así
las cosas, se estrena el jueves 24 de octubre.
¿El motivo de aquella
tribulación? Los pocos espectadores que traccionó la primera parte: apenas unos
17.000. Por eso, desde UIP decidieron parar la mano. Se escuchó por ahí que
“los estándares para promocionarla eran muy caros”. No obstante, es éste un
caso curioso -de esos donde Internet mete la pata-, ya que Kick-Ass
logró muchos adeptos que la vieron por fuera del cine. Sí, a pura piratería. Y
que sea lo que sea.
Finalmente, Village se
hizo con Kick-Ass 2 y la estrenará en 8 complejos en formato digital. Y
se trata de un experimento de distribución, ya que no es habitual que se
exhiban películas de las denominadas tanques antes de las elecciones. Resulta
sabido que ese día –los domingos son de los denominados “fuertes” para la
taquilla- existe la posibilidad de que no abran los cines. En consecuencia,
podría sentir esquirlas de lo vivido aquel junio de 2010 y sus escasos
concurrentes.
Otras experiencias: el país vecino de
Colombia, por ejemplo, la tuvo una semana en cartel. Y según el sitio Box
Office Mojo, en Estados Unidos recaudó unos 13 millones de dólares en su primer
fin de semana. ¿La recaudación total? Más de 40 millones. Mientras tanto, ya
anunciaron la salida del blu-ray para el 17 de diciembre. Y en Argentina, el
desenlace fue curioso: el bullicio generado en Facebook y Twitter –en la red
social del pajarito hubo un trending topic que colaboró fuerte con la causa:
#KickAssEnCines- hizo que una cadena de cines adquiriera los derechos del film.
Y acá, en rigor de verdad, la demanda del público se hizo sentir.
Por estas pampas, hubo
otro anclaje pop respecto al caso Kick-Ass cuando, en 2007, el cineasta
Sebastián De Caro lanzó un cómic que respondía al nombre de Doméstico,
la historia de un chico común –con intenciones de levante y algunas otras de
justicia- que portaba un traje verde y amarillo. Y un año después, la dupla Mark Millar y John Romita
Jr. haría la historieta de Kick-Ass. “Me llamó Diego Greco, el
dibujante, y me dijo: ‘nos robaron’. ¿Quién nos va a robar esa idea que estaba
recontra hecha? ‘Mirá este trailer’, retrucó Greco. La primera vez que lo vi no
lo podía creer”, apunta De Caro. Y agrega: “Vi el traje y era igual; el pibe
era igual, caía en la basura, no tenía poderes”. ¿Operación conspiranoica o
sincronicidad cósmica? Como sea, no hubo juicios ni pasó a mayores. Pese a
ello, la duda del plagio persiste.
Otra de las arterias que
llevaron resonancia al kickassgate fueron sus ediciones locales en
papel. El sello Ovni Press lanzó con éxito Kick-Ass en una lujosa
edición de tapa dura. Y ahora, por su parte, sacó Hit-Girl, un puente
entre la primera y segunda parte de Kick-Ass, que también está a la
venta. “Los derechos de Kick-Ass son de Millar y Romita Jr. y, para su
publicación en Argentina, Marvel nos hizo de intermediario”, comenta Martín
Casanova, encargado de traer este material al país.
Y algo pasó: historietas, estrenos
comerciales, plagios, cibercomunidades que reclaman. La noticia, entonces,
apunta todos los cañones a una figura remarcada por la WWW: el público es el
que manda. Asimismo, las redes sociales manejan el pulso de la opinión pública
y, a las claras, influyen en ciertas decisiones comerciales. Por eso, ahora sí,
bien vale señalar que la premisa de “lo que tenga que ser, que sea; y lo que
no, por algo será” puede doblarse al punto de partirse... siempre y cuando haya
del otro lado una conexión y un humano con muchas ganas de expresarse.
viernes, 11 de octubre de 2013
Entrevista en Cultra a propósito del cine gore en Argentina
Me entrevistó Andrés Kilstein para la revista Cultra a propósito del cine gore en Argentina.
