Artículo sobre Need for Speed

Escribí un artículo sobre la película de Need for Speed para el Suple NO, de Página/12.

Paul Walker no murió. Los puntos de contacto entre Need for Speed y Rápido y Furioso, está claro, son unos cuantos: sonidos de motores imposibles, millones de caballos de fuerza que empujan carrocerías nunca vistas, varones rústicos, chicas sexys que acompañan la cuestión, malos muy malos, rivalidades absurdas, carreras por aquí y por allá. No faltará el espectador que, ante tanta espectacularidad, diga “¡fuaaa!” o exclame “¡wooou!” pero por favor –por favor-, pase lo que pase, no le pidan a estas películas un verosímil. No lo tienen, tampoco tienen por qué tenerlo: es cine de carreras, se terminó.
Entre tanto ruido de caños de escapes, una es la pregunta que emerge después de tamaño golpe de efecto: ¿Hay vida después de Breaking Bad? Es que la (nueva) cara más famosa de la humanidad, la de Jesse Pinkman, la de Aaron Paul, protagoniza esta fábula veloz personificando a un Steve Mc Queen con campera de Drive en la que habla poco y hace mucho. Y sale airoso de todo, todo, todo. Hasta de cargar nafta en movimiento.

En su momento, Paul pasó por la entonces famosa serie Melrose Place y creyó que tenía su futuro resuelto. Su devenir no fue por ahí: luego de esa experiencia, estuvo seis meses desempleado. Naturalmente, no sucedió lo mismo post-metanfetamina y su boom catódico a nivel mundial. Finalizada Breaking Bad, no estuvo ni cinco minutos sin trabajar. Ring, ring, sonó el teléfono. Era Steven Spielberg ofreciéndole el protagónico de Need for Speed. Y por acá, con esta jeta conocida ocupando el primer lugar de todos los pósters y afiches, anda la respuesta de Disney (y, por extensión, de Electronic Arts) a esa leyenda popera y anabólica que es Rápido y Furioso. El link es directo, existe.

Parecen naves, son autos. Tres GTA Spano –googlear para creer- se lanzan en una carrera campo traviesa. Su velocidad llega de 0 a 100 Km/h en 2,9 segundos. Hay llantas, hay alerones: el gustito es a tuning. Son autos que parecen naves y su uso está prohibido en autopistas. Pasan, sin solución de continuidad, al resto de los bólidos –que no son competidores, son obstáculos en movimiento- como si allí no hubiera nada más que un montón de kilos de chatarra. Dos de ellos chocan, uno explota por el aire. La escena –crucial- pertenece a la película de Need for Speed pero bien podría ser de cualquiera de sus más de veinte versiones videojugabilísticas. O, incluso, de cualquier Rápido y Furioso.

La saga de videojuegos Need for Speed –que data de 1994 y ahora estrena su mejor versión, NFS: Rivals, en PlayStation 4, Xbox One, PC y otras- es conocida por sus persecuciones policiacas y sus carreras clandestinas. Y ahora, en cines, entroniza su efecto vertiginoso en los músculos de un par de muchachos rudos y en anatómicos fierros que vuelan por el aire. El olor al videojuego es fuerte en todos los fotogramas: mientras el biru, biru de la policía se hace presente, estos autos, literalmente, vuelan. La caricatura de Rápido y Furioso convive sin mayores problemas con la de Need for Speed: historias gomosas pero no por eso menos entretenidas.

En la ficción, Tobey (Aaron Paul) es un piloto callejero y mecánico especializado en muscle cars –la gema es el Ford Mustang Shelby GT 500, más sexy que cualquier culo Reef, Jennifer López, David Beckham o todo XVideos junto- que termina condenado a la cárcel por un crimen que no cometió. Al salir, tendrá un solo deseo: ajustar cuentas con el responsable de su injusto encarcelamiento. Así, se lanzará a una carrera por todo el país buscando venganza pero también redención.


Está claro que por un tiempo, cada vez que veamos a Aaron Paul, se reflejarán los rasgos del narco bueno –es un decir- de Jesse Pinkman. Sin embargo, de aquí en adelante, Paul tendrá una nueva responsabilidad. ¿Cuál? La de despegarse de otra figura que no es la suya pero que, en parte, se inspira, pispea, emula. Y el vientre de ballena de la cultura pop guarda un secreto bajo su triperío viscoso: Paul Walker no murió, vive ahora en Aaron Paul ¿Walker?

Entrevista en Piloto en La Tribu, por FM La Tribu

Hablé sobre cultura pop, cine, porno, música y más en Piloto en La Tribu, por FM La Tribu. Acá, el audio.

Sketch: Anchorena eran los de antes

El fracaso es completo: actué en porno... ¡pero en radio! El sketch se llama "Anchorena eran los de antes" y actúan Demián Aiello, Lorena Mexy, Emilio Ferrero y Guadalupe Cuevas. Episodio II del programa "Todo por la anécdota", por CicloP Radio.

El Escorpión, de René Higuita

El Suple No tiene una sección mundialista: Filhos Nuestros. Ahí, escribí una nota sobre El Escorpión, de René Higuita. Gloria y loor al Danny Trejo del fútbol.

