Entrevista en Cultra a propósito del cine gore en Argentina

Me entrevistó Andrés Kilstein para la revista Cultra a propósito del cine gore en Argentina.

En Argentina la palabra obtuvo su deformación rioplatense: aquí los adeptos de este género cinematográfico dicen, tal como se escribe, Gore, pronunciando la E final. El Gore es una tradición proveniente de los Estados Unidos, ligada a cierto goce del espectador por la truculencia, la sangre, las tripas. Su desarrollo en nuestro país es paralelo al del festival de cine de género Buenos Aires Rojo Sangre. La estética, que abarca tópicos variados de zombies, mutantes, alienígenas, ha producido su pequeño nicho de consumidores y productores. Este reducido círculo permitió la emergencia de Gorevision y Videoflims, productora la primera, distribuidora la segunda, ambas animadoras incuestionables de la escena fantástica local. “En Argentina la posta la toman unos jóvenes de Haedo, quienes conforman la productora Farsa. Es el primer atisbo del cine independiente de explotación en el país.  Aunque manejan una truculencia más desde lo pop, las vísceras en plan comedia” – explica con un timbre cargado de brillo Hernán Panessi, un joven que, entre muchas actividades, dirige la distribuidora Videofilms. Con este sello edita y distribuye DVDs de películas fantásticas y de género, a lo largo de una red vasta y federal con más de cuarenta puntos, principalmente tiendas de alquiler de DVDs y locales de comics. “La distribuidora permitió juntar a realizadores que andaban sueltos. Decanta naturalmente en un producto de nicho, pero, en el videoclub termina exhibida una película Gore al mismo nivel que El secreto de sus ojos”, explica Panessi.

A través de estos emprendimientos, el género en Argentina experimentó una notable revitalización, acompañado por la vehemencia de sus fieles espectadores. “Se presupone que los films Gore generan rechazo en el público, pero por el contrario el resultado es la empatía”, asegura. Según el cinéfilo, el fenómeno se refleja en el éxito del festival Buenos Aires Rojo Sangre, de cuya organización participa. En 14 años de existencia (casi la misma trayectoria que el BAFICI) no ha parado de crecer en programación y en público, para alcanzar en su edición pasada los 20 mil espectadores.

Según Panessi el Gore está en un buen momento empujado por un fenómeno más amplio y quizá insólito: la aprobación de la que goza el cine fantástico argentino entre el público e instituciones de fomento. El dato señala el pasaje del Nuevo Cine Argentino, de un registro más bucólico y minimalista, a la revitalización del cine de género. “En el Festival de Mar del Plata, el más importante del país, hace 4 años que viene premiándose a este tipo de films. Ganaron Pompeya de Tamae Garateguy, Mi Reino por un platillo volador, de Tetsuo Lumiere, Diablo de Nicanor Loreti, Hermanos de Sangre de Daniel De la Vega. Como es un festival clase A marca el pulso, la prensa lo refleja y el público dice: acá hay algo. El INCAA, por lo tanto, comenzó a financiar estas películas”.

Gorevision es una productora amiga de Videoflims, de realizaciones groseras y divertidas, que surge a fines de la década de 1990. Su director, Germán Magariños, explica que tiene en su haber quince películas de las cuales las más célebres son Sadomaster I y II y Goretech: Bienvenidos Al Planeta Hijo De Puta!. El mismo Panessi ha participado en la última, una referencia a Robotech, a Star Wars, a los juegos en 8 bit, a Rocky. El joven la caracteriza como una película “apta para ningún público. Llena de pijas, de tripas, de sinsentido”. Interrogado sobre si la actuación en este film involucró la puesta en cámara de sus atributos sexuales, reconoce que su miembro viril fue reemplazado por el de un negro para sumar al efecto. “Gorevision es un grupo muy rockero, muy varón, y sus películas están llenas de pijas, cargadas de sexo oral. Son películas tan gay que no son gay”, afirma Panessi, que también es periodista.

Los films de Gorevision han tenido pantalla en el exterior, tanto en festivales como en su circulación en DVD en Estados Unidos. Magariños explica que en los primeros años presentó películas para un festival mainstream como el de Mar del Plata pero que no fueron aceptadas y ya no le interesa más presentarlas.

Gorevision y Videoflims están ahora con mucha actividad. La primera terminando una película que remeda haber sido filmada en súper 8  hallada en un viejo archivo de la década de 1960. Videofilms está abocada a la realización de  Lucho’s Big Adventure que sinestar terminada ya se perfila como la película nerd argentina de culto. Algo peculiar del proyecto: reúne a Farsa, Videoflims, AB, Fomento y casi todas las productoras del segmento. Panessi explica:
“Es así. En el Gore todos somos amigos”

Publicada en Revista Cultra 

Entrevista en el programa Catarsis por Radio Estación Sur

Entrevista en el programa Catarsis por Radio Estación Sur a propósito de VideoFlims y la autogestión.

Luciano Saracino

Entrevisté a Luciano Saracino en el Suple NO, de Página/12. Acá, la versión online.

| Por Hernán Panessi

En los caireles de la literatura, pero sobre todo en el de las historietas, hay un concepto llamado “what if...?”. Es decir: “Y si...” o “¿qué habría pasado si...?”, ucronías con las cuales se suelen formular las premisas de la historia contrafáctica. Hordas de zombies comiendo a Juan Díaz de Solís, el primer navegante español en llegar al Río de la Plata. Sangre derramada, músculos cortándose, venas que expulsan chorros de veneno. Ni viruela, ni fiebre amarilla: brotes de virus zombies en la historia argentina. ¿Qué habría pasado sí...?, se lo preguntó el autor Luciano Saracino en Argentina Zombie: Historia oculta de la patria, el what if...? que, es probable, nunca se lea en los colegios.
                       
“Si querés entender la historia argentina desde este libro: estás mal”, dice Saracino. Es que su último trabajo -¿autoeditado? No, ¡salió por Random House Mondadori!- tiene anclaje en una fábula, pero también en lo verídico. (Por acá también jugó Gabo Ferro con: Barbarie y civilización: Sangre, monstruos y vampiros durante el segundo gobierno de Rosas.) “Me junté con historiadores. Lo que cuento es todo real, pero trabajé de forma diferente el concepto del ‘otro’. Es como: ¿qué tiene que pasar para que Mauricio Macri entienda al cartonero”, arremete el autor. Y es sabido que suele partirse de posiciones etnocéntricas para entender la otredad. Los europeos, por ejemplo, acuñaron la idea del descubrimiento de América para referise a su llegada al continente, negando desde el lenguaje la existencia de otro. Y aquí, el zombie es el otro. “Una hermosa metáfora del capitalismo”, dirá.

Un cielo azul, la cordillera nevada. Un pecho abierto, una postura de titán y un coloso de capa y espada. Como una novedosa forma de entrarle a la historia, Saracino también guinó El General San Martín, vía el sello Ovni Press. Y en ese cómic, San Martín era una suerte de superhéroe. “Un Superman”, corrige. Saracino: “¿Sabés por qué no me gustaba la historia? Porque me la contaban para el ojete”. Es que lo lúdico, también, puede resultar efectivo para una primera aproximación al conocimiento de ciertos temas. A la sazón: la historia, con sus tiempos lánguidos asociados a la escolaridad. Y ahí, Argentina Zombie: Historia oculta de la patria toma otra significación: la de un libro de historia con un fuerte matiz ficcional.

¿Saracino es joven? Sí, tiene 35 años. ¿Recién comienza su carrera? No, empezó en su adolescencia a escribir revistas de cumbia –la Voces Musicales- y hoy tiene unos 55 libros editados en todo el mundo. Desde poesía hasta crónica periodística, pasando por novelas e historietas para adultos. Sin embargo, lo que más reluce en su universo son libros para chicos. “Paso catorce horas por día escribiendo. Si me preguntás si esto lo planeé, te digo que no. Salió así”, señala. Además, en la actualidad, escribe ¡4! series en simultáneo para Paka-Paka. Confirmado: no para.


Viajes por el mundo –charlas y presentaciones-, una agenda apretadísima –reuniones aquí y allá; ¿la última? Con Billiken- y una capacidad de producción inagotable –“me inspira casi todo: salir a la calle, viajar en transporte público, todo”- hicieron de Luciano Saracino uno de los autores más en boga del país. Incursionó en TV abierta –guionó Germán, últimas viñetas, emitida por Canal 7- y ahora hará cine: “Escribí Necronomicón, una de terror a partir de una historia que vincula a H.P. Lovecraft, con Borges y la Biblioteca Nacional”. Y en el fragor de su producción –no hace falta ningún what if...? para esperarlo-, es muy probable que cuando estos caracteres se conviertan en tinta, sus libros ya sean 56, 57, 58 o 1000.

Texto para los 18 años de La Nave de los Sueños

Texto para los 18 años de La Nave de los Sueños. ¡Feliz cumple, genios!

