Entrevista a Ariel Winograd y Nathalie Cabiron por Vino para Robar

Entrevisté a Ariel Winograd y Nathalie Cabiron por Vino para Robar para Haciendo Cine. Pueden encontrar la nota en el número de julio, en todos los kioscos del país.

Wino para robar


Después del éxito de Mi primera boda, Ariel Winograd vuelve al ruedo con Vino para robar, una comedia de acción protagonizada por Daniel Hendler y Valeria Vertuccelli. Su experiencia en Hollywood. El hacer películas para el gran público. La construcción de un star-system alternativo. Los nervios ante un estreno. Su mujer. La vida. | Por Hernán Panessi

La voz –seca, adulta, ronca- llega a través del teléfono.
—Llamame en un minuto.
En algún lugar de Buenos Aires, probablemente en Palermo, se escuchan ruidos y esa voz de hombre que masculla –monocorde pero amigable, con olor a noche aunque es de día- un encuentro.

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Lunes, tarde. Bar. Palermo, Buenos Aires. El hombre de la voz seca, adulta y ronca, monocorde pero amigable, con olor a noche aunque es de día, lleva campera negra, pantalón a cuadritos beige y zapatillas oscuras. A su lado, una mujer de vestido claro habla por teléfono. En la mesa hay restos de bebidas: una taza de café vacía, una Coca Cola Light a medio terminar junto a dos rodajas de limón que no fueron usadas.
—Nathalie, mi pareja. –dice él, presentándola a ella.
Ella saluda sin perder la conversación que lleva adelante por teléfono. Él la introduce porque la sabe importante. Él es Ariel Winograd, director de cine. Ella, Nathalie Cabiron, productora de cine, su productora, mujer y madre de su única hija.

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Ariel Winograd está por terminar su cuarto largometraje: Vino para robar. Se lo ve algo cansado, impaciente y bastante nervioso. Nathalie Cabiron, se huele, es quien lleva adelante la parte racional del cuento: produce y nunca se sale del rol. 
—¿Cuánto dinero salió Vino para robar, Ariel?
—No tengo idea, esas cosas no me interesan. Que te responda ella.
Y ella, sin soltar el teléfono, mira con la única cara que puede mirar. Mueve la cabeza cabeza para un lado y para el otro haciendo el gesto universal del “no”. Claro, es que a ningún productor le gusta hablar de esas cosas.
—¿Cuánto salió dinero Vino para robar, Nathalie?
—No debería decirlo pero salió 8 millones de pesos. –responde y sigue en la suya.

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La película está protagonizada por Daniel Hendler y Valeria Vertuccelli, una pareja que nunca antes había trabajado junta. De movida, ambos son parte del cosmos de actores convocantes. Esos que mueven al espectador argentino de la casa a la butaca de los cines. Aquí, Hendler es Sebastián, un experto en robos. Sebastián conoce a Natalia (Valeria Bertuccelli) cuando está intentando robar una importante pieza de arte de un museo, y ella le gana de mano. Rivales declarados, los dos tendrán que trabajar juntos más adelante, en un robo más complejo: una botella de Malbec de Burdeos de mediados del siglo XIX, catalogada como uno de los mejores vinos del mundo y celosamente guardada en la bóveda de un banco, en Mendoza.
—Es una botella que se guarda desde la época de Napoleón III. En Francia, en el 1800, los vinos eran blends, no eran varietales. Los varietales empezaron a existir hace cuarenta años. Entonces, todos los vinos eran mezclas de uvas distintas. Pero había mucho Malbec. Eso es algo de lo que Francia trató de ocultar porque vino una plaga. Y la plaga se comió al Malbec y a otros varietales. En cambio, el Cabernet fue el único que sobrevivió. Así, ellos empezaron a sembrar Cabernet y comenzaron a hacer vinos basados fundamentalmente en uvas Cabernet. De esta forma se convirtieron en los que mejores hacen el Cabernet en el mundo. Y el Malbec quedó rezagado. En Mendoza se da bien el Malbec. Hoy compite en los mercados internacionales. El caso es que esta botella es anterior a la plaga, donde, si bien es un blend, es... –acá, Nathalie es interrumpida por Ariel.
—Estás omitiendo un detalle importante: supuestamente, Napoleón III era un fanático grosso de los vinos, que tenía cultivos secretos en todo el mundo. Y uno de esos lugares sería Mendoza, antes de que se llame Mendoza. Y esa botella contendría “el Malbec original”.
—Está bien. Lo importante es que es Malbec y que los franceses negaron el Malbec.
—No, pero ese dato lo sacamos después de juntarnos con especialistas en Mendoza. No estaba en el guión. Nos ayudaron a construir esta historia que tiene un poco de verdad y un poco de fantasía.

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Y fue Mendoza, durante unas seis semanas, el lugar en donde se desarrolló el rodaje. Por caso, los paisajes no fueron pensados en términos de una co-producción, sino que estaban plantados desde el guión original. Es que, además, Mendoza tiene una característica muy especial: su clima es igual al de Hollywood. Ahí no llueve nunca.
—Filmar en Mendoza fue increíble. Tiene unas locaciones que todavía nadie, en el cine argentino, vio. –señala ella.
—Bueno, las vimos nosotros. Ya está. –arremete él.
—¿Y por qué nadie había hecho una película así?
—Porque es un quilombo. –responden ambos, al unísono.

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Vino para robar es una película sobre robos pero, justamente, una donde se roban un vino. Una historia que pertenece a un género inexplorado en nuestro país: los caper movies, películas de atraco cuyos máximos referentes son Rififi, La Gran Estafa, La Estafa Maestra y casi todo el cine de Jean-Pierre Melville. Y sobre ese género, Winograd tiene una experiencia poco difundida: trabajó como video asistente en El Plan Perfecto, aquel film norteamericano dirigido por Spike Lee donde un grupo de ladrones roba un banco burlando a todos.
—Volví a verla y había unas cosas de grips, de camionetas y muchas otras cuestiones que estaban buenas y las metí en la película.
De Hollywood a Palermo, y de Palermo a Mendoza sin solución de continuidad.
—¿Por qué no difundiste nunca ese dato?
—Porque no. Siempre perfil bajo.

***

La hora avanza y hay algo sin terminar. Winograd se impacienta, suspira. Cabiron, mucho más. Algo realmente importante late. Y mucho, mucho más teniendo en cuenta que el estreno será en semanas. ¿Qué cosa falta? Pues, la película. Vino para robar tiene un corte de montaje y está recibiendo todo el tratamiento de color más algunos detalles digitales en post-producción. El laboratorio que está trabajando en los detalles del largometraje es Cinecolor. Se habla de cine argentino. De cómo conquistar al público. De encontrarle la vuelta a esa intríngulis furiosa de generar un star-system alternativo a Ricardo Darín y Juan José Campanella.
—Hendler viene de tener un año increíble con Graduados. Filmamos en Mendoza con vallas, como en Hollywood. La gente se volvía loca por sacarle fotos. –apunta Winograd mientras paga la cuenta de aquel café y Coca Cola Light que tomaron junto a su mujer.
Star-system. Daniel Hendler. Valeria Bertuccelli. Palermo. Mendoza. Hollywood.
Y seis son las cuadras que separan al bar del laboratorio. Al ocio del laboro. A la incertidumbre del “¿qué pasará?” de los nervios del “¿qué pasó?”.

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Lunes, tarde-noche. Laboratorio. Palermo, Buenos Aires. Un sillón de cuero frente a una enorme pantalla. Delante, un termo vacío apoyado sobre una mesa de vidrio. Detrás, una consola enorme con tres computadoras Mac de última generación que parecen controlar el lugar.
—¿Querés ver cómo quedó la escena del puente? –le dicen a Winograd desde esa consola enorme que parece manejarlo todo.
Y Winograd, suspira.
Hay, en la dialéctica de los productores con los directores, una lucha de gigantes por el corte final de la película. En la pantalla, Hendler y Bertuccelli paran un micro. El cielo es de noche. O, más bien, luce de noche. Ese cielo sería tocado digitalmente ya que la escena original fue filmada de día. Y Winograd, suspira. Lo hace porque está en contra de la decisión de virarlo a noche. Al diálogo se suma gente de Patagonik, productores de la película. En la producción, coinciden en que el cambio suma. Y Winograd, suspira.

***

Winograd es conocido en el mundo de la cultura juvenil por ser el director responsable de un buen puñado de videoclips de la banda de skate rock Massacre. Además, es el realizador de Cara de Queso: Mi Primer Ghetto, una de las películas más celebradas por la cinefilia nerd argentina.
—Cara de Queso es casi como un documental de mi vida.
También, dirigió la incunable Fanáticos y el éxito rotundo de Mi Primera Boda, con Daniel Hendler y Natalia Oreiro, película que metió la friolera suma de 300.000 espectadores.
—¿Y cómo crees que le irá a Vino para robar?
—La verdad, no lo sé. Si supiera, sería todo más fácil. Pero 300.000 espectadores estuvo muy bien, ¿o no?
Cabiron mueve la cabeza de un lado al otro, haciendo el gesto universal del “no”. Y Winograd, con su voz seca, adulta, ronca, monocorde pero amigable, con olor a noche siendo ya de noche, suspira y dice:
—300.000 estuvo muy bien.
Y así, con el sigilo de un ladrón de bancos, desaparece.


Vino para robar se estrena el 1 de agosto del 2013.