Unos 100 kilos de puro café vuelan por el aire. Una pelota planea mansa hacia los tres palos. Una melena enrulada y unos bigotes jamaiquinos se pasean alegremente con el viento. La pirueta es extraordinaria, nunca vista, única en el planeta. Después de medir precisión, de un tacazo doble y por encima de su espalda, René Higuita rechaza el avance rival. Al concretar su destreza, mira al resto con cara de travesura. Se limpia las rodillas, sonríe y sigue con la suya. “La sacó Higuita, una locura, una maniobra increíble. El sabor estaba en el fondo y no me diga más”, grita eufórico el relator William Vinasco Ch. Es la jugada más parecida a Hollywood que ha dado el fútbol profesional: El Escorpión. Bueno, Hollywood o Los Supercampeones, da igual, es lo mismo. ¿Hubo paro cardíacos? Es muy probable. Y en su afán por la pomposidad, Higuita paralizó al mundo con una jugada demencial. “Está loco”, pensaron sus compañeros. “Me morí de la risa pero en verdad pensé que estaba loco”, le dijo al NO el Pibe Valderrama, el más grande jugador de la Selección Colombia. Y aquel equipo, que tenía en sus filas a muchachos como Faustino Asprilla, Freddy Rincón, Adolfo “El Tren” Valencia y otros, era un show de fútbol constante. Toque, pase, sombrerito, trote corto, galera y bastón. Hoy, los mismos colores tienen en sus filas a cracks de la talla de Radamel Falcao, Teófilo Gutiérrez y James Rodríguez, pero no es lo mismo. Ahí había personalidades pero mucho más smowing. Para colmo de males, ¡Falcao está lesionado y se puso en duda su participación en el Mundial! Y en el balance, El Escorpión, que fue hecho en un amistoso contra la mismísima Inglaterra en el igual de mismísimo estadio de Wembley (otro dato: la catedral del fútbol estaba a capacidad colmada), es -sin dudas- la mejor jugada hecha por un colombiano jamás. Quedó claro: para romperla no hacen falta goles, tampoco caños o campeonatos. Higuita lo hizo en un amistoso, de visitante y en un 0 a 0. A nadie le importó el resultado de aquel match. Así las cosas, el Danny Trejo del deporte más lindo del mundo sumó delirio a un fútbol por demás delirante –el de los ochenta y noventa fue tan colorinche como fabuloso-, motivo por el cual se convirtió en un héroe del rock. Es bandera: René Higuita es rock. Siendo portero, convirtió 44 goles, se retiró a los 42 años de edad y hoy, desde hace cuatro, trabaja como entrenador de arqueros en Arabia Saudita. Cayó en las drogas, le ganó solito a River Plate (por Copa Libertadores, en 1995, se atajó todo, incluso un penal y hasta metió un gol de tiro libre), filmó publicidades y, dicen, fue amigo del célebre narcotraficante Pablo Emilio Escobar Gaviria. “Le digo loco de cariño pero está loco, eh”, cierra Valderrama. En septiembre del próximo año acontecerá el 20º aniversario del Escorpión. Y este fútbol de máquinas perfectas –de cuerpos fibrosos, robóticos, con goles fabricados en laboratorios- extraña la humanidad de esos 100 kilos de puro café que, paradójicamente, podían volar. 

Entrevista a Carlos "El Pibe" Valderrama

Lujos del Periodismo. Entrevistar a Valderrama fue, para mí, que el fútbol significa todo (todo, todo; insito y desarrollo: todo lo que sé de la vida lo aprendí en una cancha de fútbol), uno de los más grandes momentos de mi (¿corta? ¿mediana?) carrera periodística. Gracias, Periodismo. Gracias, fútbol. Gracias, Pibe. 

El texto fue publicado en el Suple NO, del diario Página/12.

Todos los pelos el pelo

Es necesario dejarlo sentado de entrada: como todo el mundo, tiene dos ojos, una nariz, una boca y un corazón. Sin embargo, se corta solo por una particularidad que lo hace distinto a los demás: su pelo. Hablar de rizos dorados es ser injusto con su porra descomunal. Completan el semblante una anchoita oscura, el acento cafetero y un 10 en la camiseta. Cosas que hizo esa porra descomunal: ser el mejor jugador en la historia de un país de arterias netamente futboleras como Colombia. Y ahora, además, pasándose de jurisprudencia, ese mejor jugador de fútbol es actor. Carlos “El Pibe” Valderrama es actor.

“Siento que la gente en Argentina me quiere porque jugué bien al fútbol”. Y tiene razón. También se lo quiere porque, tras mantener su look personalísimo durante tantos años, más su ascenso canónico en el entramado de Internet, se ha convertido en una suerte de Chuck Norris del fútbol. Vale la aclaración: en esa lógica, René Higuita es nuestro Danny Trejo. Hombres queridos por su obra y agigantados por el paso del tiempo y la bilis cibernética. Héroes que, sin armas, con sus miradas de chacales, un quiebre de cintura o un Escorpión, pueden contra todo.

Valderrama vino al país para promocionar Por un puñado de pelos, el nuevo film de Néstor Montalbano. “Llegué a la película por sorpresa. Pensé que era una broma. Hablé con la familia, me encarreté con el director y cuando me llamó confirmé que era en serio”, dijo El Pibe. “Montalbano me dio la oportunidad de expresarme como soy”, agregó. En la ficción, el hombre de la porra descomunal hace de Nemesio, el alcalde del pueblo encargado de cuidar los recursos. Ahí tiene que proteger un agua bendecida que tiene la particularidad de hacer crecer el cabello. Sí, él, el de la porra descomunal, protegiendo un agua que hace crecer el cabello.

Actualmente, Valderrama maneja una academia de fútbol en Pescaíto, el barrio colombiano que lo vio crecer. Por otro lado, pese a que el 4 de febrero se cumplieron diez años de su retiro profesional, sigue participando de un torneo sub-50. “Lo mejor son los asados y la cerveza post partido”, dirá. Además, nunca se separó de aquella mítica selección que clasificó tres veces al mundial y que, en un punto alto, venció 5 a 0 a la Argentina –en el año 1993, y con Goycochea, Ruggeri, Simeone, Redondo y Batistuta en cancha- en el Estadio Monumental. “Lo que viví en la selección no lo voy a olvidar nunca. Nos seguimos viendo todos. Las empresas nos contratan una vez por mes para jugar contra sus empleados. Algunos están gordos, otros se mantienen”. La Selección Colombia, La Grande, contra empleados de cualquier empresa. Y más de uno se entusiasmará pidiéndole a su gerente resignar aguinaldo con tal de pisar el mismo césped que aquellas leyendas. Pero Valderrama quiere seguir actuando: “Si sale la oportunidad, vamos a aprovecharla”.

Por un puñado de pelos, la película en cuestión, cuenta la historia de Tuti Turman (Nicolás Vázquez) un joven millonario que sufre de alopecia. Por el festejo de los 100 años de su abuela, el portero de su edificio (Daniel Ferreyra, ganador del concurso Talento Argentino de 2009) deberá viajar a su pueblo donde, según la fábula del Santo Chapí, hay una cascada cuyas aguas hacen crecer el pelo. Al enterarse, el pelado Tuti se ofrece para llevarlo. Una vez allí, no sólo su cabellera volverá a tener frondosos pelos sino que verá una oportunidad para hacer dinero poniendo un centro de recuperación capilar. Para lograrlo, deberá lidiar con todos los personajes y creencias que desfilan en el lugar.