En Argentina la palabra obtuvo su deformación rioplatense:
aquí los adeptos de este género cinematográfico dicen, tal como se escribe,
Gore, pronunciando la E final. El Gore es una tradición proveniente de los
Estados Unidos, ligada a cierto goce del espectador por la truculencia, la
sangre, las tripas. Su desarrollo en nuestro país es paralelo al del festival
de cine de género Buenos Aires Rojo Sangre. La estética, que abarca tópicos
variados de zombies, mutantes, alienígenas, ha producido su pequeño nicho de
consumidores y productores. Este reducido círculo permitió la emergencia de
Gorevision y Videoflims, productora la primera, distribuidora la segunda, ambas
animadoras incuestionables de la escena fantástica local. “En Argentina la
posta la toman unos jóvenes de Haedo, quienes conforman la productora Farsa. Es
el primer atisbo del cine independiente de explotación en el país. Aunque
manejan una truculencia más desde lo pop, las vísceras en plan comedia” –
explica con un timbre cargado de brillo Hernán Panessi, un joven que, entre
muchas actividades, dirige la distribuidora Videofilms. Con este sello edita y
distribuye DVDs de películas fantásticas y de género, a lo largo de una red
vasta y federal con más de cuarenta puntos, principalmente tiendas de alquiler
de DVDs y locales de comics. “La distribuidora permitió juntar a realizadores
que andaban sueltos. Decanta naturalmente en un producto de nicho, pero, en el
videoclub termina exhibida una película Gore al mismo nivel que El
secreto de sus ojos”, explica Panessi.
Publicada en Revista Cultra
A través de
estos emprendimientos, el género en Argentina experimentó una notable
revitalización, acompañado por la vehemencia de sus fieles espectadores. “Se
presupone que los films Gore generan rechazo en el público, pero por el
contrario el resultado es la empatía”, asegura. Según el cinéfilo, el fenómeno
se refleja en el éxito del festival Buenos Aires Rojo Sangre, de cuya
organización participa. En 14 años de existencia (casi la misma trayectoria que
el BAFICI) no ha parado de crecer en programación y en público, para alcanzar
en su edición pasada los 20 mil espectadores.
Según
Panessi el Gore está en un buen momento empujado por un fenómeno más
amplio y quizá insólito: la aprobación de la que goza el cine fantástico
argentino entre el público e instituciones de fomento. El dato señala el pasaje
del Nuevo Cine Argentino, de un registro más bucólico y minimalista, a la
revitalización del cine de género. “En el Festival de Mar del Plata, el más
importante del país, hace 4 años que viene premiándose a este tipo de films.
Ganaron Pompeya de
Tamae Garateguy, Mi
Reino por un platillo volador, de Tetsuo Lumiere, Diablo de
Nicanor Loreti, Hermanos
de Sangre de
Daniel De la Vega. Como es un festival clase A marca el pulso, la prensa lo
refleja y el público dice: acá hay algo. El INCAA, por lo tanto, comenzó a
financiar estas películas”.
Gorevision
es una productora amiga de Videoflims, de realizaciones groseras y divertidas,
que surge a fines de la década de 1990. Su director, Germán Magariños, explica
que tiene en su haber quince películas de las cuales las más célebres son Sadomaster
I y II y Goretech:
Bienvenidos Al Planeta Hijo De Puta!. El mismo Panessi ha participado en la
última, una referencia a Robotech, a Star
Wars, a los juegos en 8 bit, a Rocky. El joven la caracteriza
como una película “apta para ningún público. Llena de pijas, de tripas, de
sinsentido”. Interrogado sobre si la actuación en este film involucró la puesta
en cámara de sus atributos sexuales, reconoce que su miembro viril fue
reemplazado por el de un negro para sumar al efecto. “Gorevision es un grupo
muy rockero, muy varón, y sus películas están llenas de pijas, cargadas de sexo
oral. Son películas tan gay que no son gay”, afirma Panessi, que también es
periodista.