Me pasa algo con Gabriel Patrono y La Nave de los Sueños. Creo, es admiración. Es que provengo de los márgenes. Y éstos –Gabi, La Nave y los márgenes-, me simpatizan. Mucho, fuerte. Mi primera aproximación a La Nave se dio hace, más o menos, unos ocho años. Yo estaba con una novia de acá para allá. Éramos inquietos y, en consecuencia, curtíamos todos los eventos que había en el momento: recitales, festivales de cine, ciclos de poesía, museos, todo, todo, todo. Y como siempre fui fetichista de las cosas, un día tomé –vaya a saber de dónde- un catálogo de La Nave. Y lo conservé, sin saber qué era aquello ni para qué iba a guardarlo. Tiempo después, ya mucho más metido en los menesteres del Periodismo y la distribución de cine, apareció un vínculo real, físico. Y ese catálogo tuvo caras, movimiento, acción. Y escuché repetir un nombre como un mantra: “Gabi Patrono, Gabi Patrono, Gabi Patrono”. No sabía quién era ni qué hacía en La Nave, pero mis compañeros de VideoFlims –nuestro humilde sello de cine indie- hablaban de él como alguien necesario. Como una contraseña a pertenecer. Eso fue hace unos cuatro años. Entonces, podría decir que mi relación con La Nave es joven, pero no por eso menos intensa. Hicimos de todo juntos: charlas, presentaciones, textos, hasta alguna película fallida. Y, desde el primer día, algo no cambió: cada vez que piso alguna de sus funciones, me invade mucho más que admiración. Me contagian unas ganas imposibles de hacer cosas –pequeñas, megalómanas-, me transmiten una fe –en los márgenes, en los proyectos, en la amistad- que nunca pude volcar en palabras. Por eso conservo aquel catálogo, por eso ahora soy yo el que repite como mantra: “La Nave de los Sueños, La Nave de los Sueños, La Nave de los Sueños”. Sí, creo que es admiración. Y seguramente sea mucho más. En verdad, no lo sé bien. Es que el sentimiento –aquel de ser como ese noviecito inquieto- es intransferible. Como la mística. Esa que se tiene o no se tiene. Y La Nave, posee la molécula que contiene a todas las místicas. Y está dispuesta a prestarla a todo cosmonauta que quiera –como yo, como tantos otros- subirse a ella. A la mística, a La Nave. Que es una y somos todos. De aquí y para siempre.

Apareció El Sátiro, la primera película porno de la Historia

Hace años que quiero dar con El Sátiro, la piedra fundacional del cine porno mundial. ¿Su fecha de origen? Entre 1907 y 1912. Supe que allí había un fauno y algunas ninfas teniendo sexo al aire libre, a la vera de un río. Supe, también, del rumor que zumbaba a propósito de un coleccionista europeo que tenía una copia. Y que, en teoría, nunca quiso democratizar. Investigando, di con muchos testimonios de época que decían haberlo visto. Y la reconstrucción de la historia apunta con mil cañones a nuestro país. Sí, El Sátiro sería argentino. En el sitio Silent Era –portal que contiene información a propósito de la historia del cine silente- hay una imagen del supuesto cortometraje. Se ve, en efecto, al fauno. Por su parte, el sello norteamericano Something Weird Video, tal vez el más incisivo en esto de conseguir rarezas, encontró hace tiempo una supuesta copia de El Sátiro que incluyó en The History of Pornography, un compilado VHS con porno de época. Cristian Sema dio con esa copia y todo parece indicar que estamos ante una pieza fundamental del cine: nada más ni nada menos que el origen del porno mundial.

 Este texto apareció originalmente en el blog de RaroVHS.

Dragon Ball Z: La Batalla de los Dioses

Escribí sobre Dragon Ball Z: La Batalla de los Dioses para el Suple NO, de Página/12. Acá, la versión online.


| Por Hernán Panessi

Corría el año 1995 y la avanzada del anime en la Argentina hacía su primer desembarco. El canal Magic Kids era algo grande para los chicos. Primero, llegaron Los Caballeros del Zodíaco. Luego caerían por acá Sailor Moon, Los Supercampeones y un programa dedicado 100% al mundo nipón: El Club del Anime. Sin embargo, el mascarón de proa de aquella vanguardia japonesa sería Dragon Ball. Y desde ahí, toda una generación quedaría marcada a fuego.

En las páginas de la Shonen Jump –la revista Fierro de allá- salió publicado por primera vez el manga de Dragon Ball. La creatividad de Akira Toriyama, su creador, estaba sostenida en una fórmula sencilla: buscar las Esferas del Dragón, enfrentar peligros y, finalmente, pedir un deseo. Así, 42 fueron los libros editados. Y de esa tinta se desprendieron 2 series animadas: Dragon Ball –estrenada oficialmente en nuestro país en abril de 1997- y Dragon Ball Z –en mayo de 1998.

Por aquel entonces, ese cartoon musculoso interpeló a toda una generación: a los adolescentes, con sus batallas; a los niños, con sus aventuras. Es que Dragon Ball posee el devenir arquetípico del héroe: se lo ve crecer, madurar, tener hijos y salvar al planeta una y mil veces. ¿Su motor? Los desafíos. ¿Su objetivo? Ser siempre el mejor. Casi, como un manual para la vida. Y ese héroe tiene nombre. Uno tatuado en el imaginario pop: Son Goku. El mismísimo Goku –que no necesita más presentación que un ¡Kaaame Haaame Ha!- fue, desde siempre, la contraseña a la felicidad absoluta. Una caja de Pandora que nunca dejó de latir ni de escupir subproductos –GT, remasterizaciones, films directos a video, el corto argentino Otakus, una cantidad infinita de cosplays, muñequitos y todo lo que pueda ser comercializado- y que, años después, regresa para vomitar encima de la aburguesada que se pegó el anime.

Año 2013 y Goku vuelve a los cines. Se estrena Dragon Ball Z: La Batalla de los Dioses. Y esta reaparición tiene un porqué: se llama Internet. La generación criada al calor de los rayos catódicos desprendidos por Dragon Ball devino en los líderes de opinión de la web. En aquellos que marcan el pulso de todo, los que manejan las redes sociales, los que ponen cosas de moda (llámese: tecnología, ropa, comida, anime o tal) y los que, sí, mandan. Y Dragon Ball, en Internet, al ser canónico, manda. Su retorno es producido por un efecto nostálgico. Por la mueca de revivir lo añorado. Por sentir, de nuevo, que se puede resignar a crecer por, al menos, una hora y media.


La explosión del anime en los ’90 y en los primeros 2000 forjaron el gusto de quienes hoy tienen entre 20 y 30 años. Por eso, ese convoy comprará sin titubear su ticket para ver esta batalla entre dioses. Y allí, un enemigo más fuerte que todos los anteriores anda con ganas de destruir la Tierra pero, claro, Goku y los suyos harán lo propio para detenerlo. El guión sigue siendo parecido a sus viejos episodios. Y, aún así, Dragon Ball, en su dimensión de mito, siempre será algo grande para los chicos. Y, ahora que el tiempo hizo lo suyo con los espectadores, también lo será para los grandes.

Avengers: Guerra Eterna

Escribí en el Suple NO, de Página/12, sobre el lanzamiento de Avengers: Guerra Eterna. Acá, la versión online. 

| Por Hernán Panessi

Las primeras veces siempre son especiales. Se cortan solas por ser únicas, históricas e iniciáticas. Así, la historia de Avengers: Guerra Eterna quedará anclada en ser la primera vez –única, histórica, iniciática- que un cómic encuentre su lanzamiento simultáneo a nivel mundial.

Se sabe: las editoriales del mundo suelen recibir el material después de publicado en su lugar de origen. Por caso, los cómics digitales llegan casi al instante y en unas semanas están disponibles para traducir, maquetear e imprimir. “Y aquello, para su edición en papel, toma tiempo, se corre con desventaja”, dice Martín Casanova, editor de Ovni Press, el sello que representa a Marvel en Argentina y que lanzará por aquí la novela gráfica Guerra Eterna.

La ficción, escrita por Warren Ellis y dibujada por Mike McKone, comienza en algún lugar del medio oriente donde unos rebeldes derriban un drone norteamericano. Inmediatamente descubrirán que no es un drone, sino una especie de “criatura de avanzada”. Su origen es difuso: tiene matices asgardianos -como Thor- y posee una suerte de retrotecnología -que lo vincula con Capitán América. Entre tanto, Los Avengers revelarán que existe una empresa británica que desarrolla estas “máquinas vivas” y las terceriza a otros gobiernos para iniciar guerras a distancia. Hay acción y misterio, diatribas y runflas políticas. Y hay, sobre todo, una crítica solapada al papel estadounidense para con las guerras.

El 2 de octubre es la fecha planeada por Marvel para ofrecer su lanzamiento mundial. “Fueron minuciosos con el cumplimiento de las partes. Hicieron hincapié respecto al diseño original. Nosotros rellenamos con tapas alternativas, pero fuimos muy rigurosos con todo”, apunta Casanova. La edición criolla valdrá, más o menos, unos 180 pesos y pinta deluxe: con tinta plateada, laca sectorizada, tapa dura y lomo cosido con hilo.

Bajo esta movida, Marvel planea dar lucha a la piratería buscando que cada país tenga su versión local. Se re sabe: las historietas piratas están disponibles el mismo día de su publicación en Estados Unidos, por lo cual se desfavorece al resto de los mercados. “De esta manera, no competimos con los yanquis, ni con los españoles, ni con la piratería. Es ésta una búsqueda de Marvel por brindar exclusividad y proteger a sus representantes mundiales”, agrega Casanova.

Guerra Eterna tendrá, el día de su lanzamiento, una presentación formal en un hotel del centro porteño. Sólo unos pocos -se habla de unos 30 afortunados- podrán acceder al evento a través de una pre-acreditación que se dará a conocer en el Facebook del sello (buscar: Ovni Press Editorial). Y resultará éste un nuevo hit para Ovni Press: anteriormente, fue la primera editorial en sacar por estos pagos un cómic en tapa dura. ¿Cuál? Kick-Ass, que está agotadísimo.


No se sabía: Marvel ya anunció un segundo libro, ahora sobre Spider-Man. Su nombre, Family Business. Y tratará sobre la hermana perdida de Peter Parker. Y se sabrá: ya no será una primera vez, pero sí asumirá la –naciente, ex inédita- sana costumbre de acercarnos con regularidad a los lanzamientos mundiales.