De guiones y productores

El guión de Vino para Robar lo escribió Adrián Garelik, un debutante en el mundo del cine comercial, un profesional del mundo del teatro. “Adrián lo tenía dando vueltas hace cinco años. El primer mail me lo mandó el 29 de mayo del 2012. Ahí lo leí por primera vez”, apunta Winograd. Del mail al estreno: un año y tres meses. Dice la leyenda que estuvo por ser dirigido por Hernán Goldfrid, el mismo de Tesis sobre un homicidio, quien habría dado unas devoluciones que, según parece, quedaron en el guión final. Y ese guión, que agarraría Nathalie Cabiron y acercaría sin éxito al productor de éxitos Axel Kuschevatzky, terminaría en manos de Patagonik y Canal 13. Winograd: “Para hacer una película así, la cosa es estar con Telefe o Patagonik. No hay otra. Ojo, tampoco es una película cara. Cara es, por ejemplo, Metegol”.
Por otro lado, “Vino para robar es el cine que me gusta y el que trato de seguir haciendo. Dentro del cine de género, dentro de la comedia, siempre intento darle improntas personales a mis cosas, dejar una marca”, arremete el director. Y ante la pregunta de “¿cuándo se enamoró de la película?”, contesta: “Primero me enamoré de mi mujer, después de mi hija y, más tarde, me puse de novio con la película”. Y Nathalie Cabiron, su productora, mujer y madre de su única hija, hace una mueca irreproducible. | Por Hernán Panessi

Cine de terror en Spam

Hablé con Srta. Bimbo y Alejandro Lingenti (vía Spam, Nacional Rock) sobre terror argentino. Bimbo sorprendió con su conocimiento de sexploitaitions y basuras directos a video. El audio, acá.

Making of de Goretech en INCAA TV

Nos entrevistaron a Germán Magariños, Vic Cicuta y a mí desde el canal INCAA TV. Hicieron un making of de Goretech, la mejor película de la historia. Quedó simpático. ¿O no?

Las listas

Escribí en el #6 de la Revista Casquivana sobre mi obsesión por las listas.

Las listas

Mi vida dio un punto de giro en el año 2004 cuando comencé a anotar en un cuaderno todas las películas que vi. Oh, el ser humano y las listas. Un saludo para mis amigos que dicen que tengo un trastorno obsesivo compulsivo. En realidad, anoto todas las películas que vi, los libros que leí, las series que seguí, los cómics que compré y los discos que escuché. En distintos cuadernos. Puede que tal vez no tenga un TOC, sino dos, tres, cuatro o cinco. Y así, cinco son las listas y un montón los cuadernos.

Entrevista en Se cayó el sistema, por FM Tribunales

Me entrevistaron en el programa Se cayó el sistema, por FM Tribunales. Hablé de porno.

¿Quién es esa chica? Raven Adamson

En el ¿Quién es esa chica? del número de julio de la Revista Haciendo Cine, Raven Adamson.


Vuelve Laurent Cantet con Foxfire. Y con este film pesimista y utópico, un convoy de mujeres bellas y fuertes dicen presente. Entre tantas chicas, más cerca del criterio que del caprichoso, elegimos a una. Y, es sabido, nos enamoró a todos. | Por Hernán Panessi

Podría haber sido cualquiera, pero no. Foxfire es, tal expresa el tagline de su idioma original, el francés, confessions d’un gang de filles, es decir: confesiones de una banda de chicas. Una banda de chicas siempre, indefectiblemente de quiénes estén metidas en ella, es una banda de humanos hermosos. Hermosos como Raven Adamson, la protagonista de este “¿Quién es esa chica que está en esa banda de chicas?”.
Laurent Cantet, su director, es conocido en el mundo del cine por dirigir películas con alguna temática social. Certifican la sentencia: Recursos Humanos, Hacia el sur, Entre los Muros y ese cortazo llamado Todos a la manifestación. Y ahora, siguiendo aquella lógica, agregándole un poco de Spring Breakers à la francesa, se despacha con Foxfire, la historia de una hermandad femenina de los años 50 en los Estados Unidos. Y la retratada podría haber sido Madeleine Bisson o Katie Coseni o, porqué no, cualquier otra fémina que pulule por el largometraje. Sin embargo, Raven Adamson tiene dos intensas razones para ser la protagonista de este semblante: sus ojos.
Dos ojos verdes ciencia ficción.
A la sazón, Raven Adamson tiene 17 años –cumple la mayoría de edad en septiembre-, tiene el pelo castaño y posee una nariz con muchísima personalidad. De esas grandes, romanas. De esas que no quedan bien en cualquier cara, pero que, cuando quedan, quedan pintadas. Por otro lado, siendo una debutante total en el mundo del cine –Legs Sadovsky, de Foxfire, es su primer trabajo en la pantalla grande-, Adamson ya tiene un antecedente a cuestas: llevó adelante el mismo personaje que había sido interpretado en 1996, en el film homónimo de Annette Haywood-Carter, por Angelina Jolie, una de las mujeres más lindas del mundo por más que intente afearse practicándose mil cirugías. “Yo realmente no sabía nada de actuación”, dijo Adamson tras ser escogida entre muchas estudiantes del Wexford Collegiate School for the Arts. “Cuando me dijeron lo de Angelina Jolie, me quedé dura”, completa –sorprendida- la joven.
De cuerpo esbelto y con un gran parecido a la actriz Illeana Douglas, Raven Adamson reconoce que la única vez que actúo en su vida fue en una obra escolar de Macbeth. Sin embargo, su desempeño en Foxfire es natural, armonioso, lleno de vigor. Agrega: “Soy una gran fan de Angelina Jolie, pero no puedo imaginarme que me comparen con ella, sobre todo en este momento de mi carrera”. Y desea: “Sería increíble tener una carrera como la suya”.
Foxfire es una novela de la norteamericana Joyce Carol Oates de 1993, que –lo dicho- ya conoció una adaptación libre con Angelina Jolie en el papel principal. El inconformismo, la explotación sexual, el abuso a las clases humildes y el fresco adolescente ponen su cuota en esta versión de Laurent Cantet. ¿Y el argumento? Un grupo de chicas, en la Nueva York de 1953, forman una sociedad secreta femenina con el fin de alcanzar un sueño imposible: vivir según sus reglas, pase lo que pase.
La película está protagonizada por casi todas actrices debutantes de Toronto. A pesar de ello, Adamson es una adolescente que siente un especial interés por el arte. Por caso, su Legs es el corazón de la banda de chicas de Foxfire, esas que viven la vida desde otro ángulo, luchando por su propio destino, combatiendo hombres que intentan intimidarlas y postulando una ideología revolucionaria: cambiar el mundo. “Me encantó el personaje y le quise hacer justicia”, señaló la actriz.
Tras el devenir de festivales y su pronto estreno comercial en nuestro país, Adamson espera seguir actuando y vivir a su manera. Y no anda con vueltas: “Quiero cambiar el mundo”, apuntó. Así, Legs Sadovsky y Raven Adamson se funden y confunden en una sola: una bella y esbelta castaña de nariz romana. Con unos ojos verdes ciencia ficción. 

Mi obsesión por "las listas" en la Revista Casquivana

Mi obsesión por "las listas" en el #6 de la Revista Casquivana.

Las listas

Por Hernán Panessi

Mi vida dio un punto de giro en el año 2004 cuando comencé a anotar en un cuaderno todas las películas que vi. Oh, el ser humano y las listas. Un saludo para mis amigos que dicen que tengo un trastorno obsesivo compulsivo. En realidad, anoto todas las películas que vi, los libros que leí, las series que seguí, los cómics que compré y los discos que escuché. En distintos cuadernos. Puede que tal vez no tenga un TOC, sino dos, tres, cuatro o cinco. Y así, cinco son las listas y un montón los cuadernos.

Hermanos de Sangre

Artículo sobre Hermanos de Sangre, de Daniel De la Vega, en la Haciendo Cine de junio 2013. Página 1 y 2.

Con bravura y tesón, el cine de género argentino sigue marcando el pulso de las carteleras comerciales. Y con Hermanos de Sangre, el director ganador del último festival de Mar del Plata reaviva las energías que atomizó transitando algunas sendas curiosas del cine independiente. | Por Hernán Panessi