Los films de
Gorevision han tenido pantalla en el exterior, tanto en festivales como en su
circulación en DVD en Estados Unidos. Magariños explica que en los primeros
años presentó películas para un festival mainstream como
el de Mar del Plata pero que no fueron aceptadas y ya no le interesa más
presentarlas.
Gorevision y
Videoflims están ahora con mucha actividad. La primera terminando una película
que remeda haber sido filmada en súper 8 hallada en un viejo archivo de
la década de 1960. Videofilms está abocada a la realización de Lucho’s
Big Adventure que
sinestar terminada ya se
perfila como la película nerd argentina de culto. Algo peculiar del proyecto:
reúne a Farsa, Videoflims, AB, Fomento y casi todas las productoras del
segmento. Panessi explica:
“Es así. En
el Gore todos somos amigos”
Publicada en Revista Cultra
Entrevista en el programa Catarsis por Radio Estación Sur
Entrevista en el programa Catarsis por Radio Estación Sur a propósito de VideoFlims y la autogestión.
jueves, 10 de octubre de 2013
Luciano Saracino
Entrevisté a Luciano Saracino en el Suple NO, de Página/12. Acá, la versión online.
| Por Hernán Panessi
En los caireles de la literatura, pero
sobre todo en el de las historietas, hay un concepto llamado “what if...?”. Es
decir: “Y si...” o “¿qué habría pasado si...?”, ucronías con las cuales se
suelen formular las premisas de la historia contrafáctica. Hordas de zombies
comiendo a Juan Díaz de Solís, el primer navegante español en llegar al Río de
la Plata. Sangre derramada, músculos cortándose, venas que expulsan chorros de
veneno. Ni viruela, ni fiebre amarilla: brotes de virus zombies en la historia
argentina. ¿Qué habría pasado sí...?, se lo preguntó el autor Luciano Saracino
en Argentina Zombie: Historia oculta de la patria, el what if...? que,
es probable, nunca se lea en los colegios.
“Si querés entender la
historia argentina desde este libro: estás mal”, dice Saracino. Es que su
último trabajo -¿autoeditado? No, ¡salió por Random House Mondadori!- tiene
anclaje en una fábula, pero también en lo verídico. (Por acá también jugó Gabo
Ferro con: Barbarie y civilización: Sangre, monstruos y vampiros durante el
segundo gobierno de Rosas.) “Me junté con historiadores. Lo que cuento es
todo real, pero trabajé de forma diferente el concepto del ‘otro’. Es como:
¿qué tiene que pasar para que Mauricio Macri entienda al cartonero”, arremete el
autor. Y es sabido que suele partirse de posiciones etnocéntricas para entender
la otredad. Los europeos, por ejemplo, acuñaron la idea del descubrimiento de
América para referise a su llegada al continente, negando desde el lenguaje la
existencia de otro. Y aquí, el zombie es el otro. “Una hermosa metáfora del
capitalismo”, dirá.
Un cielo azul, la
cordillera nevada. Un pecho abierto, una postura de titán y un coloso de capa y
espada. Como una novedosa forma de entrarle a la historia, Saracino también guinó
El General San Martín, vía el sello Ovni Press. Y en ese cómic, San
Martín era una suerte de superhéroe. “Un Superman”, corrige. Saracino: “¿Sabés
por qué no me gustaba la historia? Porque me la contaban para el ojete”. Es que
lo lúdico, también, puede resultar efectivo para una primera aproximación al
conocimiento de ciertos temas. A la sazón: la historia, con sus tiempos
lánguidos asociados a la escolaridad. Y ahí, Argentina Zombie: Historia oculta de la patria toma otra significación: la de un libro de historia
con un fuerte matiz ficcional.