“Ustedes me cambiaron la vida”, dijo Néstor Montalbano que le dijo una generación entera. Es que Montalbano dirigió De la cabeza y luego Cha Cha Cha, dos de los ciclos televisivos hitos en la comedia local. Más tarde, después de su paso como director de Sábado Bus, volvería al humor con Todo por dos pesos. “La repercusión a mis productos llegan dos o tres años después. Es que si todos los diarios están diciendo ‘el delirante, ‘el loco’, ‘cine fumado’, hay un público que queda segmentado. Y en ese prejuicio, no le llegás a lo masivo”, menciona el director de Cómplices, Soy tu aventura, Pájaros Volando y ahora responsable de Por un puñado de pelos. “Recién estoy disfrutando de Pájaros Volando”, agrega Montalbano. “La gente es exigente en todos los aspectos y creo que la película va a gustar”, se suma El Pibe y asegura, asimismo, que le gustó mucho Soy tu Aventura.


Ante el advenimiento del mundial y dada la talla de un jugador de estirpe internacional, las charlas viran naturalmente hacia el fútbol. “Estamos optimistas con la Selección Colombia”, son las palabras que salen de la boca del 10. Por su parte, ve muy bien a la Selección Argentina (“ojalá salga campeona”) y su mayor deseo es que el título se lo lleve cualquier sudamericano “para que la fiesta no se la lleven los europeos. Si hay fiesta es para que la familia la goce”. El Pibe reconoce a Messi como “el mejor de ahora” pero lo diferencia de Maradona por ser “el mejor de todos”. Completa: “Con Maradona teníamos una asimilación, lo quiero mucho. En mi época, ver a un jugador como El Pelusa era muy difícil”. Y de nuevo, las porras descomunales. Aquella insignia que completó la magia de sus pies –¿lo recuerdan en la tapa del International Superstar Soccer Pro ’98 respondiendo al nombre de “Murillo”, no?- sigue siendo una rara avis en la palestra de peinados. “No me corto el cabello desde los quince años. Siempre lo tuve igual”. Menos mal. Si no, a rezarle al Santo Chapí que, como el Diego, como Valderrama, es el patrono de la buena vida y el cabello.

Co-conductor invitado en El Crucero del Amor

El miércoles pasado estuve de co-conductor en El Crucero del Amor, por Nacional Rock 93.7. Hablamos de porno, hipsterismo, música, fútbol y nerdeadas varias. Acá, el audio.

El rol en la cultura pop

Escribí una nota sobre el rol en la cultura pop para el Suple NO, del Diario Página/12. Acá, pueden leer la versión online.

Es una noche cualquiera de la década del ’90. Desde un sótano oscuro, en una casa cualquiera, ruedan los dados de diez caras. Unos gordos –cualquiera- sudan olor a papas fritas de segunda marca mientras se secan la frente con un manual de Dungeons & Dragons. La imagen es vieja. Ya está: sobran los diplomas para decretar la victoria de la nerdencia. Lo nerd, ahora, es cool. Y sanseacabó. Entonces, a ese pecho lleno de medallas posmo hay que colgarle una más: el rol es, también, un territorio ondero.

Algunos misterios existen. Y tiene que haber sido un misterio (digamos misterio a todo aquello que es preferible ni siquiera saber por qué no conviene nombrar, enfocar y explicar) lo que empujó a que una suerte juego de mesa llevado adelante por frikis -donde se habla de habilidades, características físicas, valores y cuya mayor fuente recreativa es la imaginación- encuentre, hoy, su amarre definitivo en las turbulentas aguas de la cultura de consumo.

Dando cuenta de aquel cambio rotundo, el cine de Hollywood y en especial la llamada Nueva Comedia Norteamericana, pusieron al rol de cara a la aceptación global. Se sabe: históricamente, jugar rol era parte de un rictus marginal y vedado. Desde los preconceptos, tal vez, se trate del último escalafón de la nerdencia. El ejemplo más claro es aquel episodio de Los Simpson –que siempre funcionan para pintar aldeas- donde Homero va a la universidad. Ahí, conocerá a los estudiosos del campo. “Jugamos Calabozos & Dragones durante más de tres horas... y me aniquiló un duende”, dirá el más granudo de la pandilla. Lo mostró The Big Bang Theory, lo remarcó Community: esa era la visión que se tenía –hasta hace nada, los preconceptos pesan- de este universo. Aunque la verdad, si bien duele como espadazo en cota de malla, tan sesgada no estaba.

Según alguna enciclopedia online, un juego de rol es “un juego en el que, tal como indica su nombre, uno o más jugadores desempeñan un determinado rol, papel o personalidad. Cuando una persona hace el papel de X significa que está interpretando un papel que normalmente no hace”. En criollo: son unos juegos de mesa pero mucho más nerdosos. Imaginen hacer de eso una tendencia. ¿Imposible? No, Hollywood pudo. Y desde allí, un axioma que devela misterios: el nerd consume y la sociedad de consumo necesita de ellos. Entre tanto, se los pone en un lugar de importancia y ellos dignifican, cumplen y gastan.

Por eso, en Role Models, Paul Rudd, Sean William Scott (¡Stifler!) y Christopher Mintz-Plasse (¡¡¡Mc Lovin!!!) protagonizan una historia donde dos vendedores reciben la pena de hacer trabajo social tras estrellar una camioneta de su empresa. Ante tal circunstancia, deberán cuidar de un adolescente asocial –fanático acérrimo del rol- y de un chico de diez años muy maleducado. Más color: trabaja Ken Jeong, el chino de la trilogía de ¿Qué pasó ayer? Aquí, en este film del 2008, se entroniza la sentencia del “nerd antisocial”. Se enarbola, asimismo, una figura caricaturesca de los otrora rústicos -¿dejaron de serlo?, ¿desde cuándo?, ¿por qué?- jugadores de rol. Sin embargo, su aparición pone luz donde –antes- sólo había sombras.