Daniel de la Vega estaba en el baño. Cuando ganó la competencia más importante del país, De la Vega estaba en el baño. Sin siquiera soñarlo en lo más remoto de sus más perfectas fantasías, su película, Hermanos de Sangre, se había hecho de la Competencia Nacional del 27º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Llegó corriendo. Agitado, tarde, pidiendo disculpas. Llegó, Daniel de la Vega llegó.
Después de largas tribulaciones que lo tuvieron apostado en los márgenes, uno de los grandes especialistas del cine de terror local dio el salto hacia las grandes ligas con una comedia. “De comedia no entiendo nada. Era la historia de un gordito miserable y creí que podía hacerlo”, dijo el director. Y remató: “Siempre tuve muchas dudas cuando la realizaba, porque la comedia no estaba en mi terreno”. Sin embargo, Hermanos de Sangre la rompe en mil pedazos. Aspira con los mismos pulmones –hediondos, cinéfilos, retorcidos- que Robert Rodríguez y Quentin Tarantino y escupe un aire que refresca a toda la palestra del cine nac & pop.
De la Vega, responsable de gemas filmadas para el mercado norteamericano como La muerte conoce tu nombre y Jennifer’s Shadows (esta última con protagónico de la actriz ganadora del Oscar Faye Dunaway), siempre supo que lo suyo era el género. En su momento, allá por el año 2009, lanzó una verdad como puño: “Los realizadores de género nos vimos obligados a filmar en otro idioma, porque no encontramos apoyo en nuestro país”. Y años más tarde, no sin antes transitar mil penurias, el apoyo llegó.
Así, después de intentar aplicar a varios subsidios, de unas complicadas experiencias con la vía indie –miles de trabajos ad-honorem, las cuentas en rojo que seguían llegando- y de infinitas reuniones con productores de todos los calibres, De la Vega comenzó a adoptar una actitud pesimista: “Mis experiencias en el cine independiente no fueron felices. Tampoco reniego de los resultados. Las películas que hice por encargo adolecieron de falta de apoyo de quienes las producían. A partir de ese momento, elegí no transitar más lo independiente. Primero, por lo económico. Es que el cine independiente vive de sueños e ilusiones. Y segundo, no puedo pedir más favores a esta altura”. Hermanos de Sangre se hizo con apoyo capital.
En la ficción, Matías (Alejandro Parrilla, actor de las arterias más autogestivas, conocido en el under por ser el JD7 de El Hada Buena: Una Fábula Peronista) es un joven que vive sus sueños como inalcanzables. Se enamora sin éxito de una compañera de trabajo. Lidia con su propia personalidad y con la de los demás. Entonces, será Nicolás (Sergio Boris, quien confirma cada vez que es uno de los actores más sólidos del país), su misterioso mejor amigo, quien se enfrente al entorno social antagónico a sus aspiraciones. Nicolás tiene la firme certeza de que Matías merece una vida mejor. Por ello, hará lo imposible para que obtenga la felicidad, lo quiera o no.
Dice el director: “Es un proyecto que me acercaron los autores Nicanor Loreti y Germán Val. Me ofrecieron un libro que funcionaba pero nadie lo ejecutaba”. Hermanos de Sangre es una historia de amistad y valores. Una comedia pop llena de sangre, asesinatos y sutilezas. Una historia que tiene, además de la intención expresa de romper con las convenciones de los géneros cinematográficos que mama, un link umbilical, un linaje de sangre que la une directamente a Diablo, también ganadora del Festival de Mardel y ejecutada por muchos de los aquí implicados.
Sobre su estreno, De la Vega aproxima que “merece una oportunidad”. Sin embargo, aún levantando palmarés y encontrando cierto consenso en la crítica especializada, por su cabeza perduran algunas dudas: “Tengo la fantasía que los argentinos rechazan su propio cine. Ojalá me equivoque. Soy muy pesimista en ese sentido. Tiene valores que a mucha gente le pueden gustar, aunque es más probable que no la elijan”. Por su parte, el realizador del film reconoce el esfuerzo por mover a los espectadores a las salas y no escatima en utilizar recursos para que ello ocurra: “Hicimos un trailer de acción como si se tratara de Terminator. Esa estrategia no la uso únicamente yo. Sólo que soy honesto y lo digo. Especulo con que la gente entre engañada, usarlo como marketing y luego gustar”.
Y, pese a la calidad perenne del largometraje, es muy probable que el galardón marplatense le haya abierto las puertas para el estreno. Incluso, se intuye que semejante empujón le facilitará el acceso a futuros trabajos. “Estoy impulsando una nueva película: Necrofobia, la primera película de terror 3D en Argentina”, señaló. Una verdad: Necrofobia ya tiene distribuidora.

Aunque hoy todo parece funcionar con naturalidad, el equilibrio tardó en llegar. De la Vega dixit: “En su momento, una empresa líder me citó y destrozó mi película. Con ese background me presenté en Mar del Plata. El resto, superó mis expectativas”. ¿Qué opinará, justamente, sobre las opiniones de los demás? “Uy, el daño que podemos hacer con una opinión... Creo que la crítica tiene mucho que aprender. Ojo, uno aprende de las devoluciones pero tiene que hacer su camino. Siempre me dolieron las críticas. Tengo que tener un criterio concreto a la hora de contar una historia. Tengo que hacerme cargo de lo que cuento y no tanto de la opinión de los demás”. Es que el equilibrio no corresponde a situaciones absolutas o totalmente independientes. Costó, sí. Aunque al final, hubo recompensa: Hermanos de Sangre llegó a los cines comerciales.

Los que están solteros, crónica para Revista Casquivana

Los que están solteros, crónica para el #6 de la Revista Casquivana.

Los que están solteros
Por Hernán Panessi

A Matías lo había dejado la novia. Bueno, a mí también la mía. Situación triste si las hay. Matías es mi mejor amigo y estábamos solteros. Fue durante el verano de 2011 y nos preocupaba mucho ponerla. Por aquel entonces, en un runrún de galanes improbables, terminábamos comiendo siempre dos porciones de pizza en el Kentucky de Corrientes al 1300. Después, rematábamos la faena con un cuarto de helado de Cadore. En la cabeza teníamos una sola cosa: conseguir chicas. Pero también era cierto que a ese ritmo de calorías, no íbamos a buen puerto. ¿Qué más podíamos hacer? Ya nos habíamos ido de vacaciones, anotado (y dejado) el gimnasio, presentado minas entre sí, llorado despechadamente, tenido éxito algunas veces y golpeado el ego muchas más. Entonces, un sábado a la noche, impulsados por vaya a saber qué cuento –quizás, por el de hacer de todo en esta vida- nos metimos a un cine porno. Y el porno, sabemos, es lujuria y también tristeza. Lo tenía todo. ¿El lugar? El Cine ABC, sobre Esmeralda, en pleno centro porteño. Entramos rápido, con culpa, como pagando un plato que no íbamos a romper. La experiencia nos costó 25 pesos. Hasta ese momento ninguno tenía referencia de lo que podía llegar a ser un cine porno. Bajamos unas escaleras, que eran interminables. Todo estaba oscuro. Para vencer el misterio y corretear con la realidad, el comentario fue: “Cortan ticket de INCAA, ¿viste?”. Un ínfimo halo de luz iluminó el pasillo y vimos que eran tres las salas. “Pueden entrar a cualquiera”, nos advirtió una voz con acento española. Por azar nos metimos a la que estaba más a mano, aunque queríamos conocer las tres. Porque ¿en qué otro lugar del mundo uno tiene la libertad de entrar a una y meterse en la de al lado sin problemas? Era menester conocerlas a todas.
Matías y yo nos sentamos casi pegados a la pantalla y vimos cómo un negro de proporciones monstruosas destripaba a una rubiecita. La sala estaba desierta. Hasta ahí, todo estaba más o menos bien. Excepto porque estábamos sentados en un piso de cemento mojado y no nos quedaba otra que apoyar el culo ahí: en esa sala no había butacas. Vamos de nuevo: el plan era “conseguir chicas”, y para eso teníamos que estar facheros. Fuimos con nuestras bermudas más mononas. Sujetos al pensamiento del “nos quedamos 15 minutos y después la contamos”, la atención nos duró unos segundos y salimos. Entramos rápido en la sala vecina. Ahí sí había butacas. Nos sentamos en la anteúltima fila, al lado del pasillo. Ya nos habíamos puesto de acuerdo: si pasaba algo que no nos gustara, rajábamos. La sala estaba vacía. O al menos eso era lo que creíamos. Un proyector imprimía sobre la pared -sí, no había pantalla- una granada de fotones. Cinco chicas masturbaban a otra en una orgía lésbica. Era un film de squirting. Las cascaritas de pintura se desprendían de los cuerpos de esas chicas. Las cascaritas de pintura se desprendían también de las otras tres paredes. Respirábamos humedad. Pensábamos que no había nadie en la sala pero allá, entre las butacas, una travesti morocha con marcados rasgos masculinos se dio vuelta y nos guiñó un ojo. Quedamos perplejos. Segundos después, desde la última fila, un señor de unos setenta y pico se apoyaba sobre el respaldo de nuestra fila para observarnos. No miento: parecía un Sarmiento en los billetes de 50 pesos. A diferencia de la travesti, este sí nos miraba amenazante, deseoso y babeante. ¡Un momento! (Y acá la inocencia se corre hacia límites insospechados.) No sólo no había chicas sino que era un lugar de levante border. Voy 612 palabras y todavía no dije qué define al lugar: sordidez. La mirada del viejo clavada en ambas nucas y la presencia de otro hombre que iba y venía nos persiguió. “¡Vámonos de acá!”. Pero quedaba una sala, la última, a la que se accedía por un túnel. Apurados, nos asomamos y vimos a una maraña de tipos desnudos, tocándose y cogiéndose, amalgamados. Mientras, en la ficción, un hombre sometía con un látigo a otro. Escapamos.
El ABC no era lo que esperábamos. Y cuando se habían cumplido los 15 minutos de aventura, no hubo ni chicas ni masturbaciones. Pero nos dimos cuenta de algo, y ahí no fuimos ilusos ni imaginativos: nuestro nivel de incogibilidad había crecido un poco más. Aún así, seguimos poniéndole el pecho a la soltería. Y el pito a alguna que otra desprevenida.

FAN en Revista NAN

Los amigos de la Revista NAN hablaron de FAN en su #13.

Stoner animado para el Suple No en Taringa!

MEDIO: Taringa!
FECHA: Junio 2013
Levantaron mi nota sobre cartoons lisérgicos en Taringa!

Presentación del libro Encerrados toda la noche, el cine de John Carpenter

MEDIO: Blog de Encerrados toda la noche
FECHA: Junio 2013
La entrada al blog, acá.

El sábado 15 de junio, en el marco de la 7ª edición de FanSci, tendrá lugar la nueva presentación del libro Encerrados toda la noche: el cine de John Carpenter. Allí estará el autor, Matías Orta, junto al periodista Hernán Panessi. La charla estará centrada en John Carpenter y la ciencia-ficción.
El evento se llevará a cabo a las 13 hs., en el Centro Cultural Galicia (Bartolomé Mitre 2552, CABA).
Además, habrá ejemplares a la venta, al precio promocional de $60 y con posibilidades de llevarse firma de Matías.
Los esperamos. Obey.

