Nota de tapa por los 25 años de Los Simpson en La Cosa

Nota de tapa por los 25 años de Los Simpson en la revista La Cosa de abril 2014.


¡Ay, caramba! Iba a pasar y pasó: llegó el 25º onomástico de la serie de animación más importante de todo occidente y, claro, nos sumamos a los festejos. Por eso, Hernán Panessi, quitándose las vestiduras de fan, enarboló una posible teoría a propósito del éxito amarillo en estas pampas y escribió sobre el particular fenómeno que ocurre a nivel global. ¡De pelos! Que los cumplas feliz, Los Simpson.

“D’oh!”. Camisa blanca, jean azul, zapatos negros, los ojos redondos, una calva con generosos tres pelos, la piel amarilla, la panza blanda, enorme, redonda. ¿Cuántas historias entran en 25 años? ¿Cómo ser el número uno durante semejante cantidad de tiempo? ¿Por qué unos gringos son, al mismo momento, todos y cada uno de nosotros? ¿Quién pensó tamaña muestra de longevidad y perpetuidad? ¿Dónde nace el mito? ¿Ese mito tiene fin? El fenómeno de Los Simpson es inexplicable en su totalidad. Miles de artículos, investigaciones, libros y ensayos han intentado abordar la inmensidad de la serie más popular de la televisión mundial. Homero, Bart, Lisa, Marge y Maggie: el prototipo de una familia media norteamericana. Pero, también, el universo de arquetipos posibles de la humanidad toda.
Y son 25 los años que Los Simpson llevan al aire. Concebidos por Matt Groening como unos cortos de animación emitidos originalmente en El Show de Tracy Ullman en 1987, Los Simpson se convirtieron más tarde en una serie regular de media hora. Picos de audiencia explotaron en la cadena Fox. Y desde allí, la avanzada amarilla por captar la atención del planeta. Arquetipo: patrón ejemplar del cual otros objetos, ideas o conceptos se derivan. Desde los protocolos de consumo, Los Simpson poseen una ambición de la que carecen sus contemporáneos: no se hacen los graciosos, son graciosos. Tienen vocación por el humor y son arquetípicos, por eso gustan. También lo hacen porque ya son un terreno conocido, amigable: ver a Los Simpson –aún repetidamente- es buscar el abrazo, el cobijo caluroso de un ser querido.
Un matrimonio con tres hijos, un perro, un gato y un anciano viviendo en un asilo. Un pueblo ¿ficticio? –Springfield- capaz de albergar a tantos personajes como rasgos humanos posibles: el alcohólico, el policía ineficaz, el abogado chanta, las tías solteronas, el payaso triste, el presentador de noticias acomodaticio, el nerd del colegio, la familia pobre y numerosa, el cantinero avaro, el gordo de las historietas, et al. En esos nervios, en esas ramificaciones de carne, hueso, alma, corazón y tinta, está la sociedad. La Argentina, la estadounidense, la que sea. Ni anacrónicos, ni equivocados: retratan universalidaes. Y de nuevo, los arquetipos.
Hace un tiempo –en un lugar común de la última década- que cierto sector de la sociedad (la misma ejemplificada en forma de dibujo animado) repite una frase como un mantra: “Banco Los Simpson, pero sólo sus primeras temporadas”. Algo pasó. Ese mismo sector adjudica su “defensa a las primeras temporadas” a cierto carácter masivo –careta- del producto. Lo de siempre: cuando es de nicho, es genial. Si es masivo, se abandona. En 25 años no prometieron renovación alguna. ¿Valía la pena? ¿Quién la pidió? ¿Para qué? Pero a Los Simpson les importa poco todo. O, tal vez, por el contrario, les importa mucho todo: cualquier hecho coyuntural de envergadura es tratado bajo su lupa –como Saturday Night Live, como un noticiero o un informativo más- entronizándolo en cartoon y volviéndolo el doble de famoso: Barack Obama (de hecho, dijo Groening a la Revista Viva: “estoy completamente a favor de Obama”), 24, las boy bands, Tony Hawk, Green Day, Yao Ming, Breaking Bad, Harry Potter o lo que sea. Todo lo que tiñen de amarillo se dimensiona a un carácter sideral. Y sus fanáticos más acérrimos, felices. “Los Simpson son Los Simpson”, replican.
“Ya lo hicieron todo”, es la voz que asoma desde South Park, acaso su competidor más directo. La avanzada de productos como Padre de Familia, Los Reyes de la Colina, American Dad y hasta Futurama democratizaron el reinado imperante de Los Simpson. Sin embargo, la guerra por el territorio del entretenimiento que brindan las series de animación ya está ganada antes de empezar: el plato de los demás fue comer calzones simpsonianos. “Eat my shorts!” para el que venga. Y a pesar de ser una práctica habitual, tras tantas aventuras encaradas, sus últimas temporadas se nutrieron de temas de agenda y cameos de famosos... mucho más de lo normal. Aquí, el testimonio de la victoria de la cultura pop. A la sazón, lo aburguesado no es parte del imaginario simpsoniano: no hay un episodio igual al otro. Desde el corazón del sistema capitalista, siempre habrá una nueva crítica que realizar, un espacio inédito por explorar, un flamante consumo que parodiar, una operación estética para contar lo contado.
Por otro lado, su público le reprochó fuerte el cambio de voces. La ausencia del ahora mítico Humberto Vélez –que en algún momento prestó su voz para la webserie local Alejo & Valentina- se sintió durante un lapso. ¿Por qué se fue? Por problemas de salarios. La posta tomada por Víctor Manuel Espinoza (de seudónimo Otto Balbuena) tardó en encontrar consenso. Y en la voz original, Dan Castallaneta sigue vigente. Sí: cobra $400.000 dólares por episodio y es, desde hace un tiempo, productor de la serie.
Los Simpson sirvieron, además de resultar un poderoso aparato de diversión, para aprender sobre diversas cuestiones. De cualquier situación es posible obtener una risa y una molécula de aprendizaje, reflexión o intercambio sesudo. Esto se debe a la flexibilidad, humildad y virtud en los temas abordados: religión, política, deportes, sexo, autoridades, instituciones, familia, muerte y más. Mucho más. Por caso, la recomendación de un libro interesante llamado “El Evangelio según Los Simpson”, de Mark I. Pinsky, sobre cómo Los Simpson involucran temas de religión y moral a partir de sutiles piezas de propaganda. Otra pata fehaciente de su evangelización: las repeticiones infinitas de Fox y Telefé. En la disputa por la bendición, San Homero Simpson bendijo a nuestra patria. No importa si es mediodía, tarde, prime time o medianoche. Por acá, en su proselitismo, radica la base de su fanatismo.
Ninguna serie cosechó seguidores de tanta variedad, color, edad y religión. La importancia de Los Simpson radica, asimismo, en que logró realizar la idea de transversalidad social. Y la puso en marcha en dos planos: a nivel consciente –sumando voces de todas las franjas etarias y sociales, donde todas se ven interpeladas- y a nivel religioso –nada más incuestionable que la fe, Los Simpson son religión y ésta es de todos-. No importa si se trata de un abuelo del Chaco, un remisero de Gerli, un panadero de Ushuaia o un hipster de Palermo SOHO: en su cosmogonía hay muecas representativas de cada sector. Y de ninguno en particular. Desde acá, su crecimiento en los libretos. De allí, su verdadera inteligencia. Así las cosas, son varias las generaciones criadas al calor de una serie de televisión. Y una es la Argentina permeada por su ficción. ¿O será nuestra realidad la que penetra a la ficción? Como sea: ¿se imaginan un mundo sin Los Simpson? Eso sí sería un “D’oh!”.