¿Saracino es joven? Sí,
tiene 35 años. ¿Recién comienza su carrera? No, empezó en su adolescencia a
escribir revistas de cumbia –la Voces Musicales- y hoy tiene unos 55
libros editados en todo el mundo. Desde poesía hasta crónica periodística,
pasando por novelas e historietas para adultos. Sin embargo, lo que más reluce
en su universo son libros para chicos. “Paso catorce horas por día escribiendo.
Si me preguntás si esto lo planeé, te digo que no. Salió así”, señala. Además,
en la actualidad, escribe ¡4! series en simultáneo para Paka-Paka. Confirmado:
no para.
Viajes por el mundo
–charlas y presentaciones-, una agenda apretadísima –reuniones aquí y allá; ¿la
última? Con Billiken- y una capacidad de producción inagotable –“me inspira
casi todo: salir a la calle, viajar en transporte público, todo”- hicieron de
Luciano Saracino uno de los autores más en boga del país. Incursionó en TV
abierta –guionó Germán, últimas viñetas, emitida por Canal 7- y ahora
hará cine: “Escribí Necronomicón, una de terror a partir de una historia
que vincula a H.P. Lovecraft, con Borges y la Biblioteca Nacional”. Y en el
fragor de su producción –no hace falta ningún what if...? para esperarlo-, es
muy probable que cuando estos caracteres se conviertan en tinta, sus libros ya
sean 56, 57, 58 o 1000.
domingo, 6 de octubre de 2013
Texto para los 18 años de La Nave de los Sueños
Texto para los 18 años de La Nave de los Sueños. ¡Feliz cumple, genios!
Me pasa algo con Gabriel Patrono y La Nave de los Sueños. Creo, es admiración. Es que provengo de los márgenes. Y éstos –Gabi, La Nave y los márgenes-, me simpatizan. Mucho, fuerte. Mi primera aproximación a La Nave se dio hace, más o menos, unos ocho años. Yo estaba con una novia de acá para allá. Éramos inquietos y, en consecuencia, curtíamos todos los eventos que había en el momento: recitales, festivales de cine, ciclos de poesía, museos, todo, todo, todo. Y como siempre fui fetichista de las cosas, un día tomé –vaya a saber de dónde- un catálogo de La Nave. Y lo conservé, sin saber qué era aquello ni para qué iba a guardarlo. Tiempo después, ya mucho más metido en los menesteres del Periodismo y la distribución de cine, apareció un vínculo real, físico. Y ese catálogo tuvo caras, movimiento, acción. Y escuché repetir un nombre como un mantra: “Gabi Patrono, Gabi Patrono, Gabi Patrono”. No sabía quién era ni qué hacía en La Nave, pero mis compañeros de VideoFlims –nuestro humilde sello de cine indie- hablaban de él como alguien necesario. Como una contraseña a pertenecer. Eso fue hace unos cuatro años. Entonces, podría decir que mi relación con La Nave es joven, pero no por eso menos intensa. Hicimos de todo juntos: charlas, presentaciones, textos, hasta alguna película fallida. Y, desde el primer día, algo no cambió: cada vez que piso alguna de sus funciones, me invade mucho más que admiración. Me contagian unas ganas imposibles de hacer cosas –pequeñas, megalómanas-, me transmiten una fe –en los márgenes, en los proyectos, en la amistad- que nunca pude volcar en palabras. Por eso conservo aquel catálogo, por eso ahora soy yo el que repite como mantra: “La Nave de los Sueños, La Nave de los Sueños, La Nave de los Sueños”. Sí, creo que es admiración. Y seguramente sea mucho más. En verdad, no lo sé bien. Es que el sentimiento –aquel de ser como ese noviecito inquieto- es intransferible. Como la mística. Esa que se tiene o no se tiene. Y La Nave, posee la molécula que contiene a todas las místicas. Y está dispuesta a prestarla a todo cosmonauta que quiera –como yo, como tantos otros- subirse a ella. A la mística, a La Nave. Que es una y somos todos. De aquí y para siempre.