¿Natalie Portman y Zooey Deschanell en una película de rol? Ni la mente más insana podría haber imaginado -tiempo atrás- esta situación. Pero ya está, la cosa cambio. El visto bueno de la industria del entretenimiento posicionó a los márgenes en el centro de la escena. Y en 2011, Your Highness, con Danny McBride y James Franco a la cabeza -héroes legitimados de la nueva, nueva, nueva nerdencia, junto con Jonah Hill, Seth Rogen, Katherine Heigl, Michael Cera, Zach Galifianakis, Andy Samberg, Jesse Eisenberg, Jason Segel, Kristen Wiig, Ed Helms y otros tantos ñoños pop-, terminó por darle forma a esa argamasa imposible que fue poner el rol en el mainstream.

Así las cosas, con un saludable ritmo cardiovascular de estrenos medievales –un bombazo de sangre, fluidos y conjuros cada tres años-, este 2014 regalará al mundo otra de nerdos en situación de batalla: Knights of Badassdom. Y si bien hace tiempo que los primeros esbozos –El corazón del guerrero, del 2000, largometraje protagonizado por Santiago Segura, y The Gamers, del 2002, con su perfil paródico- quedaron relegados como intentos entusiastas, en esta flamante comedia protagonizada por Peter Dinklage se encuentra, por fin, el certificado del “rol para las masas”. Una mala: probablemente no llegue a los cines locales. Una buena: rol en vivo con el enano de Game of Thrones.

De esta manera, los personajes que pululaban las historias de tableros, dados y maldiciones ahora tomaron la pantalla grande. También la chica, conviertiendo el flacucho músculo de los videojuegos de rol en un Leviatán peludo y baboso. Y, por qué no, invitando a repensar el difuso límite entre fantasía y realidad: a la sazón, siempre resulta un ejercicio interesante recordar el nefasto incidente donde –supuestamente; y aquí los medios se encargaron de inflar la cuestión rociándolo con nafta amarillista- un muchacho español asesinó a su familia creyéndose Squall Leonhart, el protagonista del Final Fantasy VIII. En ese entonces, el rol se tiñó de caso policial. Y el chusmerío se encargó de enchastrar algo que, en rigor de verdad, estaba impoluto: “los roleros son asesinos” y otros cuentos cortos.

Entrándole por otra vía, dos son los games que abollan el costado pop del rol moderno: por un lado, The Witcher; por otro, The Elder Scrolls Online. El nuevo The Witcher, que está cada vez más cerca del cancherismo gráfico de The Last of Us o Max Payne 3 que del vuelo old school de Elder Scrolls, representa una experiencia distinta a la mayoría de los RPG (rol-playing game). Basado en la saga homónima de libros del autor polaco Andrzej Sapkowski, The Witcher cuenta la historia de Geralt de Rivia, una suerte de Nippur de Lagash nórdico, un brujo a sueldo cuyo objetivo es cazar monstruos y demás. Asimismo, la granada de estruendo que significa el advenimiento del The Elder Scrolls Online –que ya tiene fecha de lanzamiento prevista para abril del corriente- deviene en la posibilidad de jugar en red –oh, gloria y loor- con la misma libertad de planeamiento y extensión territorial que tienen sus cinco versiones offline.


Sujeto a un carácter transitivo que contiene juegos de rol, películas, historietas y videojuegos, hay una novedosa forma de ver las cosas. Entonces, ante el intento genuino de quienes forman parte del riñón más profundo de la nerdencia, de las empresas que ven allí un nicho provechoso y de las ínfulas posers por consumirlo todo antes de que sea viejo, una verdad aflora entre todos los misterios posibles: el triunfo, por suerte, y ahora más que nunca, es de los nerds.

Ciclo: "Yo le digo NO a la trata"

Escribí una nota sobre el ciclo "Yo le digo NO a la trata" para el portal Infojus Noticias, del Ministerio de Justicia de la Nación. Acá, el link.

El ciclo de cine “Yo le digo NO a la trata”, compuesto por largos y cortometrajes, busca concienciar a la población, vía trabajos audiovisuales, sobre el delito de la trata de personas para la explotación sexual. Organizado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y la Fundación María de los Ángeles, el ciclo se lleva a cabo en el Espacio Cultural Unzué (ex Asilo Unzué, en Río Negro y el mar), de la ciudad de Mar del Plata, todos los viernes de enero y el 7 de febrero, a las 19.30Hs. Aquí, un resumen de la programación. 

La Guayaba, de Maximiliano González 

Florencia, adolescente de 17 años, vive junto con sus cuatro hermanos en una humilde casa de las afueras de Puerto Iguazú, en la provincia de Misiones. Será engañada con una promesa laboral y forzada a trabajar en un cabaret rutero. Desde el drama social, “La Guayaba” (2012) muestra las humillaciones y torturas que recibe siendo una esclava del lugar. “Creo que ningún otro arte como el cine ha conseguido reflejar y transmitir las diferentes culturas y problemáticas de un lugar y una sociedad hasta universalizarlos, creando una conciencia colectiva sobre esa realidad”, dice a Infojus Noticias Maximiliano González, su director. Y agrega: “Lo que intentamos es lograr hacer visible esa problemática a través de la ficción, abriendo así el debate de cómo vemos esta situación delante nuestro y al mismo tiempo la sociedad parece mirar para otro lado”. 


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Nina, de Sofía Vaccaro 

En una colonia rural de Oberá, en Misiones, vive Nina, una joven de 16 años que trabaja en una chacra para ayudar a su familia. Y aquello, por caso, le ocasiona un problema: no puede ir a la escuela. Un día, será tentada a viajar a la Capital a raíz del ofrecimiento de un trabajo como niñera. Por su parte, Lourdes, su prima, también recibirá una oferta similar. Ambas serán víctimas inocentes de una pareja que se encarga de captar jóvenes humildes para ser explotadas sexualmente. Basado en hechos reales, el film aborda la temática del reclutamiento, tráfico y trata de niñas con fines de explotación sexual. Asimismo, “Nina” (2010) forma parte de un programa de educación y sensibilización sobre esta problemática en las escuelas secundarias. “Empezó como un proyecto local pero, por abordar esta temática de una manera amena, hizo posible trabajar la película con adolescentes y a nivel preventivo, con los fines de sensibilizar y debatir en torno al tema”, dijo Sofía Vaccaro, su directora, en una entrevista con la Universidad de Cuyo.  