Argentina, república Los Simpson
“Soy un Bart Simpson mal dibujado”, cantan los 107 Faunos en “Modelos de prueba”. Una frase concisa para anclar una relación pop. Mientras tanto, Antolín le dedica un tema al capítulo de “Bart, El Temerario” con “El Retador del Peligro”. Ahí canta: “Tomo un atajo con mi patineta/ hacia El Desfiladero voy”. “Como en ese capítulo de Los Simpson donde...”, apunta cualquier criollo en cualquier lugar del país. Es que la referencia simpsoniana terminó volcada a lo artístico pero también al cotidiano. Y hasta sirve para relacionarnos entre sí.
Parando la oreja, prestando atención, la realidad argentina, gajo del mundo, está colmada de elementos amarillos: muñecos Jack, la aparición de una verdadera cerveza Duff, la novia argentina de Matt Groening, peronistas enojados por una referencia poco feliz, remeras de todo tipo fatto in casa, un jujeño poniéndole la voz a Krusty y a Abe Simpson (Sebastián Llapur), los memes viralizados por Taringa! y redes sociales varias, el documental sobre los 20 años (The Simpson 20th. Anniversary Special – In 3-D! On Ice, dirigido por Morgan Spurlock, con sus visitas a Parque Chacabuco, San Telmo y Caballito en búsqueda de señales de simpsonmanía), las referencias gastronómicas imposibles (Tomaco, pizzas y pastas, La Pancha de Moe, etc), las líricas rockeras (Viejas Locas con “Homero”, Intoxicados con “La vela”) hasta en los graffitis callejeros (el Homero cantando del video “Sentado en la esquina” de La Piedra Urbana, el Gordo Toni de Barrancas de Belgrano, el mural de la cancha de Huracán de Tres Arroyos con todos los personajes).
Y el dato duro provisto por Google Stats no deja espacio para la duda: la palabra “Simpson” es más buscada en Argentina que en ningún otro lugar del mundo. Hasta hay quien dice que por acá, los norteamericanos amarillos son mucho más famosos que por allá. Dato para reír un rato: darle like al fanpage “Homeros Falopa”. De nada.