Entrevista a los japoneses de Distant Worlds

Entrevisté a los Distant Worlds, los hacedores de la banda sonora de los Final Fantasy, para el Suple No.

| Por Hernán Panessi

Curioso es el caso de Distant Worlds, orquesta sinfónica compositora de bandas sonoras de videojuegos. ¿De cuáles? Fundamentalmente, de la serie Final Fantasy. Por eso, en el marco de su gira mundial que los llevó por Europa, América del Norte, Asia y Australia, este jueves 20 de junio a las 21Hs, en el Teatro Gran Rex, darán un concierto multimedia llamado Distant Worlds: Music from Final Fantasy.

“Los fans de Distant Worls son, sin dudas, fanáticos de los videojuegos. Y tienen una verdadera pasión por Final Fantasy más que por cualquier otro”, dice Nobuo Uematsu, compositor principal de la música de la saga, al NO. Final Fantasy, claro, es una franquicia de videojuegos de rol en plan fantástico vigente desde el año 1987. Aquella primera versión, que hoy es leyenda, salió para la vieja y conocida Nintendo 8bits, esa misma que por acá se conoció como Family Game, ¿se acuerdan? Por lo demás, su última edición, anunciada para las consolas de vanguardia PlayStation 4 y Xbox One, es la XV. El dato: aún no tiene fecha confirmada de lanzamiento.

Y es Final Fantasy una saga que arrastra miles y miles de seguidores. “La audiencia llora cada vez que escucha sus canciones favoritas”, señala Uematsu. Se sabe: entre los seguidores de Distant Worlds, hay muchos fanáticos del animé, los mangas, los cosplays y las expresiones japonesas en general. Y aquí, entonces, la combinación de artes hace sólido un espectáculo que promete nostalgia, emoción y muchísima pero muchísima nerdencia.

La dirección del show –ese que tendrá una orquesta sinfónica, coro y solistas vocales e instrumentales de renombre- correrá por parte de Arnie Roth, un conocido compositor de música de fichines, ganador de un Grammy. Roth: “Creo que es útil para las bandas sonoras de videojuegos tener un trasfondo amplio, influidos por muchos géneros y estilos”. Y este trabajo tan cuidado, a su vez, devuelve una fidelidad inusitada en sus jugadores. “Esta música trae de vuelta momentos especiales de su vida, del crecer o, asimismo, de ciertas relaciones especiales”, apunta Uematsu. Y el maridaje de bandas sonoras y games llega al súmmum máximo con Distant Worlds, la orquesta que hizo carrera componiendo música para jueguitos.

Cartoons lisérgicos, dibujitos animados para fumones

Escribí una nota extensa -que fue tapa del NO- sobre dibujitos animados para fumones.

Algo pasó, de un tiempo a esta parte, con el mundo de los dibujitos animados. Las nuevas generaciones de cartoons se cayeron, como Astérix el Galo, en una olla repleta de poción mágica que bien podría ser ácido lisérgico. Y en un tendal que une a Ren & Stimpy con Hora de Aventura, el público objetivo de este tipo de productos devino, sobre todo, en adolescentes barbudos y adultos criados a fuerza de rayos catódicos. Hoy, son furor entre los grandes y chicos los cartoons lisérgicos. ¿Qué son? ¿De dónde vienen? ¿Hacia dónde van? Y la respuesta más aproximada probablemente esté en el consumo germinal de quienes ahora son formadores de opinión: las nacidos entre los ochenta y noventa. Por cierto, las mediciones de audiencia en Estados Unidos muestran que el mayor público del canal Cartoon Network está en la franja de entre 18 y 39 años. En nuestro país, aquellos jóvenes cultores de la revista Lazer, el Club del Anime, las consolas de videojuegos y las tardes de Magic Kids son, por este entonces, quienes mueven el pulso de los medios masivos de comunicación y, principalmente, de esa gran máquina replicadora que es Internet.

Y la lisergia, por caso, tiene distintas arterias de acceso: mientras los más chicos se prenden del estallido de colores y de los guiones sin sentido; los grandes se enganchan con las referencias poperas, triperas y descerebradas. Los cereales con leche y las volutas de humo acompañan las mañanas, tardes y noches de los espectadores. Las referencias retro, los ganchos generacionales y los roces con ciertos menesteres de la adultez -edulcorados a puro ¡crack!, ¡bang!, ¡boom!- son algunas de sus mejores armas. También, el apelo a la nostalgia e, incluso, la nostalgia-de-lo-no-vivido termina siendo un factor cautivante. Así, de esta manera, y de muchas otras más, la resonancia extraña de las modas, sumado a la presión social del hipsterismo moderno, catapultó a Hora de Aventura hacia el espacio sideral convirtiéndolo en el referente natural de los cartoons stoner. Entonces, muchos tópicos de alto voltaje quedan camuflados bajo un manto de delirio y cultura pop. ¿Y la censura? Como siempre: actúa, corta, cancela y dispara. No obstante, la figura del adultescente –tan presente en estos tiempos, tan cosmogonía Judd Apatow- sujeta las velas de los dibujitos pensados para adultos. Que le gustan a los chicos. Que le gustan a los grandes. Que le gustan a todos.

Los orígenes

El primer ladrillo del cuento lo puso Ralph Bakshi en 1972 con El Gato Fritz, aquella película de animación basada en un comic de Robert Crumb. Ahí, un felino antropomórfico exploraba algunos ideales hedonistas. Y se cogía a todo lo que se movía. Por su parte, la Warner Bros, con el conejo Bugs Bunny a la cabeza, sirvió como colador de ideas adultas: referencias políticas, sexuales, sociales, humor negro. Dos cositas: ver el episodio “Rabbit of Seville”, donde Elmer el cazador se vestía de mujer para casarse con Bugs y, también, buscar en YouTube “Herr Metes Hare” para toparse con el conejo más famoso de todos lookeado de Joseph Stalin.

Asimismo, en la década del ochenta se dio una explosión de los colores como estética: Los Ositos Cariñosos, Mi Pequeño Pony y Rainbow Bright. Arco iris, arco iris y arco iris. Referencias homosexuales, psicodelia y un crisol de colores intensos, caleidoscópicos, como surgidos de un cartoncito de LSD. De más está mencionar toda esa mitología curiosa que existe alrededor de Los Pitufos. Aquella que va desde la magia negra y el oscurantismo medieval hasta el comunismo y las representaciones del mal. Por eso, la que sí va, es señalar a JEM and the Holograms, recogida como icono pop casi treinta años después de su estreno en televisión. Remeras con su rostro acompañan las pieles de señoritas de Palermo. Es que sujeto a esa misma lógica, han vuelto los ochenta en forma de consumismo pop. Según el crítico británico Simon Reynolds en Retromanía: La adicción del pop a su propio pasado: “Vivimos en una era del pop que se ha vuelto loca por lo retro y fanática de la conmemoración”. ¿Y los cartoons lisérgicos? Meramente inspiracionales, casi de consumo irónico.

Años 90

Fue éste el período de mayor explosión de los cartoons lisérgicos. La casa madre Cartoon Network, que este año sopla veinte velitas, revolucionaría el mundo de los dibujos animados a través de Genndy Tartakovsky -el creador de El Laboratorio de Dexter-, Craig McCracken -Las Chicas Superpoderosas- y Van Partible –Johnny Bravo-. A esa tríada de realizadores se le sumaría más tarde John R. Dilworth, con Coraje, el Perro Cobarde. Y estas serían épocas fundamentales para la incorporación definitiva del adulto frente a canales que se presuponen infantiles. La masificación y democratización del videocable pondría en el eje a todos estos productos vistos desde una óptica lúdica. Incluso, dice la leyenda que Craig Mc Cracken dibujó por primera vez a Las Chicas Superpoderosas pensándolas para que fueran “un éxito entre universitarios veinteañeros que fuman marihuana”. Dicho y hecho. A propósito, Pablo Zuccarino, gerente de programación de Cartoon Network, dice: “En el caso de Cartoon Network, nuestra programación resuena en esos adultos que disfrutan de nuestra personalidad y conectan con valores que integran el ADN de Cartoon Network, como la frescura, el humor, la audacia, esa capacidad de tener una mirada fresca sobre las cosas, de preguntárselas como lo hace un niño”.

Sin embargo, sería Ren & Stimpy el dibujo encargado de plantar la semilla, sembrar el cultivo y fumarse todos los antecedentes para la existencia de programas venideros. Y pese que ahora no están –tanto- en el aire y la semántica del recuerdo siempre tira para donde le parece, existe Internet para revivir aquellos mocos, pedos y tostadas en polvo tan características de John Kricfalusi, su creador. El dato es que en 1996, el canal Nickelodeon canceló el show por baja audiencia infantil, ya que la mayoría de los seguidores eran adolescentes y adultos. ¿Cuál era el gancho que los seducía? El humor corrosivo, lo grotesco, lo satírico y lo violento. Así las cosas, todos los palos a la cultura basura norteamericana hicieron de Ren & Stimpy un programa de culto. Comentan los más conservadores que incitaba al desaseo y el asco. Lo interesante: uno de sus personajes más recordados es Olorín, una flatulencia que tomaba vida.

Y en la misma vereda que Ren & Stimpy caminaba La vida moderna de Rocko, uno de los primeros Nicktoons (caricaturas producidas por Nickelodeon Animation Studios). Esta tira fue, a su vez, el germen para la existencia de Bob Esponja, ya que en ambas producciones trabajó el animador Stephen Hillenburg y hasta pueden verse paralelismos entre sus personajes y devenires. En La vida moderna de Rocko, otro de los súmmum del cartoon lisérgico, Rocko, el wallaby australiano del título, vive aventuras deformes junto a sus amigos. Nunca faltarán las insinuaciones sexuales, los testículos, los pezones y los pechos. Tampoco las parodias a ciertos gestos sociales. Por aquello, se convirtieron en furor vía Nick at Nite, la sección nocturna de Nickelodeon. Por consiguiente, a la sazón, quienes degluten este tipo de animaciones lo recuerdan con una mueca de cariño.