Entrevista a Sofía Vaccaro: https://www.youtube.com/watch?v=vISjfGyElPA  

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MalTRATAda, de Claudio Posse y Natalia Masseroni 

“MalTRATAda (2013) es un docu-ficción que aporta en el esclarecimiento sobre la trata de personas con fines de explotación, teniendo en cuenta la matriz cultural de la sociedad capitalista y patriarcal”, comenta a Infojus Noticias Claudio Posse, uno de los realizadores del film. “Uso la peli como una expresión de militancia”, añade. La película fue declarada de Interés para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos de la Ciudad por la Legislatura porteña. Y refleja la estructura y el negocio de la trata de personas en Argentina recorriendo diferentes testimonios y situaciones que develan una arquitectura mafiosa. ¿Hay connivencias? Sí: del poder político, las fuerzas de seguridad, los medios de comunicación, los empresarios y hasta de la Justicia. “El primer contacto que tuve cuando empecé a realizarla fue con Susana Trimarco e inmediatamente con Zaida Gatti. Desde su lugar, ambas me cambiaron el bocho. Yo tenía una visión muy progre del tema y terminé tomando una postura más compleja del tema”, agrega el director. “Lo que más me interesó es mostrar el rol del Estado y develar que sin su participación, el tema no es solucionable”, concluye. 


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La Mosca en la Ceniza, de Gabriela David 

Por alguna razón, en el programa Periodismo Para Todos, el periodista Jorge Lanata despotricó contra “La Mosca en la Ceniza” (2010). Por eso, en respuesta, su productor Enrique Angeleri escribió una carta pública donde instaba a Lanata a que “se rectifique públicamente de sus afirmaciones” debido a que “con información infundada e incompleta, tergiversa, desacredita y agravia a la cineasta”. “La Mosca en la Ceniza” es un drama que gira en torno a la amistad de dos jóvenes del interior del país que, mediante engaños, son traídas a la gran ciudad para ser explotadas como prostitutas. Con un elenco clase A –Luis Machín, Luciano Cáceres, Cecilia Rossetto, Ailín Salas, Dalma Maradona y la lista sigue-, el largometraje obtuvo respaldo del público y la crítica, además de engordar su palmarés con premios de varios festivales. Lamentablemente, Gabriela David, su directora, falleció en noviembre de 2010, luego de pelear contra una grave enfermedad durante quince años. 


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Bajo el cielo azul, de Martín Salinas 

Hay una chica sentada sobre un palote de madera. Canta una canción de amor. No hay más palabras: aquello basta. ¿El escenario? Una choza en Corrientes a la hora de la siesta. Ahí, unas niñas juegan: se visten, se pintan, se lookean. Juegan, sí, a ser adultas. Una chica se esconde en el río y luego entrega un dinero sobre la mesa. Un auto llega a la puerta de la choza y la chica que canta se sube. Inmediatamente otra, una de las que jugaba, ocupa su lugar. Silencio y, desde allí, una verdad contada con simpleza. El  cortometraje “Bajo el cielo azul” (2012) mezcla la inocencia con la perversidad. Y logra su cometido: señalar con el dedo una problemática que está a la vista de todos. 

Corto completo: http://vimeo.com/48776449  

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Trata, de Víctor Postiglione 

La película refleja la búsqueda de un padre que utiliza sus propios medios para salvar a su hija, víctima de la trata de personas. “En mi peli toco el punto de vista de la familia y los recursos que utilizan para buscar a las victimas. Uso el punto de vista de un padre, algo que se ve muy poco”, dijo el cineasta Víctor Postiglione a Infojus Noticias. El corto “Trata” (2011) consigue transmitir los ambientes oscuros, plomizos y asfixiantes que giran alrededor de una joven secuestrada. Postiglione: “Mi idea fue dejar un mensaje optimista y esperanza para las personas que hace tantos años andan en la búsqueda de sus hijos. Para que no los dejen de buscar”. 


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Las rutas de la trata, de la Fundación María de los Ángeles 

La ruta es el tejido que une geografías. La ruta, también, guarda un secreto. Por su pavimento se trasladan para el comercio: ganado, granos, productos industriales pero, también, personas. La Fundación María de los Ángeles y La Casa del Encuentro realizaron este cortometraje con el objetivo de sensibilizar a chóferes de camiones en el tema de la trata de personas. Este trabajo viene a acompañar una acción concreta: la firma de un convenio con la Federación Argentina de Entidades Empresarias de Autotransporte de Cargas (FADEEAC) mediante el cual se capacitarán a más de 330 mil conductores por año. El documental arroja cifras escalofriantes: en la actualidad, hay más de 12 millones de personas víctimas de las redes de trata. Y de esa cantidad, 1.2 millones son niños y niñas. El dato: 145, disponible las 24Hs, es el número a conocer para hacer denuncias en contra de la trata.  

Roller derby en Argentina

Escribí la nota de tapa sobre el furor del roller derby en Argentina para el Suple NO, del Diario Página/12. Acá, la versión online. Además, alguien hizo un tópic en Taringa donde se habló de la nota.


Por Hernán Panessi 

“Si quieren este campo, primero tienen que anotar un gol”. Mientras, un rugbier lanza con fuerza una pelota del tal deporte. El destino, un arco de fútbol. Y aquel dilema tiene por objeto quedarse con la cancha. Que es la única, de todos y de ninguno. La misma escena se repite con un jugador de handball. Luego, con uno de baseball. Todas las situaciones tienen un mismo final: el arquero ataja lo que le tiran. Claro, debajo de los tres palos está Benji Price. Y aquella escena correspondiente a Los Supercampeones tiene su espejo –casi perfecto, su doppelgänger- en algún lugar del centro-sur de la Capital Federal. Ahí, una docena de kickboxers, un puñado de skaters, dos equipos de fútbol, cinco breakdancers y hasta una nena persiguiendo la blancura de un panadero tienen como objetivo quedarse con la pista. Y los Benji Price de esta situación serán los Thunderquads, uno de los primeros equipos masculinos de roller derby en Argentina. Ellos, con su bravura, se quedarán con el campo. 