Susana Giménez, el porno y Los Simpson
“Ay, de sólo pensar en esa dulce, dulce figura”, desliza un Homero erotizado por, sí, un contorno de jalea. Y no es debido a sus habituales topless en Punta del Este ni a sus fotos eróticas para la Playboy Argentina del año ’85 que una Venus nac & pop hizo su aparición en Los Simpson. En el episodio “La Hoguera de los Manatíes”, de la temporada 17, Susana Giménez tuvo un cameo estelar. Y caliente. En tal episodio, Homero contrae una deuda con la mafia y para saldarla deberá prestar su casa para filmar una película pornográfica. Entonces, en una escena, hay dos señoritas a punto de entrar en acción hasta que irrumpen Lenny y Carl. “¡Oh, por Dios! ¡Susana Giménez!, exclama Lenny al ver a una de las actrices. La explicación que resuena con mayor fuerza a esta participación bizarra de “Su” es la que Marina Huerta, directora de doblaje de Los Simpson en español, invitada al legendario programa de la diva, mantuvo un diálogo ameno con Susana Giménez. Dicen que en el off habría circulado una promesa de incluirla en algún capítulo. Y efectivamente, cumplió. Susana Giménez, la estrella porno de Los Simpson. Como curiosidad, Telefé, canal que históricamente emitió Los Simpson en Argentina, corta esta escena en sus repeticiones.

Argentina en Los Simpson

Capítulo: La Casita del Horror II (Treehouse of Horror II, 1991)
Referencia: Abrazo de representantes de Inglaterra y Argentina en las Naciones Unidas.

Capítulo: El heredero de Burns (Burn’s Heir, 1994)
Referencia: Krusty cuenta que tomaron Las Malvinas.

Capítulo: Bart contra Australia (Bart vs. Australia, 1995)
Referencia: Señalan a la Argentina en un globo terráqueo.

Capítulo: El viaje misterioso de nuestro Homero (The Mysterious Voyage of Homer, 1997)
Referencia: Nombran a Los Pimpinela. Otro de los guiños del doblaje latino.

Capítulo: El anciano y el estudiante con malas calificaciones (The Old Man and The “C” Student, 1999)
Referencia: La representante olímpica de Argentina en los Juegos Olímpicos propone a Buenos Aires como organizador.

Capítulo: La agridulce Marge (Sweets and Sour Marge, 2002)
Referencia: “¡Para que aprendas, Bariloche!”, grita un llenísimo Homero. No aparece en el audio original.

Capítulo: La décimo tercera casa del horror de Los Simpson (Threehouse of Horror XIII, 2002)
Referencia: “Amorsis” y “Soy el más gato” como homenaje a ¡Mariano Martínez!

Capítulo: Krusty va a Washington (Mr. Spritz Goes to Washington, 2003)
Referencia: Palito Ortega como ejemplo de política.

Capítulo: Hoy soy un payaso (Today, I Am a Clown, 2003)
Referencia: “Argentina debe devaluar para pagar su deuda”. Fuerte.

Capítulo: La presidenta usaba perlas (The President Wore Pearls, 2003)
Referencia: Lisa, la Eva Perón (ojo, de Alan Parker) de allá.

Capítulo: La hoguera de los manatíes (Bonfire of the Manatees, 2005)
Referencia: ¡Susana Giménez! (Ver: “Susana Giménez, el porno y Los Simpson”.)

Capítulo: Rafa, el elegido (E. Pluribus Wiggum, 2008)
Referencia: “Me gustaría una dictadura militar como la de Juan Perón”. ¿Fuerte? ¡Fuertísimo!

Capítulo: Campeones Olímpicos (Boy meets Curl, 2010)

Referencia: Argentina sale tercera en los Juegos Olímpicos.


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