Los 2000

Y aquí, La Gran Bestia Pop se llama Bob y es una Esponja. Aquel, sin dudas, generó un antes y un después. Introdujo de un roscazo el concepto de lisergia tierna. Y Bob Esponja, sabemos, transita un humor diferente, radicalmente efectivo: es ñoño sin serlo. Convertido a la fama mundial, supo también saborear las mieles del fracaso: fue levantado de Nickelodeon en el año 1999. Aunque, al año siguiente, metería picos de más de 10 millones de espectadores por emisión. Sí, grandes y chicos. Y como el mundo opera con dualidades, la vereda de Cartoon Network paró a Mansión foster para amigos imaginarios en la senda de la droguita naif: unos pibes –que podrían ser cualquier sobrinito, cualquier hijito, cualquier vecinito, cualquier huevón- imaginan un mundo donde unos monstruos imaginarios toman vida. Sin lo rutilante de la esponjita amarilla, la estrellita rosada y la ardillita inteligente, Mac y Bloo le ponen el pecho a la ternura narcótica de una amistad imaginaria.

Y existen, claro, los anclajes locales. Hubo, por esos años, incluso en nuestro país, algún atisbo en realización: “Nosotros tuvimos a Alejo y Valentina que, desde el feísmo, le sumaba contenido. Pero prefiero a Mercano, el Marciano porque llamó la atención y fue precursor con un protagonista incorrecto, con su lenguaje ininteligible”, dice al NO Raúl Manrupe, autor del libro Breve Historia del Dibujo Animado en Argentina. ¿El primer antecedente? Mac Perro, del dibujante Carlos Constantini, ese que anunciaba, entre otras cosas, la finalización del horario de protección al menor y que –según Manrupe- “fue algo que intentó separarse de lo habitual, en el filo de los 60/70”.

Hora de Aventura


Parecen cualquier cosa menos un tipo y su mascota. Él, el humano, no tiene nariz. Y su mascota, el perro, se deforma, engoma y estira como plastilina invitando a formas improbables al son de sus propias patas. Adoptados como emblema por el movimiento hipster, divulgados infinitamente por la viralidad cibernética, Hora de Aventura son unos dibujitos creativos, poéticos y humorísticos. La sobreabundancia de influencias hizo de este producto la gran referencia en cartoons lisérgicos. “Aparte, los dibujos son simpáticos. Modernos, pero a la vez, con algo de muñeco de peluche. El hecho es que se venden los peluches. Son los típicos dibujos que sorprenden al adulto al pasar frente a la tele cuando sus hijos o hermanitos lo están viendo”, desliza Manrupe. Hora de Aventura, cuya canción de apertura ya repiquetea como ringtone en mil y un celulares tan sci-fi como hi-tech, se centra en dos amigos (que son, asimismo, hermanos adoptivos): Finn, el humano, un adolescente de 13 años y Jake, un perro con poderes mágicos. Muchos la apuntan como el reemplazo a la aburguesada que pegaron Los Simpson.

Con algunos momentos de animación supremos, Hora de Aventura capitaliza su revuelo en fans pequeños y adultos. “Hora de Aventura es nuestro prime time”, dirá Zuccarino. Basta con pararse en la puerta de cualquier tienda de historietas del país para ver quiénes y cuántos son los que preguntan por productos ad hoc. Por caso, Adrián Ruibal, dueño de Planetary Toys & Comics, comercio donde otrora estaría afincada la mítica comiquería Camelot, apunta: “Hora de Aventura es una de las series más populares. Vendo mucho sus muñecos y sus peluches a personas de todas las edades. Creo que tiene que ver con lo tierno de sus personajes. Pasa que llega a todo el mundo”. Desde Cartoon Network aseguran que “pese a que algunos de nuestros shows son del agrado del público adulto, nuestro foco está dirigido a los niños de 6 a 11 años, que son nuestro principal target de audiencia”.

Un show más


La vagancia para en la esquina, en la plaza y en el bar pero, también, en el yugo vertical de los televisores de tubo que se resisten a morir o en el líquido que contienen los plasmas y LCD de últimas generaciones. Ahí, en la plaza o en el yugo, con la barra y con líquidos, hay un vértice del que penden ciertos estándares: que se actualizan y crecen o quedan vetustos y mueren. Y en el colmo del hangout, ese pasado de rosca en modernidad, Un show más entendió todo: es una serie para chicos (y, ajám, para grandes) donde dos amigos de veintipico sólo quieren vaguear y estar de joda. ¿Reflejo generacional? ¿Ruido en el público objetivo? ¿Autores con doble moral? Todo eso y mucho más o nada más que todo eso.

Sujeto a una simpleza digna de campeones, con consciencia o sin ella, Un show más domina con naturalidad temáticas referidas al crecer y sus incomodidades. Para chicos que son grandes, grandes que son chicos o humanos que mañana serán cualquier otra cosa que quieran ser o no serán nada. Como ese episodio donde Mordecai y Rigby, sus protagonistas, están en búsqueda caprichosa del “mejor VHS del mundo”. Ese que fueron a alquilar por primera vez pero que ya habían alquilado anteriormente. (¿Alguien dijo faaaso?) Ese mismo que, luego, un enano barbudo les robará dándose a la fuga por las alcantarillas. Acá, queda claro que en sus repeticiones nocturnas, Un show más, la rompe toda en mil pedazos. Zuccarino: “En el caso de Un show más, los mensajes y la personalidad resuenan bien entre niños de 12 a 17 años. Esta franja de adolescencia, que oscila entre el niño y el adulto, puede conectar tanto con los aspectos más infantiles como con esta propuesta de animación con múltiples niveles de lectura”.


Sucede que esa identificación con las expresiones que le son inherentes a la cultura juvenil (por caso, con mucho de decadentismo: videoclubs, VHS que son los mejores del mundo y, claro, la pavorosa tribulación del colgado que cree hacer algo por primera vez cuando no es tal) dicen presente en todos sus episodios. Cuyo impulso hercúleo es un VHS o una flauta mágica o cualquier otra cosa que haga falta para ser feliz y rascarse las pelotas. Y si eso no es droguita, hay una verdad: siempre nos quedarán Los Teletubbies, Barney o –y este es un hallazgo de lisergia pura y dura- Baby TV. Todos son para criaturas de 6 a 12 meses. Y para fumones de unos cuantos más pero, eso sí, con la misma cantidad de neuronas que cualquier lactante promedio. O, dado el caso, tal vez menos.

¿Quién es esa chica? Anna Skellern

En el ¿Quién es esa chica? del número de junio de la Haciendo Cine, Anna Skellern.

Hay un hecho que siempre es noticia: vuelven los hermanos Coen. Y con Gambit, película en cuestión, vuela desde Australia una morocha con curvas asesinas. Se llama Anna Skellern y -desde ahora y para siempre- forma parte del semillero de esta sección. | Por Hernán Panessi

El Circuito de Mónaco es conocido por ser el circuito de carreras con más curvas del mundo. Las tiene cerradas, rectas y cortas. También, y en consecuencia, es una de las pistas más peligrosas de todas las competiciones automovilísticas. ¿Habrá pensado alguien, alguna vez, que una mujer tendría curvas más peligrosas que el circuito más peligroso del mundo? La respuesta sólo puede interesarle a sibaritas y/o curiosos, pero sí es bueno saberla: la actriz australiana Anna Skellern causa infartos. Sus curvas arrancan en un lado y no terminan en ninguno. No se dibujan ni con el más perfecto de los compases. Son impiloteables hasta para el mejor de los campeones.
Skellern, nacida un 27 de abril de 1985, es de esas mujeres que hacen doler. Como en Siren, una de horror low-budget que con sólo mirar el póster uno resigna hasta lo que no tiene por conocerla. O como en Gambit, escrita por los hermanos Coen –quienes en breve vuelven a la dirección con Inside Llewyn Davis-, remake de la película homónima que protagonizaron Shirley McLaine y Michael Caine en 1966, cuyo personaje responde al nombre de Fiona y es quien llena de juventud a un elenco que tiene en protagónico a un trío clase A: Cameron Diaz, Stanely Tucci y Alan Rickman.
Ahí, en Gambit, que estrena este mes, Harry Deane (Colin Firth) es un coleccionista de arte londinense que tiene como objetivo vengarse de un multimillonario (Alan Rickman) al que planea venderle una copia de un falso Monet. Para ello, contará con la ayuda de P.J. Puznowski (Cameron Diaz), una bella mujer con una extraña relación con esa pintura. Entre los dos, intentarán engañar al magnate para hacerse con la pintura original. Y con este film, Skellern comienza un romance con el lado más ampuloso de Hollywood: el de codearse con las celebridades desde adentro.
Por otro lado, esta morocha pulposa estuvo en el elenco de El Descenso 2 –otra de terror, malísima- pero a nadie pareció importarle. Sin embargo, Skellern, trabajadora del mundo de las series –la rompió en el programa CNNN, nunca emitido por estos lares; y pasó por otros como Lip Service, Parade’s End, Heading Out y Plebs, ignotos por este lado del mundo-, intenta seguir el linaje de australianas con base en la industria de la talla de Cate Blanchett, Judy Davis o Nicole Kidman. Aunque por ahora, y la noticia es buena, se augura un futuro cercano a féminas como Anna Torv, Melissa George o Mia Wasikowska.