En contra de las series

Escribí en contra de las series en el #15 de la Revista Irrompibles. El scan, acá y acá.

En contra de las series

Las series forman parte del cotidiano. Los espectadores han abandonado al cine para abrazarse al calor de los rayos catódicos. El tiempo invertido. El manejo de la culpa. La matemática y su productividad. La impostura por pertenecer. El adentro y el afuera. El poder chamánico del “no”. | Por Hernán Panessi (@hernanpanessi)

El hombre de nuestros días vive tratando de causar buena impresión. Su principal desvelo es la aprobación ajena. Para lograrla existen diferentes métodos y estrategias. Una de ellas, muy común por estos tiempos, es seguir series. Y la patria mass-mediática se ha encargado de señalar con el dedo bien turgente que, hoy, no ver series es sinónimo de quedar afuera. Porque, claro, hay que saberlo: para todo, hay un afuera y un adentro.
En las redes sociales, ahí donde vive el Demonio, allí donde Mefistófeles muestra su cara más tentadora, se replica el gusto por las series. ¿Seguir quince temporadas? ¿Anclarse en una historia movida por un episodio piloto vendido a las corporaciones para ver si pican? ¿Años de acompañar personajes cuyo máximo combustible es el rating? En la obra de stand-up Rococó, la actriz y comediante Bimbo dijo: “¿Quieren que sus parejas duren juntas? Engánchense con una serie. Se mantienen más unidas que con una criatura”. Y tiene razón. Ese lazo imaginario que tejen perversamente las series lleva a una adicción similar a la del paco. Todos lo sabemos: Lost vendía paco. Aún así: ¿quién no estuvo enganchado con Lost? Es que los hambrientos consumidores del paco catódico se desesperaban con los cliffhangers que sostenían de los pliegues a todos. Entonces, ¿cuál es la solución? Un momento: ¿la hay? Aparentemente sí: decirle “no” a las series.

El cálculo matemático

No hay que ser Adrián Paenza o Descartes o John Forbes Nash Jr. para advertir la simpleza apacible detrás de los caracteres que vienen a continuación. Hay un cálculo matemático que todos deberían hacer: ¿pensaron alguna vez en la cantidad de –por ejemplo- películas que pueden ver en lugar de la temporada X o Y de una serie? Tomemos como parámetro a un hit: Breaking Bad. Su quinta temporada finaliza el 29 de septiembre de 2013. 16 son sus episodios. 47 minutos, la duración de cada uno. ¿La cuenta? 16 x 47, episodios x duración. ¿El resultado? 752 minutos de una sola serie. Vamos de nuevo: el promedio de duración de una película es de 90 minutos. Por tanto, el equivalente a una temporada de Breaking Bad da como resultado el visionado de 8,35 películas. 8 historias completamente diferentes entre sí. La fábula de encariñarse con muchos personajes. Y que los problemas –otra vez: 8 problemas- sean de otros por un rato. Y esa diversidad, alimenta la experiencia. Esa pluralidad, engorda la pericia. En la variedad está el secreto. La explotación del único amor catódico es una posición burguesa ante esa curiosa entelequia llamada “entretenimiento”.
Y esa ecuación toma una dimensión sideral cuando se contempla la integridad de una serie. Breaking Bad tiene 5 temporadas de entre 7 y 16 episodios. Hasta el momento –y nadie asegura que vaya a terminar en la quinta- tiene un total de 54 episodios. Nueva ecuación a la vista: 54 x 47. 2538 minutos del drama de Walter White. Y aquel es el equivalente a –presten atención acá- 28,2 películas. Nadie niega de la calidad de ciertas series. El ejemplo de Breaking Bad no es arbitrario: a) es actual, b) es una de las mejores. Descartemos, también, el compromiso desgastante de la fidelidad devota para con las series. Por eso, para culposos del tiempo, para sibaritas de la variedad, es tocar un culo en lugar de veintiocho.
En el mismo encuadre de situación, The Walking Dead, el trabajo desprendido de la mente de Robert Kirkman, y cuyo piloto –excelente, por cierto- fue dirigido por Frank Darabont, va por su tercera temporada. Una historia de humanos sobreviviendo a una epidemia zombie. 35 episodios de 48 minutos cada uno. ¿Cuánta tela se puede cortar sobre un tópico harto explorado como el de los zombies? ¿Queda vida después del cine de George A. Romero y los exploitaitions italianos? The Walking Dead -¡el cómic va por el número 110 y sigue saliendo!- refleja la repetición en su máxima expresión. Zombies, zombies y zombies. Y al cálculo de los minutos y la culpa se le suma la variable qualité. ¿Toda su segunda temporada no es, acaso, un Gran Hermano con zombies? ¿Su tercera temporada no es el bonus track que nadie pidió? ¿La primera no había terminado ya de una forma improbable? A la sazón, ¿se acuerdan de Lost? ¿Cuántos humanos se sintieron defraudados por el final de Lost? Qualité. Culpa. Paco. Adicción. Palabras que podemos dejar atrás –de aquí y para siempre- evitando doblegarnos y decir “no” a tiempo. Vale la pena intentar el camino más difícil, el camino del “no”. El camino de preferir muchas experiencias a una sola. Y si queremos que el mundo piense que somos geniales, evitemos la impostura. Sepamos que lo más convincente es la experiencia. Preferir variedad al tedio inculcado. O ser francos y, simplemente, evitar “pertenecer”. Hacer lo contrario como forma subversiva o, por antonomasia, encontrar el orden natural de las cosas.
Mientras llegan esos tiempos, podríamos empezar a fingir que no fingimos.  

Porno, Sasha Grey y cultura pop

Hablamos con Srta. Bimbo y Alejandro Lingenti sobre porno, Sasha Grey y explotó la cultura pop en Spam.

Informe sobre porno nacional en CQC

Informe sobre porno nacional en CQC. Un día caluroso de septiembre, me entrevistó Gonzalito en el Buttman de Av. Corrientes.

Julio y Agosto

Entrevista a los Julio y Agosto en el Suple NO, de Página/12. Acá, la versión online.

| Por Hernán Panessi

Alguna vez, el caricaturista Gustavo Sala definió a los Julio & Agosto como unos dulces. En aquella viñeta, un torrente de azúcar bañaba a los músicos. Y en un caserón de Caballito, esos de escaleras largas y habitaciones con techos altos, ensaya una mini-orquesta cancionera, un tropel de personas dulces, azucaradas. Y con la camaradería como contraseña, los Julio & Agosto acaban de editar su segundo disco: El ritmo de las cosas. Y aquí, tras esos temas cándidos, hay algo triste que sobrevuela el ambiente. Una dualidad poderosa: mitad melancólica, mitad alegre.

Su primer disco oficial –de título homónimo- fue grabado a fines de 2010 y principios de 2011. Marcelo Canevari, contrabajista, dice que “con el CD en mano, las cosas cobraron otro carácter”. Y, ya con ese disco en la calle, sus primeras fechas resultaron tocatas en casas de amigos y galpones variopintos. Ahí, invitaban a todo el mundo a que se apersone. “Vengan, va a haber comida”, repetían como un mantra para aumentar su convocatoria. Y la aumentaron. Muchísimo.

Hay un “elemento Beatle” en su imaginario. Uno sostenido en mecanismos atractivos para gente no tan melómana, pero que al mismo tiempo expresa una onda para nada convencional. “Queremos ser sencillos sin caer en lo facilista”, opina Miguel Canevari, guitarrista. “Sin embargo, El ritmo de las cosas tiene una manera sana de ser pretencioso”, añade Juan Buonuome, cajón. Y la pregunta es: ¿de dónde surge el nombre de la banda? “Nace a partir de una votación por MSN, allá por 2006. El dilema era entre Julio & Agosto y Godines. Menos mal que ganó Julio & Agosto”, dice Santiago Adano, guitarra y voz. Y agrega: “Todavía ni había una banda, éramos algunos flyers y un Fotolog”. Por caso, un flog que todavía perdura: www.fotolog.com/julioyagosto

Pocos saben que antes del primer larga duración, los Julio & Agosto grabaron un disco en vivo en el Pachamama para, con el dinero ganado, viajar a Bariloche. Se llamó: Promediando el show. “Era todo bien hippie, con cajitas artesanales cosidas con tela”, ironiza Adano sobre su pasado. Aquello fue en el año 2009. “Lo loco es que mandamos a Miguel a hacer el disco e hizo unos CDs con datos, en lugar de unos con audio. Todavía los tenemos. Hay que prenderlos fuego”, apunta. Y todos ríen cómplices, incluido Miguel.

Uno de sus hitos fue haber dado un show en La Trastienda. Por eso, Adano reconoce que “para mí, que ni me recibí, tocar ahí fue como decir: llegamos”. Y luego de generar su propio universo –con zombies, Godzilla, King Kong y un poderoso anclaje en los cómics-, supieron rodearse con gente luminosa. A la sazón, los Julio & Agosto mantienen un fuerte vínculo con, por ejemplo, el historietista Ayar B., quien siempre los agita con sus garabatos. Y sobre ese runrún entre dulce y amiguero, pero también tristón y perdulario, confiesan: “de Sala esperábamos un dibujo con pijas en nuestras bocas”. Y otra vez, la dualidad.