Shzzz. Una muchacha petisa de contextura física delgada y huesos gráciles se estrola de jeta contra cuatro mujeres gigantes tamaño XXL. Forcejean. La petisa logra esquivarlas. Da una vuelta completa a la pista. Festeja un tanto. Shzzz: el sonido que hacen los patines tras deslizarse por la pista. En uno de los costados, una gran mancha negra sobre una pared blanca devela las huellas de un crimen gozoso: ahí, donde no hay más que espacio libre, se cocinaron hamburguesas. En la pared, un póster arrancado de Los Olestar. Y de fondo, un sonido MP3 esputado por un parlante desconado invita al baile. El lugar, Parque Chacabuco. Allí entrena el Team Argentina de roller derby femenino. “Fuimos al mundial con ocho meses de roller derby encima”, dice María Marta Berdiñas, también conocida como Barbiturik, la más suelta y verborrágica de las chicas. Ella es abogada, tiene 38 años y aprendió a patinar hace dos. Aún así, es una de las jugadoras más aguerridas del país. Hay que decirlo: en 2011 se realizó el mundial de roller derby en Canadá. Argentina terminó última. Sin embargo, aquella experiencia fue niveladora: incorporaron data, se hicieron de contactos, prometieron volver. Es que el deporte nació en la década del ’20 en -¿dónde más?- los Estados Unidos. Se popularizó en los ’70 y hoy, allí, aunque persiste en instancias de profesionalización, devino en la mayor potencia en el mundo.  

El roller derby es un deporte basado en el patinaje sobre ruedas formado alrededor de una pista oval. Sí, aquí no hay pelota. Es un deporte predominantemente femenino –aunque es practicado por hombres y hasta existen partidos mixtos- que bebe de las mieles de la subcultura punk y, fundamentalmente, del grrrl power feminista. En lo estrictamente formal, se juegan dos tiempos de media hora cada uno. Las canchas, que pueden ser de cemento alisado o de baldosas, tienen dimensiones oficiales de 20 x 30. Y la edad mínima para participar es de 18 años. “Tuve mil nombres. El nombre te encuentra”, señala Mojo Jojo, de 43 años, uno de los más veteranos del país. ¿¡Mojo Jojo!? Es que, para identificarse, cada jugador desdobla su personalidad en un “derby name”, un alter ego para la pista. Ajám, aunque su DNI rece Andrés Parra, él es Mojo Jojo. A la sazón, sobre las espaldas transpiradas aparecen derby names de los más pop como Hulka, Turbo Negra, Beetlejuice, Carla Skywalker, Armando Barreda, Juggernaut, The Beast, Obi Jwan o Batman. Del mismo modo, son de la partida equipos como Alianza Rebelde (la fuerza de resistencia del universo Star Wars), oriundos de La Plata, o Death Star (La Estrella de la Muerte, también de Star Wars), de Mendoza, o Pink Flamingos (haciéndole honor a aquella gema trash del ídem John Waters), nativos de Capital Federal. Por su parte, es muy común ver en las espaldas de los players el número 314 por Pi (¡neeeerds!) o el 1 por “one up” (una vida extra, concepto tomado de los videojuegos). Una particularidad: en instancias mundialistas, a la selección argentina masculina se le sumará Rafael Guevara, Sin Diesel (por Vin Diesel, claro), un gringo-criollo que vive hace años en Washington D.C. Así, el roller derby, que invadió nuestro país en estos últimos años, ya ha encontrado, más rápido de lo que se desliza un patín, su propio mecanismo referencial. Y, no hay dudas: se expande como un virus, crece como una epidemia, se instaura como la vanguardia, de la vanguardia, de la vanguardia. Así, entonces, todas estas personas abandonan sus vestiduras, sus trabajos, sus amores, sus problemas, para entregarse al fino arte del amasijo: roller derby es contacto físico. Y el que no lo hace, pierde.  

“Es, fundamentalmente, un deporte en equipo”, apunta Eterna Inocencia, seudónimo de Anabela Chasampi Philco, una de las pioneras circa 2010, cambiándose –el pantalón oscuro por una calza cortita- para entrenar. Basado en dos pilares –la estética y el contacto-, el roller derby populariza su camino a fuerza de proselitismo y voluntad. “Pagamos una cuota de $50 por mes para generar movidas: comprar las camisetas, hacer flyers y esas cosas”, agrega Pablo Esquivel, que responde al alias de Optimuz Quad y es, según coinciden compañeros, rivales y aficionados, el Messi del deporte. Eterna Inocencia y Optimuz Quad son pareja. Ella es jugadora de la 2x4; él, un Thunderquads. Y resulta muy común que el roller derby junte parejitas. Muchas, coloridas: sobre la maraña de cuerpos entre atléticos y portentosos, abundan los rayos y destellos de la bandera LGBT. “A las minas les gusta el que se destaca. A los chicos también”, dice alguien al pasar. Y el roller derby es, ante todo, un deporte plural. 

En nuestro país, nace emulando al cine. Allí, un grupo de chicas, cebadas por Whip It, film norteamericano protagonizado por Ellen Page y dirigido por Drew Barrymore, donde unas féminas se pasan de piruetas y feromonas pintando el mundo del roller derby, pensaron que estaría bueno hacer lo mismo que vieron en pantalla. Meses después, tras militar el proyecto, aquella camada inicial se multiplicó. Compraron equipos, agitaron por Facebook, se rasparon los codos, fueron al mundial. “Ahí terminamos de entender bien las reglas”, recuerda Barbiturik. Y si bien aquella experiencia no fue la más fructífera en términos de palmarés, sí lo fue en legitimación. En el mundial, organizado por la publicación especializada Blood & Thunder, Argentina jugó contra Irlanda, Inglaterra, Suecia y Escocia. El dato: muchas de estas selecciones tienen en sus filas a medallistas olímpicas en patín. Otro más: http://rollerderbyworldcup.com/ es el site donde puede revivirse el cuento. Y este año, por segunda vez consecutiva, las All-Stars locales emprenderán viaje hacia Dallas para representar, nuevamente, a nuestro país. La posta: ya son parte del circuito. 