Sus ojos son dos faroles. Son dos espejos de este mundo, unas puertas al más allá. Son la patria del relámpago y de la lágrima. Son... bueno, muchas cosas. Pero, aún así, con todas esas condiciones otorgadas por la providencia, es extremadamente difícil verla a los ojos. Volvamos al punto principal: las curvas. Esas curvaturas que son suyas, de todos y de ninguno. (En lateral, el cantante Tim Freedman y el host Chris Taylor comieron por acá. Por caso, Freedman, buitre, dijo: “Mi relación con Anna no terminó mal. Seguimos siendo buenos amigos y nos vemos un poco”.). ¿Cómo mirarla a los ojos cuando natura ofrece tanto por ver? Es que, para colmo de males, le gustan los escotes y... ¡qué bien le quedan! A la sazón, dicen que las mujeres tienen curvas porque están preparadas para ser madres. Y el chiste de la lactancia no lo vamos a hacer pero, de mínima, ya que estamos con los coches, las curvas y los circuitos, hay que decir que Skellern es un camión. Y en nuestro léxico ramplón, anatómicamente decimos que tiene “buenas tetas” e, incluso, podríamos usar otros apodos poco sutiles que sonrojarían hasta al más chabacano. Sin embargo, nos callamos la boca y hacemos lo único que podemos hacer: mirar la foto que acompaña esta nota.

Mención en entrevista a Ariel Martínez Herrera

MEDIO: Escrituras Indie
FECHA: Junio 2013
Mención en entrevista a Ariel Martínez Herrera, acá.

A ellos les gustó la película, Hernán Panessi, que es periodista y es crítico, hizo una crítica muy elogiosa de la peli, que a mí me sorprendió, porque vio cosas que yo no.  Me dije: “es verdad, mi película dice eso” “yo quise hablar de ese tema sin saberlo”

Entrevista a Fierita Catalano por A un Click

MEDIO: Suple No, de Página|12
FECHA: Mayo 2013
Versión online.

| Por Hernán Panessi

La pregunta ya dejó de sobrevolar el aire. Quedan apenas esquirlas de un cliché remanido, vetusto y demodé: el nerd como forma antisocial, gorda, peluda y viscosa. De un tiempo a esta parte, algo cambió. Como en muchos de los sectores subterráneos de la cultura pop, el borde pasó al centro. O eso es lo que se aparenta. Así, el nerdismo lleno de gestos que hacían ¡plop! hoy hacen ¡boom! y marcan el pulso de la modernidad.
Todas las obsesiones que interesan al nerd son ahora moneda corriente. ¿Todos somos nerds? “¿Yo sería una nerd?”, interrumpe sorprendida Nazarena Vélez en un debate televisivo en el programa Desayuno Americano. Una de las hipótesis, tal vez la más anclada en la realidad, apunta a que las industrias culturales han entendido que el postulado del nerd es consumir. ¿Entonces? De nuevo: de los bordes al centro. La imagen del fracasado en el amor, del amante de las historietas, del seguidor de la TV de culto, del fanático de los videojuegos o de cualquier otra expresión mínimamente diferente termina siendo un emblema: las marcas han posicionado –ojo, la prepotencia de sus intérpretes también ayudó al cuento- a convertir la nerdencia como forma cool. Y aquí se eyecta lo impensado: el nerd como bandera, el nerd como ganador.
Así las cosas, uno de los grandes cuadros de la nerdencia en argentina, el multifacético Guillermo “Fierita” Catalano, también militante por la democratización de la entelequia “nerd”, está por arrancar en Nat Geo un programa de características ad hoc. Dice: “Me parece que los productos tecnológicos, por su naturaleza, son aspiracionales. Si a eso le agregás la capa de marketing, tenés una bomba”. Y sentencia: “Pero las marcas pautan en Rolling Stone, no en PC Users. Quieren tech, pero quieren cool”.
A su vez, fue común encontrarlo en el noticiero del mediodía (o de la noche, o en cualquier dial o espacio etéreo o corpóreo donde le permitiesen vomitar sus pasiones) hablando sobre tal o cual gadget o a propósito del lanzamiento de un juego X, Y o Z. “Parto de la base que quien me escucha está interesado en el tema, pero no presupongo que sea experto ni un neófito. Intento siempre tener una historia lo suficientemente clara para que la entienda un parroquiano y que tenga algunos detalles que sorprendan al experto”, se sincera. Sí, Fierita es uno de los grandes culpables de que el mundo nerd toque todas las arterias del cotidiano.
Su programa, A un Click, también conducido por la mexicana Martha Debayle, versa sobre grandes encuentros en la Era de Internet. “Ahí, a su vez, hago un racconto de la tecnología que compara cómo se iniciaron las cosas y cómo llegó a lo que tenemos hoy”, agrega. El principal interés del show radica en mostrar historias sorprendentes en las que la tecnología, Internet y las redes sociales han sido fundamentales: desde familias que se reencuentran por Facebook hasta casos policiales resueltos vía la WWW.
Se sabe: Fierita se encargó de llevar la nerdencia a las amas de casa y a un público que trasciende el de los nichos. “Lo que a mí me interesa es compartir lo mucho o poco que sé. El conocimiento sirve en tanto se comparte. Saber de algo y quedártelo para vos es, una canallada aburridísima”, señala. Y, aparentemente, el conocimiento especializado abre espacios para la expresión pero sólo con saber, no basta. Remata: “Para ser un comunicador, hay que ser mucho más que un experto en cierta materia. Eso diferencia a un comunicador de un tipo que colecciona datos. Yo aspiro a ser un comunicador”.

El Rey de los Nerds
Y en la avanzada por convertir la cultura nerd en la nueva onda cool, Nat Geo presenta un reality donde un grupo selecto de once nerds convivirán en una casa ideal. Allí formarán equipos para librar verdaderas batallas frikis. Conducido por dos luminarias del palo, Robert Carradine y Curtis Armstrong, ambos protagonistas de La venganza de los Nerds, El Rey de los Nerds, tal es su nombre, seguirá ampliando la cosmogonía ñoña sólo para comprobar que –una vez más, aunque ahora más que nunca- la venganza será terrible.


A un click son cuatro especiales de 30 minutos que se emitirán por Nat Geo. El primero irá el martes 4 de junio a las 22.00Hs. Por su parte, El Rey de los Nerds se emite todos los viernes a las 19.00Hs también en Nat Geo.

Cobertura FICIC 2013 - Día 1

MEDIO: Revista Haciendo Cine
FECHA: Mayo
Cobertura FICIC 2013 - Día 1 


El mediodía del miércoles 22 de mayo comenzó formalmente la tercera edición del Festival de Cine Independiente de Cosquín – FICIC, celebración que cuenta con el apoyo de la Secretaría de Cultura de la Nación y el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. En la presentación oficial llevada a cabo en la sala de conferencias del mítico escenario de la Plaza del Folclore, Verónica Quiroga (secretaria de turismo), Carla Briasco (coordinadora de prensa y difusión de FICIC), Jorge González (secretario de cultura y educación) y Juan Barnes (coordinador de turismo) dieron la bienvenida a la prensa local y nacional.
“El FICIC es un gran orgullo para nosotros”, señaló el secretario de cultura Jorge Gónzalez. Este año, la organización recibió unas 700 películas de las cuales seleccionó unas 40 para competencia y otras 16 para ser exhibidas en actividades paralelas. ¿La novedad del año? La sección dedicada a los cortos de jóvenes de todo el país llamada Cortos de Escuela. Allí, han recibido casi 80 trabajos de los cuales han sido programados unos 10. El objetivo, según pretenden las autoridades del festival, es “profesionalizar el sector”. Briera, la coordinadora de prensa, dijo: “la creamos para que los jóvenes se acerquen al festival”.
Por la tarde, a las 17Hs, en el Teatro El Alma Encantada, se dictó un taller de análisis y lectura de las películas del festival a cargo de los críticos Alejandro Cozza y Fernando Pujato. Y por la noche, 20.30Hs, en el Centro de Congreso y Convenciones, convirtiéndose en el plato fuerte del día 1, se proyectó a sala llena el film Villegas, de Gonzalo Tobal, en formato 35mm. Ahí, en ese mismo lugar, es donde se concentrarán el grueso de las actividades del FICIC.
El festival se extenderá hasta el día sábado 25 cuando se conocerán los ganadores de las tres competencias –Largometraje Ficción, Largometraje Documental y Mejor Cortometraje-. Y en esa misma jornada, por la noche, el músico Antonio Birabent, también jurado de esta edición, brindará un show abierto para todo el público. “El festival se convirtió en un evento de pura pasión”, finalizó Briasco  visiblemente emocionada.

Comentario de Rouge Amargo en el site de HC

MEDIO: Revista Haciendo Cine
FECHA: Mayo 2013
Comentario de Rouge Amargo en el site de HC.


Rouge amargo, de Gustavo Cova (DISTRIBUTION COMPANY)
“En la película, el asesinato de un importante candidato a diputado desata una gran bola de mierda. Mientras una prostituta (Emme, más pulposa y linda que nunca) está a punto de ser asesinada, un misterioso hombre (Luciano Cáceres, hoy todo un clase A tras la serie Graduados) la rescata de las garras de un cruel asesino (César Vianco, a quien seguro tienen como “Franco Milazzo”, el mayor enemigo de Los Simuladores)”, escribió Hernán Panessi en la HC que pueden encontrar en los kioscos sobre este estreno nacional.
Se puede ver en 30 pantallas.

Reseña de Las Tortugas Mutantes Pinjas en el #44 de la 2000 Maníacos.