El ritmo de las cosas es su último y flamante disco. Ya está colgado en la red –fue el más escuchado durante el mes de agosto entre los discos locales en Bandcamp- pero de momento no tuvo su edición física. “Creo que es un disco de la concha de la lora, aunque la experiencia se completa en vivo. Las cualidades de la banda se lucen mucho más ahí”, dice Leandro Aspis, trombón y voz. “La noche que lo subimos, nos juntamos a llorar como si fuera año nuevo, con garrapiñada y sidra”, comenta Guido Gromadzyn, violinista. ¿Saldrá en físico? Parece que en brevísimo. Y lo hará vía Monqui Albino. Mientras, lo escuchan acá: www.julioyagosto.com

Monqui Albino es el sello desde donde los Julio & Agosto editan y difunden conjuntos independientes. Se trata de un frente de bandas entre los que están Ivo Ferrer, Persona, Los Niños y muchos otros. “El objetivo es hacer fechas para financiar discos de quienes lo conforman”, completa Luciana Cuneo, violinista. Y desde allí, planean sacar El ritmo de las cosas en casete. Con la alegría y la camaradería de siempre, sí, pero ahora también con toda la melancolía del lo-fi.


Los Julio & Agosto tocan el 21/09 en el Centro Cultural Matienzo (Tte. B. Matienzo 2424, Palermo).

Testimonio en nota sobre César Jones para De Garage

Brindé testimonio en una nota sobre César Jones para De Garage. La escribió mi colega Juan Barberis.

Dice así:


Con un claro trazado académico y un amplio gusto por directores que van de Andréi Tarkovski a Gerard Damiano, Jones le redobló la apuesta al porno nacional. “César Jones es un cineasta sofisticado. En su obra, pueden verse las venas abiertas de un tipo lleno de inquietudes, de un explorador del vado, de un Indiana Jones de los márgenes”, dice Hernán Panessi, periodista y autor de “Pornopedia”, libro de salida inminente que repasa la historia completa del porno nacional. “Su escuela es la universidad, lo académico, lo formal. Y su discurso -su verba letrada- complementan sus películas perfectamente. Ahí, busca y revuelve en los sueños, en los discursos, en los meta-relatos, en la intersexualidad. Le endilgan ser el Lars Von Trier argentino: es, ni más ni menos, que la pata intelectual del porno nacional”.

Entrevista en Laberinto Video Club por Ciclo P

Entrevista en Laberinto Video Club por Ciclo P, a propósito de VideoFlims. Primera vez en mi vida que hice radio estando borracho. Lo escucho y no me reconozco. Perdón a todos.

Entrevista en Éter Acondicionado, por Radio Éter

Entrevista que me hicieron en Éter Acondicionado, por Radio Éter, a propósito de Pornopedia.

Nota sobre Watch Dogs e hipermodernidad

Escribí sobre Watch Dogs e hipermodernidad para el Suple No, de Página|12.

| Por Hernán Panessi

Si el sueño de la Universidad de Southampton, en el pico de la magnanimidad sci-fi, es poner en la atmósfera unas aeronaves no tripuladas –drones, le dicen-, el Watch Dogs, videojuego que promete cambiar el devenir de las consolas de vanguardia, le da diez vueltas carnero a tal concepto de modernidad. ¿Y cuál aparece? Uno superior: el de poder manejar –lisa y llanamente- toda la tecnología. El de tener control -total y completo- de los aparatos tecnológicos de alrededor, con sólo usar un único dispositivo. Y así, todo queda a nada de la hiperconectividad. Y, en consecuencia, a pasitos de la dominación mundial.

Atrás quedó el concepto de hackers à-la-Matrix donde se accedía a la ídem mediante una pantalla negra y un sinfín de numeritos verdes. Ahora, la que va son los hackers 3.0 que, a través de su dispositivo personal, puedan vulnerar teléfonos celulares, cámaras, semáforos o todo lo que se les plante adelante. Y desde Watch Dogs, que estará en la calle el 21 de diciembre de 2013 para las consolas Wii U, Play 3 y 4, Xbox One y 360 y PC, los personajes del juego podrán bloquear y escuchar conversaciones telefónicas, obtener datos duros de personajes no jugables como información personal, salud y probabilidad de violencia. ¿La era de la hipertecnología aproximada desde un videojuego de acción?

Con ciertas evocaciones a la estética del Grand Theft Auto, esta nueva gema de la industria videojugabilística dará que hablar. Incluso, se posiciona en el imaginario gamer como uno de los que pueden llegar a dar el gran salto generacional. Ese que vienen prometiendo hace tiempo las nuevas consolas y, claro, sus fichines. Salto sostenido en, fundamentalmente, el uso (¿premonitorio?) de las nuevas tecnologías. Y desde donde Aiden Pearce, el protagonista, en su lucha contra el crimen organizado, es capaz de realizar –entre otras cosas- un apagón en media ciudad durante la noche. Y todo sujeto en un estándar de calidad cinematográfico, comparable al de juegos de avanzada caso The Last of Us.

Y si bien aún no está en la calle, ya tiene su propio conjunto de aficionados. Por eso, la empresa desarrolladora Ubisoft realizó una encuesta entre sus seguidores para ver quién debería interpretar a Aiden Pearce en una hipotética adaptación cinematográfica. ¿El ganador? Tom Cruise. ¿Hay proyecto confirmado para la película? Aún no. Puro manijeo, como todos esos trailers –como aquel subido “sin querer” a YouTube el pasado año- o esos gameplays viralizados post E3. Y aquí la tecnología es puesta, una vez más, para encandilar al público.

 

Por su parte, emerge un sitio web impulsado por Ubisoft -ligado al Watch Dogs, claro- cuyo postulado estremece: una página desde donde los internautas pueden obtener información sobre el funcionamiento de una ciudad y de las personas que la habitan. Vía WeareData –tal su nombre, que atiende acá: wearedata.watchdogs.com- los navegantes descubrirán que el mundo de Watch Dogs es, en parte, una realidad. Básicamente, esta página permite acceder a información como horarios y trayectos del transporte público, redes Wi-Fi disponibles, cámaras de seguridad y semáforos, además de los datos socioeconómicos de la zona y sus índices de crimen y desempleo. ¿Algo más inquietante? Sí, desde allí también se pueden chequear las publicaciones que los residentes del área realizan en todas las redes sociales.

Es cierto: por ahora, todo aquello es una simulación. Por ahora, entonces, el Watch Dogs es sólo la pequeña bomba en el mundo de los ceros y unos que promete, si le dan tiempo y si le da la espalda, ser mucho más que un juego o una película. Si no, y acá se remarca fuerte con un “me gusta”, un “+1”, un “fav” o un “RT”, ser parte de la vida misma. Y así, claro, la vida y la tecnología se funden y confunden en uno. Dijo Francis Bacon: “El conocimiento es poder”. Sugiere el Watch Dogs: “La tecnología es poder”. Y el devenir de la hipertecnología, adscribe.

Reseña: Maradona, médico de la selva

Reseña Maradona, médico de la selva en el #120 de la Revista Sudestada.

Maradona, médico de la selva
Martín Serra
Argentina, 2012

| Por Hernán Panessi

El hombre propone, Dios dispone. Bosque denso, vegetación de hoja ancha, dosel cerrado y una calidez –solar, humana- que propone y dispone. Porque en el maridaje de la selva con el hombre, hubo un médico que todo lo tenía y fue allá, hacia ese lugar, donde nadie tenía nada en el absurdo de la guerra. Y mientras, la poderosa garra de la tierra. La menguada presencia de un cuerpo de hombre que jamás podrá ser confundido con una selva. Maradona, médico de la selva cuenta la historia de Esteban Maradona, un médico criado en el seno de una familia económicamente acomodada que estudió en Buenos Aires y luego, tras abandonar su ciudad, fue perseguido en Resistencia, estuvo en la Guerra del Chaco Boreal y se radicó en un pequeño pueblo de Formosa durante más de cincuenta años. Allí, mezclándose con los pueblos originarios, incorporando modales chamánicos y sosteniéndose en investigaciones fácticas a fuerza de tocar –vivir y sentir- la naturaleza, Maradona ejerció su profesión. Hasta, de hecho, fue propuesto en dos oportunidades para el Premio Nóbel de la Paz.

En su estructura, el film es un compendio de entrevistas a sus amigos, conocidos, familiares, investigadores y periodistas e, incluso, en su mayor hallazgo, varios de sus pacientes prestan testimonio. El enigma Maradona, su andar cansino, su mirada desafiante, su carácter entre simpático e hirsuto, su sabiduría marciana, su devoción por la medicina, su don para el dibujo, su azarosa vida que lo llevó a renunciar a cualquier placer personal para dedicarse de lleno –como una tromba- a los menos favorecidos. Todo eso narra Maradona, médico de la selva, ópera prima de Martín Serra. Y es, a la vez, una obra necesaria para conocer otro tipo de vidas. Y es, también, un camino llevado adelante con hidalguía. Sanando y curando. Como el hombre y como Dios: proponiendo y disponiendo. 

Entrevista con Astor Mogetta, cantante de As y la Masa Atómica

Entrevisté a Astor Mogetta, niño de 8 años cantante de As y la Masa Atómica para el Suple No.

| Por Hernán Panessi

Tres coloridos dinosaurios de plástico decoran una mesa. En el piso, una especie de motocicleta piloteada por The Joker se suma a la foto. Una taza rotulada con el nombre “Victoria” contiene el desayuno: leche con café, no café con leche. Peinado rockero, camisa a cuadros con una remera debajo que acompaña el molde. “Uy, mirá, otro gol de Donovan, el Capitán América”, dice, señalando a la TV. Donovan es Landon Donovan, quien supo ser el chico de oro de la selección de fútbol norteamericana. Y el chico de oro es, acá, en este relato, un niño de ocho años que acopia data, amigos y una capacidad inagotable de producción.