Ahora mismo, al igual que la liga norteamericana, el roller derby femenino nac & pop está en off-season hasta marzo. Para esa fecha, volverán a competir. Mientras tanto, se entrenan duro y reclutan gente. A las nuevas las llaman “frescas”. Serán, más tarde, si gozan de las cualidades y la fidelidad necesaria, parte del equipo de reserva. Las más antiguas, las pioneras, brindan charlas introductorias al deporte. Y, ocasionalmente, como sucedió el año pasado en Mar del Plata, jugadoras clase A del Team USA, vienen al país para brindar clínicas. Así las cosas, el roller derby va profesionalizándose. De hecho, el equipo 2x4 Roller Derby, el Barcelona local, ganó el torneo latinoamericano. Ahí, Hulka, una de sus players más robustas, fue elegida como la mejor bloqueadora del continente. Y las chicas también tienen a su Messi: Macarena Papalardo, más conocida como Makilombera, una muchacha de baja estatura, con habilidad de gacela, capaz de esquivar con facilidad a los tótems más inmensos y sólidos. Ella es lo que se conoce en la jerga como una “triple amenaza”: es jammer, bloqueadora y pivote. En los tres puestos, Makilombera es 10 puntos. Esquiva, saca ventaja, celebra con el puño en el aire. Sus compañeras hacen un gesto de aprobación, sus rivales se agovian. Y gracias a todos ellos, el roller derby –estrolándose, forcejeando, dando vueltas completas- ya empezó a girar y a sumar puntos en nuestro país. Shzzzzzzzz. 

El Messi del roller derby 
“No aguanto más”. Cuando se le pregunta sobre el primer mundial de roller derby masculino, Pablo Esquivel desespera. Jugador de los Thunderquads y, asimismo, capitán del seleccionado argentino, Esquivel fue camionero, pintor y ahora trabaja como albañil. Entrena tres veces por semana y llegó a gastar $1000 dólares en unos patines marca Antik que compró por Internet. Entre tanto, en medio del reconocimiento de sus pares y debajo de la cinta de líder, el Messi del deporte sufre los embates del amateurismo: está lesionado de un brazo –producto de un empujón en pleno partido contra los Buenos Aires Conspiracy, el Boca vs. River local- y pagó, ladrillo por ladrillo, peso a peso, su pasaje a Inglaterra. Es que aquí no hay grandes marcas que patrocinen, acá no existen los contratos millonarios. Tampoco obras sociales. Ni siquiera hay apoyos estatales que sostengan a estos deportistas. Aún así, pese a tales tribulaciones, este Messi de pecho ancho y porte de patinador sagrado, está ilusionado, con muchas ganas y muy esperanzado. Siente que, a fuerza de voluntad y compañerismo, pueden dar un lindo espectáculo. “Ya está el fixture. Jugamos contra Estados Unidos, Canadá y Francia, pero debutamos contra los ingleses”, dice Optimuz Quad. “A Inglaterra le quiero ganar hasta en la bolita”, agrega. 
—¿Crees que el mundial va a ayudar para la profesionalización del deporte? 
—Falta tiempo para eso, pero creo que va a nivelarnos.  
—Si vos sos el Messi del roller derby, ¿hay algún Cristiano Ronaldo? 
—Sí, claro: Thunderbird, Nicolás Manghi. ¡Es buenísimo y se gana a todas las minas! 
—¿Y qué le dirías a alguien que quiere arrancar a jugar? 
—Que venga. Lo lindo es que no hace falta saber patinar para hacer roller derby. Se aprende, yo tuve que aprenderlo y lo hice. 

¿Cuánto vale equiparte para practicar roller derby? 
Suena el silbato y rueda el roller derby. Un puñado de jóvenes se agolpa. Una maraña de brazos se agitan para tomar ventaja. Alguien queda con la cara en el asfalto. Nada pasa, lleva casco. Visualmente, el roller derby regala las mejores postales de la actualidad. Looks colorinches, cuerpos fibrosos, culos duros y musculatura de patín. Sin embargo, una verdad: armarse para practicar roller derby no es barato. Por eso, una rápida visita por Mercado Libre nos muestra que unos patines genéricos valen desde $1040 hasta los $2800 de la marca Riedell. Un par de rodilleras oscila los $500. Las coderas, $250. Asimismo, hacen falta muñequeras para protección. Otros $250 por ahí. Es menester, también, un bucal -para proteger los dientes- que puede encontrarse en cualquier Farmacity desde $25. Por último, el casco: con valores que van desde los $260 hasta los $600. Un cálculo veloz, con lo más barato de la palestra, otorga la friolera suma de $2665. Eso, como para arrancar. Además, hace falta ropa holgada, cómoda, remeras de algodón, joggins o calzas. Y saber que, en general, las ruedas –lo que más rueda y hace rodar la fábula- son las primeras en gastarse. 

Los bañeros más locos del mundo

Defendí a Los bañeros más locos del mundo en La Autopista del Sur, derecho al cine, por AM 750. Porque puedo. El audio, acá.

Todos Somos Discapacitados Emocionales

La cosa es así: Zabo organizó un evento llamado #TodosSomosDiscapacitadosEmocionales. Hubo cine, pintura, stand-up, música en vivo y debates. ¿El lugar? El Universal, en el monono barrio de Palermo Soho. El jueves 16 de enero participé de una charla sobre "El amor, el ego y los miedos" junto con el actor Hernán Morán y el experto en coaching Oscar Schmitz. Lo interesante es que hay un testimonio de aquella charla. Está, de pé a pá, completa, acá.

Porno hipster

Escribí sobre "Porno hipster" en el Suple NO, de Página/12. Acá, la versión online.


Por Hernán Panessi

Podés mirar pero no tocar. Aun así, la onda –siempre- es pertenecer. Como sea. Pero si el acceso infiere posarse sobre un colchón trendy, la experiencia se vuelve más interesante. Y una rápida visita a XVideos, YouPorn, RedTube o a cualquier portal XXX de contenido fragmentado devela, cada día, la creación de nuevos tags. Y la novedad –siempre- es pertenecer. Vale decirlo: desde ahí, mientras la posmodernidad intenta desprenderse de su última vestidura, la industria del mete-saca doblega el cuento inventando el porno indie. Sí, ustedes lo pedían, ustedes lo querían, ahí lo tienen: llegó el porno para hipsters.