Reseña de Las Tortugas Mutantes Pinjas en el #44 de la 2000 Maníacos.

Las Tortugas Pinjas

DIRECCIÓN: Victor Maytland
AÑO: 1990 (Color)
PAÍS: Argentina
ALSO KNOW AS: Las Tortugas Mutantes Pinjas
ACTORES: Donatello, Michaelangello, Raphael y Leonardo (¡Chiste!)
PUNTUACIÓN: 5/5

¡Konchadunga! Película leyenda en los video clubs argentos de los ’90. Pajas en videocassetera, peleas truchas en una terraza y el Clase Z más pedorro del mundo. Parodia subdesarrollada hacia uno de los dibujos animados más exitosos de la historia: Las Tortugas Ninjas. En el film de Maytland, un grupo terrorista liderado por el villano “Trituradora” (en una chota alusión castiza de Shredder, para países de habla hispana: “Destructor”) distribuye unas pastillas locas que, al ser ingeridas, producen la muerte instantánea al eyacular. Así será cómo el presidente de los Estados Unidos (¿cuándo no?) envíe a Las Tortugas Pinjas hacia la Argentina para que se encarguen de la situación. Una locura atómica que contiene en sus filas a unos ninjas-terroristas, a una reportera bastante rápida llamada –no gratuitamente- “Manuelita” y acción baratísima de lo más lúdica. No faltarán escenas hardcore matizadas por el feliz apogeo del VHS. ¡Una maravilla!

Hernán Panessi

Reseña de Nino y Natacha hacen una porno y The Office: A XXX Parody en 2000 Maníacos

Reseña de Nino y Natacha hacen una porno y The Office: A XXX Parody en el #44 de la 2000 Maníacos.

Nino y Natacha hacen una porno

DIRECCIÓN: Natacha Jaitt y Nino Dolce
AÑO: 2009 (Color)
PAÍS: Argentina
ALSO KNOW AS: No tiene
ACTORES: Natacha Jaitt, Nino Dolce, Pamela Jones, Deborah Pratt
PUNTUACIÓN: 2/5

Como capricho adinerado y “cuelga tetas”, dos “figuras” de la farándula argentina decidieron emular a Kevin Smith en Zack y Miri hacen una porno (Zack and Miri make a Porno, 2008) con un sobrio resultado. Nino Dolce (otrora “cocinero” de la señal latinoamericana de Playboy) y Natacha Jaitt (una mediática sexópata salida del Gran Hermano versión España) hacen las veces de directores de cine XXX en busca de actrices para su “gran película”. En medio de una historia sin ton ni son, más que el de aprovechar la cámara para mostrarse, estos dos “actores” serán quienes observen a los verdaderos hacedores de la acción: los que la ponen delante de cámara. Mucho histeriqueo como reflejo de una TV argentina totalmente bastardeada por seres sin cerebro, pero con mucho de hormonas, feromonas y efervescentes estallidos de la pituitaria. Recomendada, sobre todo, para amantes de los programas de chimentos. 

Hernán Panessi

***

The Office: A XXX Parody (Lee Roy Myers, 2009)

DIRECCIÓN: Lee Roy Myers
AÑO: 2009 (Color)
PAÍS: Estados Unidos
ALSO KNOW AS: The Office: A XXX Parody from New Sensations
ACTORES: Ashlynn Brooke, Jenna Haze, Alexis Texas, Gianna Michaels
PUNTUACIÓN: 4/5

Un clásico: parodia pornográfica de producto exitoso + morbosidad = curiosidad asegurada. Si bien no están ni Steve Carell ni Rainn Wilson para matarnos de risa, The Office: A XXX Parody cuenta en sus filas con las hembras bestiales de Jenna Haze, Alexis Texas y Ashlynn Brooke para matarnos a pajas, en esta representación “tono joda” de la divertida serie The Office (¿quién hará de Michael Scott? ¿O es ésta, acaso, una caricatura de The Office (UK)? ¿Qué diría el prolijo Ricky Gervais si la viera? La respuesta, poco importa). Con la excusa de las situaciones en oficina, todas las escenas giran en cachondeos que pululan en el imaginario colectivo de los trabajadores de saco y corbata: sexo con la recepcionista, con el jefe, orgía venenosa con todo el personal, etc. La película gozó, en su momento, de cierto éxito por lo que la productora New Sensations –estudio encargado de sacar releases pornos de series populares- produjo una secuela. ¡Tiembla Dwight Schrute!

Hernán Panessi

Reseña de La máquina que escupe monstruos y la chica de mis sueños en Revista NAN

Reseña de La máquina que escupe monstruos y la chica de mis sueños en el #12 de la Revista NAN.

La máquina que escupe monstruos y la chica de mis sueños

(Diego Labat y Agustín Ross Beraldi)

| Hernán Panessi


¿Qué pasaría si todos los integrantes de El Show de Scooby-Doo se tomaran un gotero de ácido lisérgico? El resultado, tal vez, devenga parecido a La máquina que escupe monstruos y la chica de mis sueños, ópera prima de Diego Labat y Agustín Ross Beraldi. Ahí, sujetos en una lógica psicodélica, dos amigos descubren una máquina que graba sueños. Hay un triángulo amoroso, la oportunidad de un joven en ser “mejor” que su hermano y un muchacho descubriendo que el guionista de su vida ha muerto. Ah, y meciéndose en ese runrún improbable, hay un monstruo deforme esperando aventuras. A medio camino entre el slapstick, el cine indie criollo y la nueva comedia norteamericana, La máquina que escupe... supura adultescencia. ¿Cómo? Sí, el arte de crecer (pero no tanto) a las órdenes del humor. La mueca de una generación criada al calor de la televisión encuentra, acá, su refugio más perfecto: hay chicas lindas, referencias a la cultura pop y un poderoso aire a no me importa. Filmada bajo el espíritu colaborativo (financiada con crowdfunding, estrenada on-line y difundida a puro pecho), puede disfrutársela -aperitivos mediante, funciona bien con volutas de humo- dándole al play aquí: http://www.lamaquinaqueescupe.com.ar/  

Reseña: TV Utopía

Reseña de TV Utopía en el #118 de la Revista Sudestada.

TV Utopía
Sebastián Deus
Argentina, 2011

| Por Hernán Panessi


Cuando hubo ganas, casi nunca importó el qué, ni mucho menos el cómo. TV Utopía fue un canal independiente de Caballito que durante la década del ’90 hizo siempre lo que quiso: en rigor, supurar la voz de todo un barrio sin prioridad de nombres ni apellidos. Y en la actualidad, a raíz del debate que desató la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, el rol de los medios de márgenes tomó dimensiones de centro. Insistiendo en contenidos artesanales, independientes, caprichosos y sin ataduras de agendas, el canal –que trasmitía durante 24 horas del día contenidos generados por sus vecinos- encontró aquí su reconocimiento a tiempo. En la ópera prima de Sebastián Deus, quien participó de TV Utopía como vecino y ahora como director del documental homónimo, se evocan imágenes de archivo que han sobrevivido a varios allanamientos, sumándole al inefable paso del tiempo, para reconstruir la aventura de aquellos idealistas que tuvieron un canal comunitario que emitía desde un living. ¿Cómo? Sí, en yunta con su vecindario, lo hacía desde un modesto departamento ubicado en la esquina de Rivadavia y Riglos. Por su parte, la obra indaga en la aventura quijotesca del canal por legar el sueño lírico colectivo de un grupo de valientes que, sujetos a la invención más perfecta de “proyecto comunitario”, dejaría una huella poderosa en la entelequia “autogestión”. Vale recalcar el argumento otorgado por el jurado del Festival de Cine de Tandil 2012 a propósito de su mención especial: “por el rescate y la resignificación de una experiencia comunitaria que contribuye a reflexionar sobre el presente de los medios de comunicación”. A la sazón, el documental, además de dialogar con soltura entre el pasado y el presente, validando sus ganas de trasgresión, se importa por el qué, el cómo y, cual forma perenne de una lucha contracultural, se aferra –fundamentalmente- del por qué.

Artículo sobre No solo en cines

Artículo sobre No solo en cines para Revista NaN. Página 1, 2, 3, 4 y 5.