Su nombre es Astor. El de su padre, Flavio. Si se apela a la memoria de las historias previas, un apellido es el que se desplaza naturalmente: Cianciarulo. Y no. La historia de Astor y Flavio es otra. Ambos son los Mogetta. Flavio, periodista, docente y padre es, también, bajista de la banda platense Miro y su Fabulosa Orquesta de Juguete. Astor es su hijo, cantante de As y la Masa Atómica –que en sus comienzos supieron ser As y su Increíble Orquesta de Hamsters, bautizados por su madre, la dueña de la taza rotulada, la de la leche con café-, conjunto que ya tiene en su haber un disco (“Terremoto”) y que cuenta allí con colaboraciones de (nuevos) monstruos de la talla de Santiago Motorizado o Laura Citarella. Y que, por si fuera poco, en sus filas figuran: Seba Pardo (Thelefon) y Bruno Cartocio en guitarras, Joaquín Inza (Miro y su FODJ) en batería y su padre, Flavio, tocando el bajo.

En el primer grado del colegio hubo un acontecimiento que le llamó la atención a todos. Astor no era un chico que celebre Manuelita, El Sapo Pepe o Violetta. Su manual de aquel entonces tiene escrita aún –en un fuerte trazo de lápiz empuñado por una frágil criatura- una anécdota que lo pinta entero. Su maestra le pidió a los alumnos escribir sobre un tema libre. Y él, rockero, puso enterita -¡y de memoria!- la letra de “Mi próximo movimiento”, uno de los temas más apocalípticos de la siempre ídem Él Mató a un Policía Motorizado. El desconcierto fue tal que llamaron a la directora. ¿Un nene de seis años hablando de subir al techo a ver el desastre bajo la luz de la luna gigante? “Le dije que se quedaran tranquilos, que era la letra de mi canción favorita”, apunta el niño con la soltura de un grande.

Fanático del fútbol –su cuarto está decorado con pósters de Leo Ponzio, David Trezeguet y Rodrigo Mora, además de contener una pila interminable de revistas Tiki Tiki y afines-, le compuso una canción a su ídolo máximo: el Pipita Higuaín. “¡Cuánto te quise en el fútbol! Te amé. Goles históricos a Boca. Y uno de taco”, expresa con emoción la letra de “Pipita” en honor al hoy número 9 del Nápoli italiano. “Yo juego de defensor porque le meto patadas a todos”, comenta Astor, que la rompe en la categoría 2005 del Club Atlético City Bell.  Y, como buen rockero, sostiene una actitud contrasistema: “Messi es un amargo”. Para hacerla completa, remata: “De grande me gustaría ser futbolista y músico, como el Mono Burgos o el Rifle Pandolfi”.

En el Bandcamp de As y la Masa Atómica se encuentra colgado el disco “Terremoto” y algunos temas sueltos a dúo con Lautaro Barceló, su profesor de guitarra y uno de los cerebros detrás del sello digital Uf Caruf! En “Terremoto”, Astor muestra un desarrollado interés por la ciencia ficción, el fin de los tiempos y las tragedias. ¿Su hit? “Las Montañas”, tema que –incluso- reversionó cándidamente Santiago Motorizado. Reconoce: “Escribo las letras mirando la tele, el noticiero”. “Soñando, para el segundo disco, me gustaría tener a Los Beatles. Y de acá, a Sr. Flavio o Tan Biónica”, sueña. As y la Masa Atómica, que ya asoman la nariz –entre tanto juguete, entre tanto dinosaurio- como una de las bandas más vanguardistas de la escena platense, atienden acá: http://asylamasaatmica.bandcamp.com/

As y la Masa Atómica tocarán el 24 y 25 de agosto en el Festival de Arte Joven de La Plata.

El Niño Rodríguez y el corto viral Ni una sola palabra de amor

En medio del boom viral de Ni una sola palabra de amor, entrevisté a El Niño Rodríguez para el Suple No.

| Por Hernán Panessi

El nuevo fenómeno viral de Internet tiene anclaje en el mundo del cine. Un corto protagonizado por una mujer reclamando la atención de un desangelado varón engordó increíblemente su contador de hits en apenas días. Ni una sola palabra de amor, trabajo del artista pop El Niño Rodríguez, es el flamante boom de la web 2.0.

Ahí, María Teresa, la mujer en cuestión, insiste llamando por teléfono a Enrique, el varón desangelado. Demanda su cariño, su atención, apenas un gesto de humanidad para con esa fémina enamorada. No hay ningún ego que la proteja. Lo curioso es que el audio original de este cortometraje fue encontrado por casualidad dentro de un casete de una contestadora comprada en un mercado de pulgas. Y más tarde, en una vuelta inesperada, llevado al cine. Explica Rodríguez: “A mí me llega el audio original por un amigo que lo había encontrado por Internet. Lo escuché y me morí. Se lo empecé a pasar a más gente y quedó como un chiste. Después, con la actriz Andrea Carballo, tuvimos la idea de representarlo visualmente. Se nos ocurrió hacer ese salto”.

¿De dónde salió el casete?, es la pregunta. “Empezamos a investigar el audio original y lo había colgado un chico que tenía un estudio de audio en San Isidro. Lo llamé y contrasté. Ahí me contó la historia del mercado de pulgas”, completa. Lo curioso es que Ni una sola palabra de amor no es un corto nuevo, sino que es cosecha 2011. ¿El motivo de su explosión tardía? Estuvo girando por festivales y ganando todos en cuanto participó. Aquello generó cierta expectativa. Y ante su estreno online, varios fueron los que replicaron su existencia. “Lo recomendó hasta Campa-fucking-nella”, comenta –extasiado- Rodríguez. Así, llegó a más de 150 mil visitas en la primera semana de exhibición.

Y el certificado de su viralidad son los memes alusivos -que ya pululan por las redes sociales- con sus frases. El más rutilante: “Me pedís un toallón y una toalla... ¿no es una ambivalencia?”. Y hasta hay una cuenta falsa en Twitter de María Teresa (@soymariateresa) que sólo sigue a Enriques (entre ellos, Iglesias y Bunbury). Es que la historia de desamor de María Teresa y Ernesto tiene patrones universales. Esos arquetipos que repiquetean en el inconsciente colectivo y causan cierta empatía. “Lo de María Teresa es emoción en crudo”, dice El Niño Rodríguez –notablemente sorprendido- ante el éxito de su trabajo.

¿Y quién es El Niño Rodríguez? Él mismo se define como un “agente de esparcimiento”. Javier Rodríguez, tal reza en su DNI, ya no es tan niño –tiene 44 años- pero su nombre quedó. “Es como una marca, no lo puedo cambiar”, dirá. Y si bien el corto puede ser su carta de presentación ante la masividad, viene rumiando los márgenes desde hace tiempo. Comenzó a colaborar con dibujos, a sus precoces 15 años, en la revista Risario de Rosario. Más tarde pasó por la Fierro, El Tajo y Barcelona. Trabajó para agencias de publicidad y editó un libro –publicado por De la Flor- con la recopilación de otra de sus creaciones: Lucha Peluche, la historia satírica de un conejito que narra coyunturas bajo mantos universales. En medio de todo eso, ilustró las tiras del Pibe Bazooka y, decenas de cortos mediante, la rompió toda. Hoy colabora con la publicación española Mongolia, se dedica al mundo de la publicidad y espera sacar en breve Lucha Peluche 2. Claro, también planea hacer alguna que otra cosita audiovisual.


“Tomé la historia y la hice cine”, agrega. Del cassette al corto, luego a los festivales. De allí a la WWW y de allá, por supuesto, al fenómeno viral. Ante la pregunta de porqué cree que se desparramó por el ciberespacio, Rodríguez responde: “No sé, nadie sabe cómo crece un virus, ojalá hubiera recetas”. Y, de nuevo, los arquetipos. Tal vez todo radique en las emociones, en esa angustia verídica de María Teresa. “¡Es que es una historia real!”, remata El Niño Rodríguez. Y, mientras tanto, el contador de visitas sigue engordando.

Mención en Panal de Ideas sobre la Revista Casquivana

Entrevista a Nicolás Hochman, director de la Revista Casquivana.

¿Cuál es el contenido de Casquivana 6 y porqué conviene comprarla? 

Me encantaría dar argumentos de por qué comprarla, pero la revista se agotó el día del lanzamiento. Tal vez hagamos una reimpresión, pero no es algo que nos preocupe mucho: el papel es un fetiche, un objeto de colección. Sí, sin embargo, les puedo dar argumentos más que sostenibles para que ingresen a la web y la lean (o descarguen o reenvíen a amigos, o impriman) de manera libre y gratuita desde www.casquivana.com.ar. Casquivana 6 viene con una nota de tapa acerca de las obsesiones, en las que participan Margarita García Robayo, Conrado Geiger, Guillermo Roz y María Inés Krimer, con ilustraciones de Gabriela Thiery, Alexis Stamboulis, Pablo Martín, José Villamayor, Vanina Klinko y Leticia Paolantonio. En la misma nota hay además un montón de obsesivos que narran de manera muy concreta por qué hacen lo que hacen: Dolores Fernández, Hernán Panessi, Sebastián Chilano, Sol Echevarría, Pablo Giordano, Juan Guinot, Inés Garland, María Nahal, Isaías Chávez, Sol Oliver, Agustina Bazterrica, Ariel Pichersky, María Schwartzer, Sebastián Lidijover, Jimena Rodríguez, Juan Manuel Candal, Natalia Ginzburg, Adrián Gualdoni, Mariana Komiseroff y Gabriela Urrutibehety.
Hay además cuentos de Tomás Downey, Marina Macome, Alejandra Kamiya y Martín Jali (ilustrados por Horacio Petre, Pablo Rivas Mambo, Mariana Belemlinsky y Fernando Sawa). Las columnas (probablemente la parte más casquivana, más divertida) se las pedimos a Franco Torchia (Cupido), Marcelo Luján, Carolina Marcus, Ángel Berlanga, Marcos Crotto, Marina Arias, Fernando Linetzky, Luis Othoniel Rosa, Alejandro Ferreiro, Natalia Zito y Gilda Manso. Hay poesías de Jimena Arnolfi, Alejandro Crotto y Fernanda Nicolini (ilustradas por Pabo Olivero, Belemlinsky y Paolantonio), crónicas de Panessi y Fernando Chulak (con imágenes de Darío Mekler y Luis Castiblanco) y varias reseñas de libros. 
La revista es de muy fácil lectura, muy atractiva visualmente y, lo más importante, cuando terminen de leerla van a tener un montón de temas de conversación nuevos.