Un vaso de Starbucks con el nombre de “April” y unos lentes de marcos gruesos pasados por Instagram enchulan el rostro de una veinteañera deliciosa. La foto, por caso, cumple con todos los requisitos para formar parte del mundo de lo pretendidamente cool en Internet. Clic y podés ser vos, vos o vos. Sin embargo, esa contraseña un tanto genérica –clic, subir imagen, más favoritos, más RT, más popularidad- se ensancha como la más pop de todas las vaginas resignificándose gracias al oficio de aquella “April”: es pornostar y consume muecas del hipsterismo. Su nombre artístico, April O’Neill, alude a la mítica reportera de Las Tortugas Mutantes Ninjas. Y esta nueva y más kinky April O’Neill no es periodista pero sí es fanática de Las Tortugas, tiene en su cuarto un mural de Galactus de Los Cuatro Fantásticos, se hace mechitas violetas en el pelo, va a la Comic-Con de San Diego, come pizzas de pepperoni, se saca fotos en cuatro patas y lo muestra todo, todo, todo en: http://www.heyitsapril.com/

Y sujeto desde un tendal de pura juventud -hay  piercings, ropa vintage y tatuajes cubriendo los pliegues de unos cuerpos perfectos-, se agiganta el hecho de completar una experiencia: la pornstar que deseás es, también, una ñoña como vos. De nuevo: podés mirar pero no tocar. Asimismo, acortando esa distancia plástica de súper voluptuosidad genital tan presente en el imaginario porno de los ochenta y noventa, el porno hipster se acerca al consumidor desde la identificación, desde la empatía y desde cierta sencillez entre impostada y verosímil. Por todo eso, la construcción de personajes reales –afortunados, sí, pero reales al fin- proclama una vivencia íntima entre quien digita las triple W masturbatorias y quien vende su carne para poder pintarse el mural de Galactus en su cuarto, hacerse mechitas violetas en el pelo e ir a la Comic-Con de San Diego.

Un momento: hay que aclarar que el primer password al porno hipster no es otra que Sasha Grey. La misma chancha que se revolcó con un osito de peluche, se chupó las axilas con la puerquísima Belladonna (otra ídola pop, ¿será ella la más extrema?, ¿lo será Cytherea?, ¿Alexis Texas? ¿Rebecca Linares? ¿Lisa Ann? ¿Jenna Haze? ¡Ay!), se tomó su propio meo y desfilo en tanga en cuanto video exista en la red es, ahora, actriz de Hollywood. Ah, y best seller mundial. Ah, y la cultura pop la puso –como al Che Guevara, como a Don Ramón, como a tantos otros- ilustrando las remeras de millones de fanáticos que ven en su rostro a un ícono sideral. Así las cosas, el dato no es menor, marcas de ropa –incluso la local Hang the T-Shirt- usan su cara para vender. Por si fuera poco, actuó con Steven Soderbergh en The Girlfriend Experience. Además, posó para la tapa de “Zeitgeist”, el último disco de Smashing Pumpkins. Y, claro, escribió La Sociedad Juliette convirtiéndose en un fenómeno de ventas. Y Santa Sasha Grey es el ejemplo más completo de la sofisticación hecha en favor de la industria: compra blu-rays del prestigioso sello Criterion Collection, lee alta literatura, nos lo cuenta en Twitter, se toma el meo.

Entre tanto, en la senda de Xuxa o Panám, un poco arrepentida de su “pasado”, otro poco no, Sasha Grey se hace un espacio para leer cuentos infantiles en jardines de infantes. Además, ya metió personaje en la serie Entourage y todo parece indicar que seguirá camino en el cine grande. Mientras, sus fanáticos gastan sus morlacos en el libro que la catapultó al panteón de “autora de culto”. Otra vez: podés mirar y leer, pero no tocar. Y así, destruyó el reinado de esa máquina construida para poner quenchis a las mujeres cincuentonas llamada Las 50 Sombras de Grey y se hizo paso, con justicia y sin depilarse casi nunca el monte de Venus, en el trono por la lit-porn.

No es casualidad que el nuevo gran actor porno norteamericano, lugar de confort donde supieron brillar desde Rocco Siffredi, pasando por Ron Jeremy hasta Kid Bengala (33 centímetros, googlear para creer), sea un hipster: James Deen. Y la misma industria que inventó a un rebelde sin causa como James Dean (el de Rebelde sin Causa, claro) supura a un portentoso varón de características matonas pero, sí, con lentes marco grueso. Por eso, en la fábula de noviazgo chic que venden junto a la actriz Stoya (tienen hasta un site que les rinde homenaje: http://deenstoya.tumblr.com/), puede distinguirse cierto anhelo de modernidad.
Tampoco es una contingencia azarosa que, por ejemplo, James Deen, el Michael Cera del porno indie, quien ya tiene un competidor llamado Dale Cooper (ajám, como el de Twin Peaks), haya sido uno de los primeros en probar los Google Glass en el planeta. De hecho, fue el pionero en hacer una porno –junto con la también hip Andy San Dimas- utilizando los lentes de realidad aumentada. ¿A Deen le falta pop? Pues, hay mucho más pop: ahora, co-protagoniza The Canyons, film dirigido por Paul Schrader, el mítico guionista de Taxi Driver y Toro Salvaje, donde hace de novio de Lindsay Lohan.

Asomándose de ese paraíso posmo que es Tumblr, Hot Hipster Girls (que atiende acá:  http://hothipstergirls.tumblr.com/) recopila lo mejor y más selecto en materia de “chicas hipsters”. Y ante tal furor, develar el entramado de porqués resulta cada vez más simple: el hipsterismo copó la parada en lo social –qué es y hacia dónde va es otro cantar- y la cyber-brecha en comparación con la realidad, hoy, es ninguna. Por eso, los calientes humanos que sobresalen en la vida real también lo hacen entre los fríos ceros y unos.

En esa misma senda hay un buen puñado de blogs gays que remiten específicamente a la temática (entre otros, http://justagayhipster.tumblr.com/ o http://gayhipsterpornblog.com/), una transexual alemana llamada Nicole –más del palo homemade- y una serie, Nubiles Porn (http://nubiles-porn.com/), donde sus partícipes –que podrían ser, sin dudas, las próximas estrellas de la industria- hacen bien musculoso este flamante sub-género.

Y mientras exista un filtro Instagram y unos lentes con marcos gruesos, este nuevo porno –que emula a la vida, que es la vida- eyaculará modernidad, chicas desnudas, autofotos en cafeterías de esas que –siempre, como el mismísimo porno, en tanto “espectador pasivo”- rotulan los vasos con tu nombre dando la sensación –siempre, siempre- de pertenecer y habilitando –siempre, siempre, siempre; aquí su complejidad- a que puedas mirar pero no tocar.