Me pasa algo con Gabriel Patrono y La Nave de los Sueños. Creo, es admiración. Es que provengo de los márgenes. Y éstos –Gabi, La Nave y los márgenes-, me simpatizan. Mucho, fuerte. Mi primera aproximación a La Nave se dio hace, más o menos, unos ocho años. Yo estaba con una novia de acá para allá. Éramos inquietos y, en consecuencia, curtíamos todos los eventos que había en el momento: recitales, festivales de cine, ciclos de poesía, museos, todo, todo, todo. Y como siempre fui fetichista de las cosas, un día tomé –vaya a saber de dónde- un catálogo de La Nave. Y lo conservé, sin saber qué era aquello ni para qué iba a guardarlo. Tiempo después, ya mucho más metido en los menesteres del Periodismo y la distribución de cine, apareció un vínculo real, físico. Y ese catálogo tuvo caras, movimiento, acción. Y escuché repetir un nombre como un mantra: “Gabi Patrono, Gabi Patrono, Gabi Patrono”. No sabía quién era ni qué hacía en La Nave, pero mis compañeros de VideoFlims –nuestro humilde sello de cine indie- hablaban de él como alguien necesario. Como una contraseña a pertenecer. Eso fue hace unos cuatro años. Entonces, podría decir que mi relación con La Nave es joven, pero no por eso menos intensa. Hicimos de todo juntos: charlas, presentaciones, textos, hasta alguna película fallida. Y, desde el primer día, algo no cambió: cada vez que piso alguna de sus funciones, me invade mucho más que admiración. Me contagian unas ganas imposibles de hacer cosas –pequeñas, megalómanas-, me transmiten una fe –en los márgenes, en los proyectos, en la amistad- que nunca pude volcar en palabras. Por eso conservo aquel catálogo, por eso ahora soy yo el que repite como mantra: “La Nave de los Sueños, La Nave de los Sueños, La Nave de los Sueños”. Sí, creo que es admiración. Y seguramente sea mucho más. En verdad, no lo sé bien. Es que el sentimiento –aquel de ser como ese noviecito inquieto- es intransferible. Como la mística. Esa que se tiene o no se tiene. Y La Nave, posee la molécula que contiene a todas las místicas. Y está dispuesta a prestarla a todo cosmonauta que quiera –como yo, como tantos otros- subirse a ella. A la mística, a La Nave. Que es una y somos todos. De aquí y para siempre.
martes, 1 de octubre de 2013
Apareció El Sátiro, la primera película porno de la Historia
Hace años que quiero dar con El Sátiro, la piedra fundacional del cine porno mundial. ¿Su fecha de origen? Entre 1907 y 1912. Supe que allí había un fauno y algunas ninfas teniendo sexo al aire libre, a la vera de un río. Supe, también, del rumor que zumbaba a propósito de un coleccionista europeo que tenía una copia. Y que, en teoría, nunca quiso democratizar. Investigando, di con muchos testimonios de época que decían haberlo visto. Y la reconstrucción de la historia apunta con mil cañones a nuestro país. Sí, El Sátiro sería argentino. En el sitio Silent Era –portal que contiene información a propósito de la historia del cine silente- hay una imagen del supuesto cortometraje. Se ve, en efecto, al fauno. Por su parte, el sello norteamericano Something Weird Video, tal vez el más incisivo en esto de conseguir rarezas, encontró hace tiempo una supuesta copia de El Sátiro que incluyó en The History of Pornography, un compilado VHS con porno de época. Cristian Sema dio con esa copia y todo parece indicar que estamos ante una pieza fundamental del cine: nada más ni nada menos que el origen del porno mundial.
Este texto apareció originalmente en el blog de RaroVHS.
Este texto apareció originalmente en el blog de RaroVHS.