Entrevista a Ariel Winograd y Nathalie Cabiron por Vino para Robar

Entrevisté a Ariel Winograd y Nathalie Cabiron por Vino para Robar para Haciendo Cine. Pueden encontrar la nota en el número de julio, en todos los kioscos del país.

Wino para robar


Después del éxito de Mi primera boda, Ariel Winograd vuelve al ruedo con Vino para robar, una comedia de acción protagonizada por Daniel Hendler y Valeria Vertuccelli. Su experiencia en Hollywood. El hacer películas para el gran público. La construcción de un star-system alternativo. Los nervios ante un estreno. Su mujer. La vida. | Por Hernán Panessi

La voz –seca, adulta, ronca- llega a través del teléfono.
—Llamame en un minuto.
En algún lugar de Buenos Aires, probablemente en Palermo, se escuchan ruidos y esa voz de hombre que masculla –monocorde pero amigable, con olor a noche aunque es de día- un encuentro.

***

Lunes, tarde. Bar. Palermo, Buenos Aires. El hombre de la voz seca, adulta y ronca, monocorde pero amigable, con olor a noche aunque es de día, lleva campera negra, pantalón a cuadritos beige y zapatillas oscuras. A su lado, una mujer de vestido claro habla por teléfono. En la mesa hay restos de bebidas: una taza de café vacía, una Coca Cola Light a medio terminar junto a dos rodajas de limón que no fueron usadas.
—Nathalie, mi pareja. –dice él, presentándola a ella.
Ella saluda sin perder la conversación que lleva adelante por teléfono. Él la introduce porque la sabe importante. Él es Ariel Winograd, director de cine. Ella, Nathalie Cabiron, productora de cine, su productora, mujer y madre de su única hija.

***

Ariel Winograd está por terminar su cuarto largometraje: Vino para robar. Se lo ve algo cansado, impaciente y bastante nervioso. Nathalie Cabiron, se huele, es quien lleva adelante la parte racional del cuento: produce y nunca se sale del rol. 
—¿Cuánto dinero salió Vino para robar, Ariel?
—No tengo idea, esas cosas no me interesan. Que te responda ella.
Y ella, sin soltar el teléfono, mira con la única cara que puede mirar. Mueve la cabeza cabeza para un lado y para el otro haciendo el gesto universal del “no”. Claro, es que a ningún productor le gusta hablar de esas cosas.
—¿Cuánto salió dinero Vino para robar, Nathalie?
—No debería decirlo pero salió 8 millones de pesos. –responde y sigue en la suya.

***

La película está protagonizada por Daniel Hendler y Valeria Vertuccelli, una pareja que nunca antes había trabajado junta. De movida, ambos son parte del cosmos de actores convocantes. Esos que mueven al espectador argentino de la casa a la butaca de los cines. Aquí, Hendler es Sebastián, un experto en robos. Sebastián conoce a Natalia (Valeria Bertuccelli) cuando está intentando robar una importante pieza de arte de un museo, y ella le gana de mano. Rivales declarados, los dos tendrán que trabajar juntos más adelante, en un robo más complejo: una botella de Malbec de Burdeos de mediados del siglo XIX, catalogada como uno de los mejores vinos del mundo y celosamente guardada en la bóveda de un banco, en Mendoza.
—Es una botella que se guarda desde la época de Napoleón III. En Francia, en el 1800, los vinos eran blends, no eran varietales. Los varietales empezaron a existir hace cuarenta años. Entonces, todos los vinos eran mezclas de uvas distintas. Pero había mucho Malbec. Eso es algo de lo que Francia trató de ocultar porque vino una plaga. Y la plaga se comió al Malbec y a otros varietales. En cambio, el Cabernet fue el único que sobrevivió. Así, ellos empezaron a sembrar Cabernet y comenzaron a hacer vinos basados fundamentalmente en uvas Cabernet. De esta forma se convirtieron en los que mejores hacen el Cabernet en el mundo. Y el Malbec quedó rezagado. En Mendoza se da bien el Malbec. Hoy compite en los mercados internacionales. El caso es que esta botella es anterior a la plaga, donde, si bien es un blend, es... –acá, Nathalie es interrumpida por Ariel.
—Estás omitiendo un detalle importante: supuestamente, Napoleón III era un fanático grosso de los vinos, que tenía cultivos secretos en todo el mundo. Y uno de esos lugares sería Mendoza, antes de que se llame Mendoza. Y esa botella contendría “el Malbec original”.
—Está bien. Lo importante es que es Malbec y que los franceses negaron el Malbec.
—No, pero ese dato lo sacamos después de juntarnos con especialistas en Mendoza. No estaba en el guión. Nos ayudaron a construir esta historia que tiene un poco de verdad y un poco de fantasía.

***

Y fue Mendoza, durante unas seis semanas, el lugar en donde se desarrolló el rodaje. Por caso, los paisajes no fueron pensados en términos de una co-producción, sino que estaban plantados desde el guión original. Es que, además, Mendoza tiene una característica muy especial: su clima es igual al de Hollywood. Ahí no llueve nunca.
—Filmar en Mendoza fue increíble. Tiene unas locaciones que todavía nadie, en el cine argentino, vio. –señala ella.
—Bueno, las vimos nosotros. Ya está. –arremete él.
—¿Y por qué nadie había hecho una película así?
—Porque es un quilombo. –responden ambos, al unísono.

***

Vino para robar es una película sobre robos pero, justamente, una donde se roban un vino. Una historia que pertenece a un género inexplorado en nuestro país: los caper movies, películas de atraco cuyos máximos referentes son Rififi, La Gran Estafa, La Estafa Maestra y casi todo el cine de Jean-Pierre Melville. Y sobre ese género, Winograd tiene una experiencia poco difundida: trabajó como video asistente en El Plan Perfecto, aquel film norteamericano dirigido por Spike Lee donde un grupo de ladrones roba un banco burlando a todos.
—Volví a verla y había unas cosas de grips, de camionetas y muchas otras cuestiones que estaban buenas y las metí en la película.
De Hollywood a Palermo, y de Palermo a Mendoza sin solución de continuidad.
—¿Por qué no difundiste nunca ese dato?
—Porque no. Siempre perfil bajo.

***

La hora avanza y hay algo sin terminar. Winograd se impacienta, suspira. Cabiron, mucho más. Algo realmente importante late. Y mucho, mucho más teniendo en cuenta que el estreno será en semanas. ¿Qué cosa falta? Pues, la película. Vino para robar tiene un corte de montaje y está recibiendo todo el tratamiento de color más algunos detalles digitales en post-producción. El laboratorio que está trabajando en los detalles del largometraje es Cinecolor. Se habla de cine argentino. De cómo conquistar al público. De encontrarle la vuelta a esa intríngulis furiosa de generar un star-system alternativo a Ricardo Darín y Juan José Campanella.
—Hendler viene de tener un año increíble con Graduados. Filmamos en Mendoza con vallas, como en Hollywood. La gente se volvía loca por sacarle fotos. –apunta Winograd mientras paga la cuenta de aquel café y Coca Cola Light que tomaron junto a su mujer.
Star-system. Daniel Hendler. Valeria Bertuccelli. Palermo. Mendoza. Hollywood.
Y seis son las cuadras que separan al bar del laboratorio. Al ocio del laboro. A la incertidumbre del “¿qué pasará?” de los nervios del “¿qué pasó?”.

***

Lunes, tarde-noche. Laboratorio. Palermo, Buenos Aires. Un sillón de cuero frente a una enorme pantalla. Delante, un termo vacío apoyado sobre una mesa de vidrio. Detrás, una consola enorme con tres computadoras Mac de última generación que parecen controlar el lugar.
—¿Querés ver cómo quedó la escena del puente? –le dicen a Winograd desde esa consola enorme que parece manejarlo todo.
Y Winograd, suspira.
Hay, en la dialéctica de los productores con los directores, una lucha de gigantes por el corte final de la película. En la pantalla, Hendler y Bertuccelli paran un micro. El cielo es de noche. O, más bien, luce de noche. Ese cielo sería tocado digitalmente ya que la escena original fue filmada de día. Y Winograd, suspira. Lo hace porque está en contra de la decisión de virarlo a noche. Al diálogo se suma gente de Patagonik, productores de la película. En la producción, coinciden en que el cambio suma. Y Winograd, suspira.