| Por Hernán Panessi

Supongamos que la vida es un triángulo, un cuadrado o un círculo. Y que cualquiera sea la forma geométrica, dentro contiene a un sistema complejo con mil y un entretejidos. Sin embargo, todos los bordes y periferias serán siempre más o menos iguales. Y en el ámbito de la cultura, lo supurado desde los bordes tiene una significación poderosa: en el under está la transpiración, los contrastes, la lucha.
El cine argentino, de un tiempo a esta parte, ha ido contemplando poderosamente ciertas arterias e incorporando los bordes al centro. Después de años de transitar los márgenes, el cine independiente fue encontrando su lugar en el mundo a fuerza de constancia, alma, corazón y vida. Como una tromba –no sin antes sangrar por mil heridas-, el convoy que comprende al cine independiente fue parándose cada vez más firmemente. Y en coincidencia con un momento histórico en donde la autogestión y las visiones federales son bien ponderadas, muchos autores terminaron saboreando las mieles del éxito. Tal es el caso de Emiliano Romero, director del largometraje Topos y responsable de un emprendimiento que está allanando un camino: No Solo en Cines.
Ante la negativa de las salas comerciales a exhibir cierto tipo de cine, cientos de películas corrieron con una suerte polémica: se estrenaron mal o, incluso, no lo hicieron. Por caso, Romero, quien estuvo cinco años realizando Topos supo tocar fondo, pararse en dos patas y decidir ponerse la capa para convertirse en superhéroe. Pero, claro, ser héroe tiene también sus desventajas, sus luchas y sus tribulaciones.
Luego de intentar aplicar a varios fondos sin mayor suerte y con un costo total de 2 millones de pesos, Topos contó con el aporte del INCAA –el film clasificó por 2da vía, ya que Romero pudo presentarse él mismo como productor al tener estrenado un corto en 35mm llamado Cantautor, de 2005-, familiares, amigos e inversores varios, más el apoyo inestimable de una cámara Red One en calidad 4K cedida por la Universidad del Cine. Los años de trabajo más un buen puñado de colaboradores hicieron de la película un notable paso en alto para el cine fantástico nacional. Y, por lo demás, terminó sentando precedente con respecto a una de las problemáticas actuales de las producciones pequeñas y medianas: la exhibición comercial. ¿Cómo fue la experiencia del director? “En el proceso de post-producción, en mayo del 2012, fui a ver a distribuidores. Hablé con grandes y chicos. Todos me iban diciendo que no. Entonces, me puse a mí mismo como distribuidor. Empecé a ver qué podía conseguir. Y me tuve que olvidar de las salas grandes. Intenté con Cinemark, Village, Hoyts... ninguna me dio ni pelota”.
A fuerza de buscar salas para mostrar su película y luego de obtener la negativa de muchas, no pensó en resignarse. Siguió intentando por aquí y por allá hasta encontrar su propio recorrido. Así, centros culturales, teatros, bares y misceláneos fueron la ruta de exhibición de Topos. Romero: “El de Topos fue el primer afiche del cine argentino en contar con los logos de centros culturales. Estaban chochos porque tenían toda la ciudad empapelada con su marca”. Y, vamos de nuevo: cualquiera sea la forma geométrica de la vida, hay un ruta llena de bordes y periferias. Romero fue por todo: bautizó a este recorrido como No Solo en Cines, sumando a la palestra la figura del exhibidor ambulante. Es decir, en la lógica del hazlo tu mismo, No Solo en Cines instala las pantallas, muestra las películas, lleva a los directores para hablar pos función, levanta las cosas y se va. Y así, una y otra vez.

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El titular de una nota para el número de mayo de la Revista Hecho en Buenos Aires rezaba: “Si Kusturica fuera argentino, estrenaría con nosotros”. Y aquella, también, es una sentencia, una forma –tal vez extraña, tal vez pretenciosa- de aproximarse a un horizonte. Es tan difícil resolver la entelequia “independencia”, que nadie siquiera esboza una mueca, una aproximación. ¿Independiente a qué? ¿A una ideología, a una estética, a un factor económico? Tanto Kusturica como Romero llevan adelante sus verdades como puños: “Cuando la industria te empuja a hacer películas, las películas terminan sirviéndole a la industria y no a uno mismo ni a otros”, dijo alguna vez el director serbio. “Hay una cuestión con el cine, el productor y el director: el ego. Toda la vida se manejaron de forma individual. Históricamente, cada una de las películas peleó por su lugar en forma solitaria. Esto es un cambio. Gente que se une, gente que toma el control. ¿Y si hay gastos? Los separamos. Es simple: de a uno nos van a masacrar. Hay que peleársela a las multinacionales. Emular a los grandes pero hacerlo a nivel local”, reafirma el nacido en Buenos Aires.
Las salas comerciales, es sabido, manejan una lógica ídem. Si la obra (o, por extensión, el producto) está respaldada por publicidad masiva, grandes distribuidoras o apellidos rutilantes, las salas suelen dar el visto bueno para el negocio. Ahora bien: ¿el cine es un negocio? El origen etimológico de “negocio” es fuerte: neg-ocio, nec y otium en latín, la negación del ocio, la verdad puesta en servicio del capital. Otro interrogante: ¿qué pasa, entonces, con el cine independiente? Lugares como el Cine Club Mon Amour, el ArteCinema, el Cine Cosmos-UBA, el Teatro La Máscara, el malba.cine, el Gaumont, los Espacios INCAA et al. fueron el refugio tanto del “cine arte” (a la sazón: ¿qué será el “cine arte”?) como de aquellos que no encontraron (no pudieron o no quisieron) su lugar en el mainstream hecho y derecho. Y están, claro, los desclasados. Aquellos que ni en un lado ni en el otro tuvieron cobijo. Y así, No Sólo en Cines viene a resolver esta problemática. “Los directores independientes que consiguieron un estreno comercial, la pasaron como el orto. Las multisalas le decían a la gente que no había entradas, que estaban agotadas. ¿Por qué? Es que cuando no hay entradas no podés llegar a la media estipulada. Ellos prefieren bancar a una pochoclera que a tu película. Les conviene eso, entonces les hacen un boicot a las pequeñas. Las ponen porque lo tiene que hacer por ley, por la cuota de pantalla. Cumplen con la ley, pero la sacan lo más rápido posible. Por eso, Topos no llego a los multisalas. Hoy tenemos 50 salas y no damos abasto”, dice Romero. Problemática, por caso, que no sólo comprende a ese noviazgo entre “película y sala” sino que evoca, además, al pene de los acontecimientos: los espectadores. Ahí, con la figura de la exhibición ambulante, la cinefilia local cuenta con la variante de la pluralidad y el acceso. La cartelera de cine termina obteniendo una actualización poderosa e incorporando lugares federales, atípicos desde cualquier lógica comercial.

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Hay, en la dialéctica de No Solo en Cines con las salas independientes una aparición -de mínima- curiosa: las entradas INCAA. Luego de un arreglo entre Romero y su gente con el Instituto de Cine y Artes Audiovisuales, todas las exhibiciones de este colectivo cortan una entrada oficial. Es decir, ya no se trata de muestras marginales sino de exhibiciones oficiales en lugares extraordinarios. Dice: “A los tres meses, con Topos, después de pasarla todos los días, llegamos a un numero tremendo. Metimos unos 11 mil espectadores, sumando cines y No Solo en Cines. En el verano paramos. Ahí fue donde cranié esto de empezar a dar oportunidades a otros realizadores”.
Con la existencia de No Solo en Cines, la aspiración de cierto tipo de cine por el circuito formal termina siendo un concepto vetusto, antiguo, empolvado. En nuestro país se filma mucho. ¿Y dónde se muestra todo ese material? Antes, en pocos lugares. Hoy, en un buen puñado. Así, una cantidad de espacios que –sin ser necesariamente cines, como los casos de El Camarín de las Musas, el Teatro Chacarerean, Casa Brandon o ¡La Sociedad Italiana de Socorros Mutuos de Adrogué!- devienen en espacios alternativos, en lugares de resistencia. A lo largo y ancho de Argentina, las películas estiran su espacio de permanencia en pantallas. Por esta experiencia ya han pasado películas como Malditos Sean!, La Memoria del Muerto, Diablo, Pompeya, Vikingo, Caño Dorado, La Peli de Batato o ¿Quién mató a Mariano Ferreyra? Todos films que ya han tenido su explotación comercial pero que sus autores han decidido legar su exhibición. Además, largometrajes del riñón (verdaderamente) independiente como Alas, Plaga Zombie: Zona Mutante: Revolución Tóxica, El Hada Buena: Una fábula peronista, Los Subterráneos o TL-2: La felicidad es una leyenda urbana renacieron tras sus estrenos. Así, películas con uno o dos años de antigüedad que han tenido un paso fugaz tienen una segunda oportunidad. “Hacemos una suerte de curaduría con un determinado estilo de películas. No Solo en Cines se interesa en las del medio. Sí, ni en las películas de Adrián Suar o Guillermo Francella, ni en el snobismo del BAFICI. Es que no había lugar en el medio para las películas que están cerca del público, para el cine de género, para aquellas películas naturalmente entretenidas. Programamos para el público, no para el crítico”, dice el realizador de Topos.

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En un tendal de localidades que une a Palermo con Avellaneda, a Ciudad Jardín con La Plata o a Bahía Blanca con González Catán, No Solo en Cines sigue en la búsqueda de espacios y películas. Llevando adelante el gesto con enorme responsabilidad, el camino de la exhibición alternativa es cada vez más grande y sólido. La autogestión, agradecida. “Es autogestivo posta. Creo que en cuatro o cinco meses, la cosa va a cambiar. El barco va a navegar solo”, agrega. La intención es devolverle el cine a los barrios: “Vamos a barrios que no tienen cine, ni shoppings. Por lo demás, meterse en un shopping para ver una película es una mierda. Tomar una birra, comer una pizza, charlar con el director o con uno de los actores principales es como un ritual. Nosotros ofrecemos eso”. Por estos momentos, No Solo en Cines tiene la intención de crecer. Contrataron a una agencia de prensa para que los divulgue, a un diseñador para que les haga el logo. “Gasté mucha guita de mi bolsillo –señala Romero- para que crezca el circuito”. Abril fue su mes más fuerte hasta el momento: en vez de diez proyecciones mensuales, hicieron unas treinta. “Para que crezca, es necesario difundir. Salas tenemos un montón, el tema es el público”. El próximo estreno será Hermanos de Sangre, de Daniel de la Vega, película distribuida por Pascual Condito –figura histórica del cine nac & pop, responsable de la distribuidora Primer Plano, quien hace poco declaró que ya no distribuiría cine argentino- que resultará bisagra entre la distribución del pasado y del futuro, ya que también irá por la vía de No Solo en Cines. ¿Acompañará el público este intento por ofrecer una poderosa variedad de propuestas? ¿Cuál será la reacción de la Gran Industria? ¿Qué dirán los medios especializados? ¿Cómo tomarán el nuevo escenario los directores operaprimistas? ¿Y los vieja escuela? ¿Coparán las salas los vecinos? Las respuestas, y ahora más que nunca, en su cine más cercano.