***

Winograd es conocido en el mundo de la cultura juvenil por ser el director responsable de un buen puñado de videoclips de la banda de skate rock Massacre. Además, es el realizador de Cara de Queso: Mi Primer Ghetto, una de las películas más celebradas por la cinefilia nerd argentina.
—Cara de Queso es casi como un documental de mi vida.
También, dirigió la incunable Fanáticos y el éxito rotundo de Mi Primera Boda, con Daniel Hendler y Natalia Oreiro, película que metió la friolera suma de 300.000 espectadores.
—¿Y cómo crees que le irá a Vino para robar?
—La verdad, no lo sé. Si supiera, sería todo más fácil. Pero 300.000 espectadores estuvo muy bien, ¿o no?
Cabiron mueve la cabeza de un lado al otro, haciendo el gesto universal del “no”. Y Winograd, con su voz seca, adulta, ronca, monocorde pero amigable, con olor a noche siendo ya de noche, suspira y dice:
—300.000 estuvo muy bien.
Y así, con el sigilo de un ladrón de bancos, desaparece.


Vino para robar se estrena el 1 de agosto del 2013.

De guiones y productores

El guión de Vino para Robar lo escribió Adrián Garelik, un debutante en el mundo del cine comercial, un profesional del mundo del teatro. “Adrián lo tenía dando vueltas hace cinco años. El primer mail me lo mandó el 29 de mayo del 2012. Ahí lo leí por primera vez”, apunta Winograd. Del mail al estreno: un año y tres meses. Dice la leyenda que estuvo por ser dirigido por Hernán Goldfrid, el mismo de Tesis sobre un homicidio, quien habría dado unas devoluciones que, según parece, quedaron en el guión final. Y ese guión, que agarraría Nathalie Cabiron y acercaría sin éxito al productor de éxitos Axel Kuschevatzky, terminaría en manos de Patagonik y Canal 13. Winograd: “Para hacer una película así, la cosa es estar con Telefe o Patagonik. No hay otra. Ojo, tampoco es una película cara. Cara es, por ejemplo, Metegol”.
Por otro lado, “Vino para robar es el cine que me gusta y el que trato de seguir haciendo. Dentro del cine de género, dentro de la comedia, siempre intento darle improntas personales a mis cosas, dejar una marca”, arremete el director. Y ante la pregunta de “¿cuándo se enamoró de la película?”, contesta: “Primero me enamoré de mi mujer, después de mi hija y, más tarde, me puse de novio con la película”. Y Nathalie Cabiron, su productora, mujer y madre de su única hija, hace una mueca irreproducible. | Por Hernán Panessi

Cine de terror en Spam

Hablé con Srta. Bimbo y Alejandro Lingenti (vía Spam, Nacional Rock) sobre terror argentino. Bimbo sorprendió con su conocimiento de sexploitaitions y basuras directos a video. El audio, acá.

Making of de Goretech en INCAA TV

Nos entrevistaron a Germán Magariños, Vic Cicuta y a mí desde el canal INCAA TV. Hicieron un making of de Goretech, la mejor película de la historia. Quedó simpático. ¿O no?

Las listas

Escribí en el #6 de la Revista Casquivana sobre mi obsesión por las listas.

Las listas

Mi vida dio un punto de giro en el año 2004 cuando comencé a anotar en un cuaderno todas las películas que vi. Oh, el ser humano y las listas. Un saludo para mis amigos que dicen que tengo un trastorno obsesivo compulsivo. En realidad, anoto todas las películas que vi, los libros que leí, las series que seguí, los cómics que compré y los discos que escuché. En distintos cuadernos. Puede que tal vez no tenga un TOC, sino dos, tres, cuatro o cinco. Y así, cinco son las listas y un montón los cuadernos.

Entrevista en Se cayó el sistema, por FM Tribunales

Me entrevistaron en el programa Se cayó el sistema, por FM Tribunales. Hablé de porno.

¿Quién es esa chica? Raven Adamson

En el ¿Quién es esa chica? del número de julio de la Revista Haciendo Cine, Raven Adamson.


Vuelve Laurent Cantet con Foxfire. Y con este film pesimista y utópico, un convoy de mujeres bellas y fuertes dicen presente. Entre tantas chicas, más cerca del criterio que del caprichoso, elegimos a una. Y, es sabido, nos enamoró a todos. | Por Hernán Panessi

Podría haber sido cualquiera, pero no. Foxfire es, tal expresa el tagline de su idioma original, el francés, confessions d’un gang de filles, es decir: confesiones de una banda de chicas. Una banda de chicas siempre, indefectiblemente de quiénes estén metidas en ella, es una banda de humanos hermosos. Hermosos como Raven Adamson, la protagonista de este “¿Quién es esa chica que está en esa banda de chicas?”.
Laurent Cantet, su director, es conocido en el mundo del cine por dirigir películas con alguna temática social. Certifican la sentencia: Recursos Humanos, Hacia el sur, Entre los Muros y ese cortazo llamado Todos a la manifestación. Y ahora, siguiendo aquella lógica, agregándole un poco de Spring Breakers à la francesa, se despacha con Foxfire, la historia de una hermandad femenina de los años 50 en los Estados Unidos. Y la retratada podría haber sido Madeleine Bisson o Katie Coseni o, porqué no, cualquier otra fémina que pulule por el largometraje. Sin embargo, Raven Adamson tiene dos intensas razones para ser la protagonista de este semblante: sus ojos.
Dos ojos verdes ciencia ficción.
A la sazón, Raven Adamson tiene 17 años –cumple la mayoría de edad en septiembre-, tiene el pelo castaño y posee una nariz con muchísima personalidad. De esas grandes, romanas. De esas que no quedan bien en cualquier cara, pero que, cuando quedan, quedan pintadas. Por otro lado, siendo una debutante total en el mundo del cine –Legs Sadovsky, de Foxfire, es su primer trabajo en la pantalla grande-, Adamson ya tiene un antecedente a cuestas: llevó adelante el mismo personaje que había sido interpretado en 1996, en el film homónimo de Annette Haywood-Carter, por Angelina Jolie, una de las mujeres más lindas del mundo por más que intente afearse practicándose mil cirugías. “Yo realmente no sabía nada de actuación”, dijo Adamson tras ser escogida entre muchas estudiantes del Wexford Collegiate School for the Arts. “Cuando me dijeron lo de Angelina Jolie, me quedé dura”, completa –sorprendida- la joven.
De cuerpo esbelto y con un gran parecido a la actriz Illeana Douglas, Raven Adamson reconoce que la única vez que actúo en su vida fue en una obra escolar de Macbeth. Sin embargo, su desempeño en Foxfire es natural, armonioso, lleno de vigor. Agrega: “Soy una gran fan de Angelina Jolie, pero no puedo imaginarme que me comparen con ella, sobre todo en este momento de mi carrera”. Y desea: “Sería increíble tener una carrera como la suya”.
Foxfire es una novela de la norteamericana Joyce Carol Oates de 1993, que –lo dicho- ya conoció una adaptación libre con Angelina Jolie en el papel principal. El inconformismo, la explotación sexual, el abuso a las clases humildes y el fresco adolescente ponen su cuota en esta versión de Laurent Cantet. ¿Y el argumento? Un grupo de chicas, en la Nueva York de 1953, forman una sociedad secreta femenina con el fin de alcanzar un sueño imposible: vivir según sus reglas, pase lo que pase.
La película está protagonizada por casi todas actrices debutantes de Toronto. A pesar de ello, Adamson es una adolescente que siente un especial interés por el arte. Por caso, su Legs es el corazón de la banda de chicas de Foxfire, esas que viven la vida desde otro ángulo, luchando por su propio destino, combatiendo hombres que intentan intimidarlas y postulando una ideología revolucionaria: cambiar el mundo. “Me encantó el personaje y le quise hacer justicia”, señaló la actriz.
Tras el devenir de festivales y su pronto estreno comercial en nuestro país, Adamson espera seguir actuando y vivir a su manera. Y no anda con vueltas: “Quiero cambiar el mundo”, apuntó. Así, Legs Sadovsky y Raven Adamson se funden y confunden en una sola: una bella y esbelta castaña de nariz romana. Con unos ojos verdes ciencia ficción. 

Mi obsesión por "las listas" en la Revista Casquivana

Mi obsesión por "las listas" en el #6 de la Revista Casquivana.

Las listas

Por Hernán Panessi

Mi vida dio un punto de giro en el año 2004 cuando comencé a anotar en un cuaderno todas las películas que vi. Oh, el ser humano y las listas. Un saludo para mis amigos que dicen que tengo un trastorno obsesivo compulsivo. En realidad, anoto todas las películas que vi, los libros que leí, las series que seguí, los cómics que compré y los discos que escuché. En distintos cuadernos. Puede que tal vez no tenga un TOC, sino dos, tres, cuatro o cinco. Y así, cinco son las listas y un montón los cuadernos.

Hermanos de Sangre

Artículo sobre Hermanos de Sangre, de Daniel De la Vega, en la Haciendo Cine de junio 2013. Página 1 y 2.

Con bravura y tesón, el cine de género argentino sigue marcando el pulso de las carteleras comerciales. Y con Hermanos de Sangre, el director ganador del último festival de Mar del Plata reaviva las energías que atomizó transitando algunas sendas curiosas del cine independiente. | Por Hernán Panessi

Daniel de la Vega estaba en el baño. Cuando ganó la competencia más importante del país, De la Vega estaba en el baño. Sin siquiera soñarlo en lo más remoto de sus más perfectas fantasías, su película, Hermanos de Sangre, se había hecho de la Competencia Nacional del 27º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Llegó corriendo. Agitado, tarde, pidiendo disculpas. Llegó, Daniel de la Vega llegó.
Después de largas tribulaciones que lo tuvieron apostado en los márgenes, uno de los grandes especialistas del cine de terror local dio el salto hacia las grandes ligas con una comedia. “De comedia no entiendo nada. Era la historia de un gordito miserable y creí que podía hacerlo”, dijo el director. Y remató: “Siempre tuve muchas dudas cuando la realizaba, porque la comedia no estaba en mi terreno”. Sin embargo, Hermanos de Sangre la rompe en mil pedazos. Aspira con los mismos pulmones –hediondos, cinéfilos, retorcidos- que Robert Rodríguez y Quentin Tarantino y escupe un aire que refresca a toda la palestra del cine nac & pop.
De la Vega, responsable de gemas filmadas para el mercado norteamericano como La muerte conoce tu nombre y Jennifer’s Shadows (esta última con protagónico de la actriz ganadora del Oscar Faye Dunaway), siempre supo que lo suyo era el género. En su momento, allá por el año 2009, lanzó una verdad como puño: “Los realizadores de género nos vimos obligados a filmar en otro idioma, porque no encontramos apoyo en nuestro país”. Y años más tarde, no sin antes transitar mil penurias, el apoyo llegó.
Así, después de intentar aplicar a varios subsidios, de unas complicadas experiencias con la vía indie –miles de trabajos ad-honorem, las cuentas en rojo que seguían llegando- y de infinitas reuniones con productores de todos los calibres, De la Vega comenzó a adoptar una actitud pesimista: “Mis experiencias en el cine independiente no fueron felices. Tampoco reniego de los resultados. Las películas que hice por encargo adolecieron de falta de apoyo de quienes las producían. A partir de ese momento, elegí no transitar más lo independiente. Primero, por lo económico. Es que el cine independiente vive de sueños e ilusiones. Y segundo, no puedo pedir más favores a esta altura”. Hermanos de Sangre se hizo con apoyo capital.
En la ficción, Matías (Alejandro Parrilla, actor de las arterias más autogestivas, conocido en el under por ser el JD7 de El Hada Buena: Una Fábula Peronista) es un joven que vive sus sueños como inalcanzables. Se enamora sin éxito de una compañera de trabajo. Lidia con su propia personalidad y con la de los demás. Entonces, será Nicolás (Sergio Boris, quien confirma cada vez que es uno de los actores más sólidos del país), su misterioso mejor amigo, quien se enfrente al entorno social antagónico a sus aspiraciones. Nicolás tiene la firme certeza de que Matías merece una vida mejor. Por ello, hará lo imposible para que obtenga la felicidad, lo quiera o no.
Dice el director: “Es un proyecto que me acercaron los autores Nicanor Loreti y Germán Val. Me ofrecieron un libro que funcionaba pero nadie lo ejecutaba”. Hermanos de Sangre es una historia de amistad y valores. Una comedia pop llena de sangre, asesinatos y sutilezas. Una historia que tiene, además de la intención expresa de romper con las convenciones de los géneros cinematográficos que mama, un link umbilical, un linaje de sangre que la une directamente a Diablo, también ganadora del Festival de Mardel y ejecutada por muchos de los aquí implicados.
Sobre su estreno, De la Vega aproxima que “merece una oportunidad”. Sin embargo, aún levantando palmarés y encontrando cierto consenso en la crítica especializada, por su cabeza perduran algunas dudas: “Tengo la fantasía que los argentinos rechazan su propio cine. Ojalá me equivoque. Soy muy pesimista en ese sentido. Tiene valores que a mucha gente le pueden gustar, aunque es más probable que no la elijan”. Por su parte, el realizador del film reconoce el esfuerzo por mover a los espectadores a las salas y no escatima en utilizar recursos para que ello ocurra: “Hicimos un trailer de acción como si se tratara de Terminator. Esa estrategia no la uso únicamente yo. Sólo que soy honesto y lo digo. Especulo con que la gente entre engañada, usarlo como marketing y luego gustar”.
Y, pese a la calidad perenne del largometraje, es muy probable que el galardón marplatense le haya abierto las puertas para el estreno. Incluso, se intuye que semejante empujón le facilitará el acceso a futuros trabajos. “Estoy impulsando una nueva película: Necrofobia, la primera película de terror 3D en Argentina”, señaló. Una verdad: Necrofobia ya tiene distribuidora.

Aunque hoy todo parece funcionar con naturalidad, el equilibrio tardó en llegar. De la Vega dixit: “En su momento, una empresa líder me citó y destrozó mi película. Con ese background me presenté en Mar del Plata. El resto, superó mis expectativas”. ¿Qué opinará, justamente, sobre las opiniones de los demás? “Uy, el daño que podemos hacer con una opinión... Creo que la crítica tiene mucho que aprender. Ojo, uno aprende de las devoluciones pero tiene que hacer su camino. Siempre me dolieron las críticas. Tengo que tener un criterio concreto a la hora de contar una historia. Tengo que hacerme cargo de lo que cuento y no tanto de la opinión de los demás”. Es que el equilibrio no corresponde a situaciones absolutas o totalmente independientes. Costó, sí. Aunque al final, hubo recompensa: Hermanos de Sangre llegó a los cines comerciales.

Los que están solteros, crónica para Revista Casquivana

Los que están solteros, crónica para el #6 de la Revista Casquivana.

Los que están solteros
Por Hernán Panessi

A Matías lo había dejado la novia. Bueno, a mí también la mía. Situación triste si las hay. Matías es mi mejor amigo y estábamos solteros. Fue durante el verano de 2011 y nos preocupaba mucho ponerla. Por aquel entonces, en un runrún de galanes improbables, terminábamos comiendo siempre dos porciones de pizza en el Kentucky de Corrientes al 1300. Después, rematábamos la faena con un cuarto de helado de Cadore. En la cabeza teníamos una sola cosa: conseguir chicas. Pero también era cierto que a ese ritmo de calorías, no íbamos a buen puerto. ¿Qué más podíamos hacer? Ya nos habíamos ido de vacaciones, anotado (y dejado) el gimnasio, presentado minas entre sí, llorado despechadamente, tenido éxito algunas veces y golpeado el ego muchas más. Entonces, un sábado a la noche, impulsados por vaya a saber qué cuento –quizás, por el de hacer de todo en esta vida- nos metimos a un cine porno. Y el porno, sabemos, es lujuria y también tristeza. Lo tenía todo. ¿El lugar? El Cine ABC, sobre Esmeralda, en pleno centro porteño. Entramos rápido, con culpa, como pagando un plato que no íbamos a romper. La experiencia nos costó 25 pesos. Hasta ese momento ninguno tenía referencia de lo que podía llegar a ser un cine porno. Bajamos unas escaleras, que eran interminables. Todo estaba oscuro. Para vencer el misterio y corretear con la realidad, el comentario fue: “Cortan ticket de INCAA, ¿viste?”. Un ínfimo halo de luz iluminó el pasillo y vimos que eran tres las salas. “Pueden entrar a cualquiera”, nos advirtió una voz con acento española. Por azar nos metimos a la que estaba más a mano, aunque queríamos conocer las tres. Porque ¿en qué otro lugar del mundo uno tiene la libertad de entrar a una y meterse en la de al lado sin problemas? Era menester conocerlas a todas.
Matías y yo nos sentamos casi pegados a la pantalla y vimos cómo un negro de proporciones monstruosas destripaba a una rubiecita. La sala estaba desierta. Hasta ahí, todo estaba más o menos bien. Excepto porque estábamos sentados en un piso de cemento mojado y no nos quedaba otra que apoyar el culo ahí: en esa sala no había butacas. Vamos de nuevo: el plan era “conseguir chicas”, y para eso teníamos que estar facheros. Fuimos con nuestras bermudas más mononas. Sujetos al pensamiento del “nos quedamos 15 minutos y después la contamos”, la atención nos duró unos segundos y salimos. Entramos rápido en la sala vecina. Ahí sí había butacas. Nos sentamos en la anteúltima fila, al lado del pasillo. Ya nos habíamos puesto de acuerdo: si pasaba algo que no nos gustara, rajábamos. La sala estaba vacía. O al menos eso era lo que creíamos. Un proyector imprimía sobre la pared -sí, no había pantalla- una granada de fotones. Cinco chicas masturbaban a otra en una orgía lésbica. Era un film de squirting. Las cascaritas de pintura se desprendían de los cuerpos de esas chicas. Las cascaritas de pintura se desprendían también de las otras tres paredes. Respirábamos humedad. Pensábamos que no había nadie en la sala pero allá, entre las butacas, una travesti morocha con marcados rasgos masculinos se dio vuelta y nos guiñó un ojo. Quedamos perplejos. Segundos después, desde la última fila, un señor de unos setenta y pico se apoyaba sobre el respaldo de nuestra fila para observarnos. No miento: parecía un Sarmiento en los billetes de 50 pesos. A diferencia de la travesti, este sí nos miraba amenazante, deseoso y babeante. ¡Un momento! (Y acá la inocencia se corre hacia límites insospechados.) No sólo no había chicas sino que era un lugar de levante border. Voy 612 palabras y todavía no dije qué define al lugar: sordidez. La mirada del viejo clavada en ambas nucas y la presencia de otro hombre que iba y venía nos persiguió. “¡Vámonos de acá!”. Pero quedaba una sala, la última, a la que se accedía por un túnel. Apurados, nos asomamos y vimos a una maraña de tipos desnudos, tocándose y cogiéndose, amalgamados. Mientras, en la ficción, un hombre sometía con un látigo a otro. Escapamos.
El ABC no era lo que esperábamos. Y cuando se habían cumplido los 15 minutos de aventura, no hubo ni chicas ni masturbaciones. Pero nos dimos cuenta de algo, y ahí no fuimos ilusos ni imaginativos: nuestro nivel de incogibilidad había crecido un poco más. Aún así, seguimos poniéndole el pecho a la soltería. Y el pito a alguna que otra desprevenida.

FAN en Revista NAN

Los amigos de la Revista NAN hablaron de FAN en su #13.